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El día en que San Cono volvió a Florida: pedidos y promesas a un santo con más devotos en Uruguay que en su origen

Después de dos años los fieles de San Cono volvieron a recorrer las calles de Florida. El culto uruguayo se ha masificado y superado a su Italia original  

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04 de junio de 2022 a las 05:01

https://www.youtube.com/shorts/IPK2t23ziC0Un hombre cano se para en el medio de la calle y ve venir la figura del santo sobre los hombros de sus fieles. Entre sus manos aprieta una boina gris mientras cierra los ojos y empieza a llorar mientras la figura divina se acerca. Se mantiene en su lugar. La procesión avanza y la multitud lo abraza. “¡Viva San Cono!”, se oye una voz. “¡Viva!”, responden cientas.

Después de dos años en los que ni la fe pudo con la pandemia de coronavirus San Cono vuelve a recorrer las calles de Florida. El cielo está despejado pero para sus fieles es una obviedad porque el 3 de junio, en la fecha del santo, “nunca llueve”.

***

– "¡Ay padrecito!", exclama una mujer ni bien pasa por las puertas de la capilla floridense y trata de hacerse paso entre los creyentes que rodean el santo. Llega a su lado, lo acaricia y deja alrededor de uno de sus ángeles un rosario que saca con parsimonia de una pequeña bolsa azul. Se vuelve a perder entre la gente.

Si bien San Cono es un santo popular para el Uruguay realmente nació en Italia, más específicamente en Teggiano, en la región de Salerno. Fueron los italianos que trajeron consigo la figura del santo cuando se asentaron en la zona de Florida en medio de la diáspora. Desde entonces el culto a su figura fue rápidamente adoptado por la comunidad, llegando a trascender los límites del departamento. 

Cono fue el único hijo de una pareja de padres de edad avanzada que rogaban a Dios para concebir un hijo. Según cuenta la historia, una noche los dos tuvieron un mismo sueño y decidieron consultarlo con el párroco de la zona, que les aseguró que recibirían un hijo que por su santidad le daría gloria a sus padres y a su tierra natal. Cono murió 18 años después, el 3 de junio, en un sueño; luego de lo que describió como un llamado de Dios.

Fue canonizado en 1872 por el Papa Pío IX y ya en 1882 la colectividad italiana de Florida trajo desde su tierra natal una reproducción de la imagen de San Cono y un año después comenzó la construcción de la capilla en honor al santo. ”Mi bisabuelo fue uno de los que lo trajo hace 137 años”, dice con orgullo Néstor Casella, integrante de la Comisión de la Capilla San Cono. “Nuestros antecesores lo trajeron para devoción de ellos pero por los milagros que hizo todo el mundo lo sigue ahora a San Cono”.

El profesor Fabio Ragone nació en el mismo pueblo que San Cono, en Teggiano, y se empezó a vincular con la comunidad floridense en 2009 para generar un vínculo entre la capilla y su pueblo originario. “En Teggiano viven 8.700 personas y aquí son muchos más los descendientes. Estamos hablando de una inmigración de finales de siglo XIX a principios del XX. Ahora tenemos gente de 5ta generación y obviamente se ha multiplicado”, explica el investigador a El Observador.

Ragone considera que el culto uruguayo al santo es diferente: lo que en Italia se mantiene como una relación casi hogareña en Florida se masificó atrayendo a miles de creyentes cada 3 de junio. “Aquí es un culto masivo. San Cono se podría definir como el santo de la caridad, porque le puede pedir cualquier cosa y se le acerca todo el mundo: el que quiere pedirle un número afortunado de la lotería, el que le quiere pedir la victoria de un encuentro deportivo y el que le pide por un familiar enfermo. Mientras que en Teggiano hay un sentimiento como si fuese un héroe local y es una visión que uno tiene como el protector de su propia comunidad”.

El investigador, que ha estudiado el fenómeno de la diáspora italiana en el río de la Plata, señala que mientras en Europa San Cono es conocido en su pueblo de origen, en los pueblos de alrededor y en alguna otra localidad donde hubo inmigración interna pero "no es comparable el número de devotos con el que hay aquí porque trascendió la comunidad italiana y se masificó”.

La figura de 137 años estuvo en la capilla recibiendo los pedidos, las promesas y los agradecimientos de sus devotos durante horas antes de recorrer la ciudad. De sus manos pendían rosarios, cadenas y pulseras, en su ropa fue acumulando billetes prendidos con alfileres, fotos de niños y jóvenes, imágenes de hogares concedidos y cartas manuscritas. “San Cono bendito. Él es mi nieto. Te suplico ayuda para que su mente sea bendecida y encuentre la luz”, decía una nota junto a la fotografía de un niño. Las ofrendas se mecen mientras las manos de los fieles intentan acariciar el manto del santo que pueden volver a tocar.

“Siempre vengo. Hoy vengo por un nieto que anda en la droga, quiero que se componga y este santo me lo puede componer", dice Mercedes que a sus 81 años entró descalza a la capilla y hace horas que acompaña a la figura. “Es este, mirámelo", muestra una foto que acaricia con delicadeza.

“Me cumplió con mis dos hijos. Yo no podía quedar embarazada y gracias a San Cono están ellos acá conmigo”, dice Silvana, de 32 años, mientras se acerca caminando con un niño agarrado de una mano y una niña en la otra. “Vengo a agradecer”.

Beatriz y Ramón llegaron desde Montevideo y Progreso. "Mi hijo nació el 3 de junio y lo perdí con 17 años, más o menos una historia como la de San Cono", cuenta Beatriz y explica que "igual" sigue creyendo. "Es un día muy especial. Le hemos hecho muchas promesas y venimos a pedir ayuda. Y para dar gracias también, que no nos hemos agarrado nada en esta pandemia", agrega Ramón.

