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El colapso del Clínicas

En la sala 1 del piso 8 del Hospital de Clínicas, donde se atienden pacientes inmunodeprimidos, los hongos de las paredes hicieron aumentar la mortalidad

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23 de julio de 2013 a las 15:43

Pacientes que mueren por las condiciones infrahumanas en que son atendidos. Pabellones cerrados por carencias y deficiencias edilicias, con casi dos tercios de camas inhabilitadas para internaciones. Esto es parte del panorama desolador que vive el Hospital de Clínicas. Cuando el gigantesco edificio fue inaugurado en el siglo pasado, se lo presentó orgullosamente como un ejemplo para América Latina. Hoy es solo un penoso recordatorio de la desidia e inacción estatal bajo sucesivas administraciones. La situación que vive la institución, donde se atienden unas 150 mil personas y se entrenan estudiantes de medicina, fue puesta al rojo vivo por la titular de la cátedra de Hematología, Lilián Díaz. Acaba de denunciar ante la comisión directiva del hospital que “los pacientes se mueren porque el lugar (del servicio hemato-oncológico) está lleno de hongos”.

Pero no es la única evidencia de la decadencia. Hugo Masi, dirigente del sindicato del Clínicas, aseguró que el hospital está “en caída libre” desde hace 20 años y que de las 800 camas que existían hoy solo se usan unas 300. El presupuesto que se le asigna es cada vez menor, al extremo de que este año recibió $ 32 millones, suma exigua para reparar las generalizadas fallas de estructura. Su director interino Daniel Alonso informó que esa suma se invirtió en siete salas de cuidados moderados, por considerarse que era la prioridad más apremiante. Pero nada se utilizó en el sector de hematología, donde mueren pacientes por contaminación de los hongos que han invadido el lugar. Díaz relató que cuando se les mostraron a los miembros de la comisión directiva “fotos de los baños para los pacientes, hubo gente que se tapó la cara, porque es algo increíble”.

El presidente titular de la comisión Leonardo Sosa admitió que la situación en hematología “es parte del funcionamiento habitual del hospital”, y que todos saben que el edificio “tiene muchas áreas en la misma situación”. Muchos achacan el estado calamitoso del hospital a la falta de fondos. De los $ 364 millones solicitados en 2012, se recibieron apenas $ 11 millones. Algunas refacciones fueron hechas en el pasado reciente con ayuda de Hugo Chávez, asistencia que difícilmente puedan volver a prestar los sucesores del líder venezolano. Se estima que para reciclar el edificio se necesitarían US$ 500 millones en los próximos cinco años, suma que nadie sabe de dónde podría salir.

Pero el problema supera las limitaciones de recursos financieros. Incide depender de la Universidad de la República, que año a año le asigna un porcentaje menor de su presupuesto. Esa dependencia le impide recibir partidas del gobierno al no formar parte del Sistema Nacional Integrado de Salud. Pero aun si se lo transfiriera a esa estructura, ponerlo en condiciones aceptables es inviable por el avanzado estado de deterioro en que han caído sus instalaciones y servicios.

Durante su presidencia, Jorge Batlle propuso derrumbarlo y construir en su lugar un hospital más chico y moderno, aprovechando financiación que ofrecía el BID. Este proyecto razonable quedó en la nada por oposición de las autoridades universitarias de entonces, pero es un antecedente que se justificaría retomar. Puede ser la única salida a la triste realidad de que el Clínicas es un irrecuperable enfermo terminal, en camino de convertirse en un fantasma.

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