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El caso De Pena

Hay futbolistas que van a jugar a Europa, pero nunca tienen su oportunidad

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20 de octubre de 2017 a las 04:55

El futbolista Carlos De Pena ha vuelto a nuestro país y está practicando en Nacional. Según informó ayer este diario: "El delantero está en condición de libre y pidió para mantenerse en forma hasta diciembre, cuando él y su representante definirán el futuro".

Su caso es otro de los absurdos misterios del fútbol actual, caracterizado por el movimiento de enormes sumas de dinero y de situaciones incomprensibles que involucran a jugadores, entrenadores y dirigentes. De Pena salió de Uruguay en 2015, fichado por el Middlesbrough inglés.

Quienes seguimos la actividad de los futbolistas uruguayos en el exterior, y de forma regular el fútbol inglés (donde hoy solo juega un compatriota, Miguel Britos, en el Watford), esperábamos semana tras semana el momento consagratorio de De Pena, por lo menos que lograra hacerse un lugar en la oncena titular. Ese momento nunca llegó.

Con el paso del tiempo dejó incluso de figurar en la nómina de convocados para los partidos. Ni siquiera tuvo una oportunidad cuando el equipo jugaba mal y perdía. ¿Tan mal andaba en la práctica? ¿Tan poca estima le tenían sus entrenadores? ¿Para qué lo habían comprado si su estilo de juego no era del agrado del cuerpo técnico?

Poco a poco, De Pena se convirtió en una especie de Gasparín, pues no se sabía si todavía estaba o no en el Middlesbrough. Su realidad era virtual. De pronto, su nombre regresó al menú de noticias deportivas, pero no como parte de los integrantes del equipo para un determinado partido, sino porque lo habían cedido al Real Oviedo, club español que años atrás recibió una fuerte inyección de dinero por parte de un millonario mexicano y hoy pretende ascender a primera.

Tampoco ahí De Pena encontró un lugarcito. Para el futbolista debe ser deprimente. Y si de algo le sirve de consuelo, debe saber que su caso no es la excepción en la extraña realidad del fútbol actual. Los clubes con moderado y alto poder adquisitivo, y que juegan en las ligas económicamente poderosas del mundo, coleccionan futbolistas de la misma forma que la gente estampillas. Tienen planteles numerosos, con 30 y pico de jugadores con buen salario, pero no más de 18 llegan a tener acción, algún minutito en la cancha.

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