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El estado en los tiempos del Frente Amplio

La era progresista vino de la mano de una expansión del “escudo de los pobres”

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25 de agosto de 2019 a las 05:01

Hasta 1875, el Estado en Uruguay fue casi una ilusión. Pero desde el período militarista hasta comienzo del siglo XX hubo una importante construcción estatal. Los académicos Fernando Filgueira, Adolfó Garcé, Conrado Ramos y Jaime Yaffé analizar este asunto a fondo y redactaron un informe acerca de los ciclos del Estado uruguayo. “Durante el siglo XX logró dejar su huella en los rincones más recónditos del país y lo hizo con una profundidad legal, social y económica de una entidad omnipresente en la vida de los uruguayos”, escribieron los expertos. Si de comparaciones se trata, los autores aventuraron que el Estado uruguayo ha sido uno de los de mayor desarrollo relativo de América Latina.  

Definir ciclos y etapas no es tarea sencilla, pues la construcción estatal no se lleva bien con la exactitud de las matemáticas. Dicho esto, es posible identificar un mojón en 1904, de la mano del inicio del Estado moderno uruguayo y la hegemonía colorada. Se trata del período de consolidación y expansión estatal, que buscaba llegar hasta el último fogón de campaña. Pero luego en 1959, a partir del triunfo del Partido Nacional, comenzó una segunda fase, que los autores definen como un “amortiguado repliegue del Estado”, y que llega hasta el 2000. “El signo ideológico predominante de la larga etapa que va desde fines de los años 50 hasta fin de siglo es, pues, ideológicamente opuesto al que caracterizó la etapa batllista”, coincidieron los cuatro autores. Fueron tiempos de retracción del papel del Estado. 

La historia se escribe día a día y vale la pena preguntarse qué sucedió en materia de concepción estatal con la llegada de la izquierda al poder en 2005. ¿Hay un nuevo ciclo a partir del comienzo de la era progresista en Uruguay? Los expertos creen que sí. 

Entre libertades (aborto, matrimonio igualitario, legalización de la marihuana) y restricciones (políticas anti tabaco, ahora la apuesta a regular el consumo de alcohol y hasta las medidas para controlar a los ludópatas), el Estado volvió a decir acá estoy yo. José Mujica, uno de los personajes más influyentes en la vida política del país durante los gobiernos de izquierda, suele recordar en sus discursos el rol histórico de José Batlle y Ordóñez y aquella imagen del Estado como escudo de los pobres. Mujica ha dicho que eso no debe ser “en contra de los ricos”, pero bajo la idea de que ellos pueden “revolverse solos”. 

Desde la Ciencia Política, Garcé sostiene que el inicio del siglo XXI y la crisis de 2002 trajeron cambios trascendentes. “Luego de la gran crisis de principios de siglo, el Estado uruguayo ha experimentado un nuevo ciclo de expansión”, afirmó en una columna que publicó en El Observador en marzo de 2018. El politólogo entiende que eso sucedió en materia social, de regulaciones y también respecto a lo productivo. Según su criterio, la apuesta a revitalizar la vocación productiva del Estado uruguayo puede ser observada, por ejemplo, en la experiencia de de biodiésel y bioetanol de ALUR. 

Respecto a las regulaciones, los ejemplos son fáciles de identificar. El restablecimiento de los Consejos de Salario y el fortalecimiento de las funciones de supervisión del sistema financiero son dos de ellas. Pero también es necesario hacer memoria y recordar que, apenas llegó al gobierno, el Frente Amplio creó el Ministerio de Desarrollo Social, su gran apuesta para fortalecer las políticas sociales. Ese es un punto importante para Javier Rodríguez Weber, doctor en Historia Económica. “En Uruguay en los últimos quince años se observó uno de esos ciclos de expansión del Estado, no tanto en su peso económico (sea por gasto o por ingresos en relación el PIB el Estado uruguayo no es 'grande') sino como regulador y por la expansión de las políticas sociales”, dijo a El Observador

Rodríguez Weber opinó que mientras se preparaba para gobernar, la coalición de izquierda consensuó algunas reformas que buscaban utilizar al Estado para reducir la desigualdad. “El cambio más fuerte se dio en la regulación del mercado de trabajo. Ahí el Estado intervino para reducir las asimetrías de poder que suele haber entre empresarios y trabajadores. El fuerte crecimiento del salario mínimo, la protección a los sindicatos, necesidad de justificar despidos y, sobre todo, los Consejos de Salarios implicaron, en mi opinión, un giro copernicano en el ámbito del trabajo, una dimensión central en la vida de las personas entre 20 y 70 años, es decir, casi todo el mundo”, sostuvo. A su juicio, durante las décadas anteriores el Estado había mostrado una “retracción” en ese ámbito.  

El doctor en Historia Económica definió a la era progresista como un “batllismo frenteamplista”. Así le gusta llamarlo. El experto enumeró otras reformas estructurales como forma de apoyarse en su tesis de la nueva expansión estatal. “La reforma tributaria y la de la salud son otros dos casos en que se observa una preocupación por la reducción de la desigualdad, que es lo que define a un gobierno de izquierda, la idea de que el estado debe reducir las brechas de distinto tipo que hay en una sociedad. Otros ejemplos serían las políticas sociales, toda la política orientada a la igualdad de género  y leyes de protección a minorías, desde el matrimonio igualitario a la ley trans”, sostuvo.

“A la uruguaya”. 

Para evaluar los ciclos es indispensable prestar atención al contexto. Y, como suele suceder, la conclusión es que en comparación con lo que sucedía en el mundo, los ciclos estatales en el país fueron moderados, muy a la uruguaya. En la década de 1950, Luis Batlle impulsó políticas estatistas y proteccionistas, pero no lo eran tanto analizadas en el concierto mundial.

“El neobatllismo fue poco intervencionista comparado con lo que pasaba entonces en el mundo. Y no es necesario pensar en la URSS. En Francia la planificación fue mucho más importante de lo que nunca llegó a ser acá, el sistema de salud británico era 100% estatal, en Argentina las políticas intervencionistas eran más radicales que acá, y en Chile la Democracia Cristiana hizo una reforma agraria profunda y se nacionalizó el cobre con el voto unánime del parlamento”, dijo. 

¿Y qué sucedió en los tiempos de “retracción” estatal? 

“Lo mismo puede decirse del neoliberalismo "a la uruguaya" de (Luis Alberto) Lacalle, que pudo hacer mucho menos de lo que quiso, o las reformas educativa y de Seguridad Social de (Julio María) Sanguinetti, que reservaron un peso importantísimo para el Estado. Y también los gobiernos del FA han estado de la parte `moderada` dentro del ciclo de gobierno 'progresistas' o de izquierda en América Latina. Quizá, de nuevo, la excepción sea el mercado de trabajo. Aquí sí, creo que puede decirse que, comparativamente hablando, el rol del Estado como regulador de las relaciones laborales ha sido importante en el sentido de reforzar el poder de los asalariados, al punto que la OIT casi piensa que se le fue la mano”, sostuvo Rodríguez Weber. 

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