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1 de enero de 2017 5:00 hs

Después de 75 años de los Torneos Federales que habían marcado época y dibujaron una gráfica de crecimiento, consolidación y decadencia, en 2002, en plena crisis del país y en una de las peores que sufrió el básquetbol estaba en duda la disputa de los torneos. También estaban golpeados por la escasa venta de entradas y la vetusta infraestructura deportiva y acéfalos porque se había alejado el presidente y no había autoridades. En ese momento, la Federación Uruguaya de Básquetbol (FUBB) inició una etapa de transformación silenciosa que la ubica hoy en una organización consolidada y con una imagen reforzada a través del marketing como motor de desarrollo y consolidación.

De aquel 2002 a la actualidad, que en todo ese recorrido hasta este año tuvo a Ney Castillo como presidente, la FUBB fue madurando en un terreno en el que el deporte vivía de espaldas al desarrollo y sobre el que giraba el resto del mundo.

Cuando en 2007 Hugo Couto, quien fuera presidente de la Liga Uruguaya de Básquetbol (LUB), llamó a Ricardo Vairo (en ese momento presidente de Welcome, actualmente titular de la FUBB) para comentarle la idea que tenía de generar un logotipo que identificara la competencia más importante del básquetbol uruguayo, el tema sonó descabellado. La FUBB habitaba la vieja casona lúgubre de la calle Canelones 1029, que mantenía la misma estructura de cinco décadas atrás. Sin embargo, aquello se transformó en el disparador para el camino que recorrió luego, ya no solo porque encontraron en el marketing un aliado para crecer sino porque Vairo se transformó en hilo conductor, desde el anonimato, de aquella transformación.

El ahora presidente de la FUBB invitó a los creativos Claudio Invernizzi e Ignacio González para conformar un jurado con el objetivo de elegir el logo de la LUB. Se presentaron más de 250 trabajos y seleccionaron la idea que hoy es la marca que identifica a la Liga. "Una pelota de básquetbol en movimiento con el Pabellón Nacional fue el logo elegido porque representa al básquetbol, Uruguay y la Liga", explicó Vairo a El Observador.

Entre 2007 y 2012, el marketing de la FUBB fue impulsado por Enrique Belo, quien acercó los primeros auspiciantes a la selección y llevó al combinado a jugar al interior. Además, creó y desarrolló el Súper 4, que también recorrió todo el país con la participación de los mejores equipos de la LUB.

La llegada de Fernando Stagnari a la presidencia de la LUB fue el segundo envión, porque en 2010, bajo la conducción del actual presidente de Olimpia, la Liga consiguió que el logo que ya tenía tres años pero una tímida exposición se transformara en la imagen en las transmisiones de Tenfield. Hasta ese momento la empresa que televisaba el básquetbol utilizaba un logotipo propio de la competencia, diferente al oficial. A partir de allí el básquetbol definitivamente había comenzando a recorrer un camino diferente, ahora con Vairo incorporado a la mesa de la Liga junto a Stagnari.

Finalmente en 2012, con el desembarco de Álvaro Butureira como gerente de marketing, la FUBB terminó de consolidar su crecimiento que tuvo en la celebración del Centenario de su fundación, en 2015, lo que necesitaba como plataforma para alcanzar el nivel de difusión y promoción propio de las grandes marcas en un deporte uruguayo que recién en esta época empieza a comprender el valor del marketing.

En el básquetbol uruguayo se produjo una comunión entre el desarrollo deportivo e institucional.