Los fieles preguntan, quieren ver los tesoros de San Cono, pero actualmente la sala donde se guardan es inaccesible al público. "Es pequeña y no se puede concentrar mucha gente, por la pandemia", le explica una funcionaria a una mujer que desea entrar a ver las ofrendas. 

Adentro se acumulan miles de objetos que guardan miles de historias. Hay más de mil camisetas de fútbol, entre las que se destaca la casaca que usó Julio Pérez en el Mundial de 1950. Se acumulan anillos, collares, pulseras y relojes, entre los que hay uno del Barcelona Fútbol Club: "desde que estuvo acá el barcelona no paró de ganar todo", dice Casella. El reloj ya se paró.

Hay vestidos de 15 y de boda, que llegaron en agradecimiento y ahora se ofrecen en préstamo a quienes no puedan pagar el propio. Una corbata roja que perteneció al expresidente Jorge Batlle y otra que fue del exintendente Carlos Enciso. Llaves de hogares, trofeos deportivos, títulos universitarios y fotos de creyentes como el retrato del Chino Recoba con una inscripción que le agradece a San Cono que el jugador evitó una cirugía, firmada por Raúl y Susana Recoba.

Hay bicicletas de ciclistas y lo que no se sabe cómo gestionar son los vehículos que la gente lleva al santo después de haber tenido un accidente por el que podrían haber perdido la vida: autos y hasta camiones chocados que tuvieron que descartar.

También se acumula dinero que se quita del vestido del santo: "Durante el año se dona. Si no hay remedios en el hospital le pagamos el ticket a la gente que no lo puede pagar. También recetas de lentes para la gente", dice Casella y explica que la Comisión de la capilla lleva la administración.

"Muchas ofrendas se tienen que tirar por falta de espacio. Porque las tiras o igual se van a debilitar porque las tienes que dejar al aire libre", dice Ragone. No hay espacio repite cualquiera a quien se le pregunte. Por eso planean poder hacer un museo donde exhibir las incontables ofrendas del santo italiano.

El diácono de la capilla de San Cono se llama Cono. Cono Santurio. Y dice “voy para 74 años, si llego, pero San Cono me lo va a permitir”, cuando se le pregunta su edad. Los últimos 11 los ha pasado como diácono de la casa de su santo que califica como "un gran intercesor" en los milagros.

“Un payador de hace varios años lo trajeron como quien dice en ambulancia hasta la puerta. Se había peleado con otro en unas payadas y le habían pegado 16 o 17 puñaladas. Lo trajeron por traerlo y siguió payando 25 años después", recuerda. 

***
– ¿Ahí lo ves? ¿Lo ves a San Cono?

Un hombre sostiene con una mano una tablet y la otra la extiende sobre su rostro para evitar que el sol lo encandile. 

– ¡Ahí viene! ¿Lo ves? Atrás de los estandartes.

Oscar tiene 75 años y es devoto de San Cono hace 75 años. Nació en Florida pero vivió más de cuatro décadas en Venezuela, donde ahora se encuentra Martha, su cuñada, a quien intenta mostrarle la imagen del santo. Insiste parado en la mitad de la calle antes de que la procesión doble la esquina y llegue a la catedral.

Encabezando la procesión, Olga camina descalza sobre el asfalto de la calle. “Cuando nacieron mis hijos casi me muero, uno creé y mucha gente le pidió por mí”, cuenta mientras camina delante de la muchedumbre.

Los parlantes que cuelgan sobre las calles repiten una y otra vez un canto de alabanza antes de que se escuche a una voz pronunciar las oraciones a lo largo de un trayecto que durante más de dos horas irá hasta la Plaza Asamblea y regresará a la capilla. 

Desde los balcones salen vecinos que aplauden  y los feriantes de los 300 puestos que se dispusieron a lo largo del trayecto sacan sus teléfonos para registrar el paso del santo. 

“Ahí pasa, más a la derecha pasa bien”, le indica un hombre que lleva la delantera del santo a los hombres que lo cargan sobre sus hombros. El santo pasa esquivando el tendido eléctrico y la procesión sigue. 

Marianela tiene 60 años y viajó de San José. “Vengo a San Cono desde que mi hijo cumplió el primer año y tiene ahora 35, hace 34 años. Un hijo que se llama Cono, porque no podía nacer y nació”, dice mientras camina al lado de la figura y explica que durante los dos últimos años no pudo participar. “A partir de que mi hermana está enferma vengo siempre vestida de San Cono. Mientras ella esté viva, y está divina, vengo haciendo la procesión con él. 

– ¿Lo viste? Allá está lejos. Chau. ¡Que Dios los bendiga! – Oscar termina la llamada y explica: "Ahora, con estos aparatos el santo llega a todos lados".

***
Durante todo el día hay un lugar que tiene fila y no es la capilla: “El kiosko de la suerte”, la casita vidriada con techos amarillos se ubica al lado de la capilla del santo conocido como el “patrono de quinieleros”.

“Es muy milagroso para todo, para el juego también”, puntualiza Eduardo, de 33 años, el dueño del lugar de la suerte donde se acumulan los cartones de raspaditas en los marcos de las ventanas. “Se pasan muchos números, más que nada 5 de Oro que es lo que la gente más juega”, dice y algo habrá porque explica que allí llevan dos pozos vendidos: “Uno de US$ 300 mil hace unos cuantos años y uno de US$ 1 millón, además de premios de lotería, raspaditas y varios premios de quiniela”.

Eduardo nació y creció en la vereda de San Cono, ahí donde se agolpan los fieles cada 3 de junio, vinculado a un negocio familiar que lleva más de 80 años de transmisión generacional. “San Cono es una imagen emblemática para Florida y para todo el Uruguay. Y cumple, siempre".

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