Opinión > EDITORIAL

El papel del periodismo

El periodismo juega un rol importantísimo en la sociedad, aunque pocos lo reconozcan 

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06 de abril de 2019 a las 05:02

La primicia publicada por El Observador acerca de la horrorosa desaparición del tupamaro Roberto Gomensoro –que surge de actas de tribunales militares–, así como las notas periodísticas que dejan al descubierto la confusa reacción del Poder Ejecutivo sobre el caso han sido una gran contribución a la búsqueda de la verdad, una actitud que conviene preservar para la buena salud democrática. El ocultamiento de información sobre cualquier asunto de interés público solo sirve para mantener ignorante a la ciudadanía, lo que siempre empobrece a la sociedad. 

Es por lo menos preocupante que Guido Manini Ríos, un exjefe del Ejército y ahora candidato presidencial del partido Cabildo Abierto, crea que lo mejor para el país hubiese sido que El Observador no publicara que de las actas de los tribunales militares surge la confesión de José Gavazzo de que arrojó el cuerpo de Gomensoro al río Negro para hacerlo desaparecer, y la acusación de Jorge Silveira de que su camarada fue, además, responsable de la muerte del joven estudiante tupamaro y de la desaparición de María Claudia García de Gelman.

“Si El Observador no hubiera publicado el artículo (…) hoy estábamos lo más bien y podríamos haber seguido 10 años más lo más bien y no pasaba absolutamente nada”, dijo el general en una entrevista en el semanario Búsqueda, el jueves 4. 

El militar retirado no reconoce que el propósito principal del periodismo es decir la verdad para que la gente tenga la información que necesita para poder ser soberana, como sintetizó muy bien el periodista estadounidense Jack Fuller. Y ese deber, que es sagrado y al que nunca el periodista debería claudicar, se ubica en las antípodas del ocultamiento de información relevante como sugiere Manini Ríos. 

La verdad no es propiedad de los medios, sino que es un bien que le pertenece a la sociedad, al público, a quien el periodista le debe su primera lealtad. El periodista debe buscar y publicar la verdad, aunque resulte desagradable e inconveniente para alguien. 

Las consecuencias de practicar un periodismo que esté basado en los hechos, honesto en intenciones y efectos, reflejan el estado de salud del sistema político. 

El Observador informó sobre hechos graves del pasado reciente que estaban parcialmente ocultos. Esa es nuestra contribución a la calidad del proceso democrático. Y fue el gobierno –como corresponde– quien tomó ciertas decisiones que hoy están bajo el escrutinio público. 

Los políticos no solo deberían saber del compromiso del periodismo honesto con la verdad factual, sino darse cuenta de su importancia para el funcionamiento de la democracia como reconoció en estos días el exintendente de Montevideo Daniel Martínez, precandidato presidencial por el Frente Amplio, en el programa Diario de campaña del canal de cable Nuevo Siglo.

Sorprende que todavía tengamos que reflexionar sobre algo que a principios del siglo XX ya explicó con gran claridad Joseph Pulitzer: “Un periodista es un vigía en el barco del Estado. Anota el velero que pasa, los detalles de interés que salpican el horizonte cuando el tiempo es apacible. Informa del náufrago a la deriva que puede ser salvado por el barco. Se esfuerza en ver a través de la niebla y las tormentas, para avisar de los peligros que se avecinan”. 

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