Con el objetivo de jerarquizar la imagen de la FUBB en todos sus términos, los productos FUBB comenzaron a tener su lugar en el mercado y se produjo una comunión entre el desarrollo deportivo e institucional. La reforma de la vieja casona, que se transformó en una sede moderna, que recibió la visita del presidente de FIBA en 2015, a lo deportivo con la consolidación del Súper 4, el Partido de las Estrellas, establecer las finales de la LUB como marca, firmar un contrato inédito para la FUBB con Spalding, aumentar 150% la venta de entradas (de 245 promedio por partido a 635 de 2012 a 2016), innovar en cada instancia con nuevas acciones (el mapping en las finales 2015-2016), en tiempos cargados de violencia hacer del básquetbol un deporte para la familia en el que pueden convivir en paz los hinchas con la campaña "Compartimos nuestra pasión con respeto", sumado al desarrollo del básquetbol femenino y las selecciones estables con una planificación de 2016-2020, se transformaron en mojones que marcaron el crecimiento y que intentan consolidar con una frase que identificará al básquetbol uruguayo: "Somos equipo, somos Uruguay".

En ese camino de crecimiento, la FUBB estrenó, con el apoyo de la Secretaría de Deportes, su Centro de Entrenamiento exclusivo para las selecciones, en un hecho inédito. El básquetbol nunca tuvo un lugar con las características que ofrece la nueva infraestructura.

"La marca es como una persona, es una figura, a la que después le vas cargando los contenidos. Contenidos emocionales, que hacen que deje de ser un logo para transformarse en una marca", explicó Vairo. En ese camino está el básquetbol uruguayo.

El Mundial de básquetbol de 2023: igual que en 1967, pero al revés


El próximo año se cumplirán 50 años de la V edición del Mundial de básquetbol que se desarrolló en Uruguay y Argentina, en ese orden por la importancia que tuvieron en la organización. La Federación Uruguaya de Básquetbol (FUBB), representada por su presidente Omar Freire y el delegado José Pedro Damiani, de gran influencia política a nivel del deporte olímpico y en el básquetbol internacional, le ganó a Checoslovaquia en 1963 la votación de la sede del torneo de 1967.

Originalmente el certamen se iba a desarrollar en tres sedes, una en Argentina (Bahía Blanca) y dos en Uruguay (Salto y Mercedes), y la ronda final en Montevideo, en el Cilindro Municipal. Debido a que la delegación de Unión Soviética tuvo dificultades para ingresar a Argentina, el grupo que incluía a URSS, Argentina, Perú y Japón se desarrolló en el Palacio Peñarol. La URSS fue campeón tras vencer a EEUU en el Cilindro. Finalmente, Argentina organizó la ronda consuelo, que se desarrolló en Bahía Blanca y que disputaron Perú, Japón, Puerto Rico y Panamá.

De aquel V Mundial de 1967 con 13 equipos a la aspiración de organizar el XIX Mundial de 2023 con 32, además de 55 años y el cambio de la influencia política (el presidente de FIBA es un argentino, Horacio Muratore), se proyecta con Argentina como anfitrión principal y Uruguay como sede de un grupo.

Los partidos se jugarían en el ANTEL Arena, que se proyecta inaugurar en 2018.

¿Cuál es la participación a la que aspira Uruguay? El torneo se divide en cuatro grupos de ocho selecciones y proyectan a Montevideo anfitrión de una sede. ¿Dónde se jugaría? En el ANTEL Arena, que proyectan inaugurar en 2018. ¿Cuáles son las exigencias para ser sede? Capacidad hotelera, que Uruguay ya tiene, y un estadio para la primera fase para 4.500 espectadores. Para la final, FIBA exige 15.000 espectadores. ¿Cuánto cuesta organizar un Mundial? El de España 2014, según los organizadores 45 millones de euros, y dejó beneficios por más de 300 millones de euros. ¿Quiénes son los potenciales rivales por la sede del mundial? Catar, que busca completar el combo con el Básquetbol 2023 (Mundial de Natación 2014, Handball 2015, Atletismo 2019, Fútbol 2022), Alemania y Turquía.

Bajo el mandato del argentino Muratore, presidente hasta 2019, FIBA elegirá la sede del Mundial de 2023 que para Uruguay, junto a Argentina, significa un eslabón más en la carrera por organizar el Mundial de fútbol de 2030.

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