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El salto de calidad también está en los juveniles: Los Teritos campeones

La M20 goleó a Chile, ganó el torneo, clasificó al Mundial y demostró que el proceso tiene buenas bases

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15 de abril de 2018 a las 00:58


Que Los Teritos hayan estado a la altura de la historia no debe hacer perder de vista el cuadro más global. Es cierto que, primero que nada, la casa sigue estando en orden: la selección M20 de Uruguay venció 41-7 a Chile y con eso se consagró campeona sudamericana y además se clasificó al Mundial de Rumania, en julio y agosto.
Eso viene ocurriendo sin mayor novedad en los últimos nueve años, salvo dos derrotas en 2011 y 2012 -la más dolorosa fue la prinmera porque dejó por primera vez desde 1993 a Uruguay fuera de un Mundial juvenil-.

¿Pero cual es esa visión global? La ratificación de que el salto de escalón que muestra Uruguay en mayores es sólido, porque también se está dando desde la base.

Es que desde aquellas derrotas con Chile, los celestes empezaron a construir su superioridad. Coincide, y no hay ninguna casualidad, con el inicio del Centro Charrúa. Que por más que tiene la principal atención del público y los medios en los mayores, tiene en los juveniles la auténtica revolución.

Alguna vez me lo dijo Pablo Lemoine: el cambio se va a empezar a ver con las generaciones formadas con cuatro años de Centro Charrúa. Y así se dio. Por más que los procesos de formación han tenido vaivenes y no siempre se ha podido mantenerlo completo desde los 16 años por temas de costos, las generaciones juveniles están mostrando el fruto de un trabajo serio, consistente, pensado. Que traspasa personas, porque han sido varios los que han aportado para formar jugadores de selección, que en los últimos dos años han tenido una gran conducción, seria y de liderazgo positivo, de Mario Lamé.

Y eso se empezó a ver. Más allá del 66-18 de 2010, aún la mayor golead ante Chile de una generación dorada de Los Teritos que hoy tiene varios representantes en la mayor, las diferencias se empezaron a hacer evidentes entre Uruguay y los trasandinos en los últimos años.

Y lo del sábado no fue la excepción. Porque además del 41-7, en cancha se vieron niveles diferentes. Uruguay tuvo evidente potencia ofensiva y una defensa que anuló al rival, pero también una idea integral de juego, sobre todo en los primeros 40 cuando estableció la diferencia de 31-7 (el complemento fue muy desprolijo). También mostró el fruto del conocimiento del equipo, del tiempo juntos. O jugadores como Civetta o Ardao, que ya han aparecido en seleccionados mayores y que cuando vuelven a bajar al juvenil muestran diferencias claras.

Este equipo tiene tamaños desacostumbrados en Uruguay, lo cual tampoco es una casualidad. Hay un paciente trabajo de scouting, en Montevideo y en el Interior (la selección de tierra adentro no para de crecer-, con un camino de paradigma: buscar jugadores grandes para formarlos, y no necesariamente los mejores del momento. Hay también, un buen trabajo de destrezas, que no se hace en una semana ni en un mes sino en pacientes entrenamientos durante mucho tiempo, y que hizo la diferencia el sábado pero sobre todo es una buena noticia para cuando estos jugadores suban al mayor.

Los Teritos estuvieron a la altura de la historia, pero además mostrando el fruto del trabajo de estos años que ha permitido subir varios escalones. El cambio también está en los juveniles, hace rato. Mejor dicho, empieza por ahí.

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