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Ruperto Long, presidente del LATU

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Entrevista de Daniel Castro a Ruperto Long: “La reutilización del agua no debe tomarse como una mala palabra”

El presidente del LATU destacó que hay países donde usan el agua cinco o seis veces. “Debemos ir hacia ahí” y no “dejarla correr” como ahora, asegura Long 

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18 de diciembre de 2022 a las 05:10

Un imponente edificio central con mucho cemento y algunas chimeneas en avenida Italia, no hace justicia con lo que hay más allá de esa mole gris. Porque el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (LATU) se ha transformado en un verdadero campus de innovación, desarrollo, transferencia tecnológica y emprendedurismo único en el país. A su vez, además de ser referencia nacional, ha ganado prestigio en la región y en el mundo, y  se consolida como “pista de aterrizaje” para empresas internacionales.

Tal es el caso de Newlab Studios Uruguay, que es una alianza entre el Ministerio de Industria, Energía y Minería (MIEM), la Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII)  y el LATU con la organización estadounidense Newlab. Este vínculo, que cuenta con el respaldo de líderes en tecnología como Mercado Libre y Globant, “buscará fomentar la innovación en los sectores productivos uruguayos, alcanzando soluciones a los problemas actuales y lanzando nuevos negocios con perfil sostenible, en sintonía con una visión nacional de país”.

Pero no se queda ahí, sino que el Laboratorio de Análisis y Ensayos (tal su denominación en el momento de ser creado en el año 1964), apunta ahora a ser un hub al estilo Sillicon Valley, donde los empresarios uruguayos tengan a pocos minutos de viaje, lo que antes sólo podían obtener “haciendo una larga fila en otros países”.

¿Qué espera del LATU en el futuro?
Acá lo que prima es la mejora continua y compararnos con los mejores. Si algo aprende uno con este tema de la calidad es que hay que compararse con los mejores. Uno no se puede comparar con el que está peor o igual, sino con los mejores. Por eso hay que ver países que en muy poco años han logrado cosas extraordinarias como Finlandia, Israel, Irlanda…esos son los ejemplos que tenemos que mirar. Son países de tamaño parecido al nuestro, y se han vuelto potencias. Bueno, nosotros hacia allá vamos. 

¿Se están cumpliendo los cometidos originales?
La creación del LATU fue una visión que se adelantó a su tiempo, por lo menos en la región, porque apuntó a la inserción internacional del Uruguay, a que nuestro país pudiera vender sus productos en el mundo. En aquel momento comenzaban a diversificarse las exportaciones y la pregunta era cómo hacer para llegar a más mercados. Y la apuesta fue, ya que no se podía pensar en cantidad, apuntar a la calidad.

¿Una iniciativa local o se tomaron referencias internacionales?
Hubo una referencia fuerte de Japón, en esa época. Japón apostó mucho en transformar la marca Made in Japan, que valía muy poco, en algo muy valioso, autoimponiéndose un control de calidad. Ellos en determinado momento dijeron, más allá de lo que nos pida el comprador, queremos que lo nuestro si sale de Japón debe ser bueno. Y Uruguay lo aplicó, por ejemplo, para la industria láctea que en aquel momento comenzaba a expandirse con nuevos productos y mayor calidad. Pasamos de aquella botellita de leche verde azulada tan recordada y demandada hoy como antigüedad, a esta variedad enorme de productos que vemos en las góndolas de los supermercados.

Los controles de calidad, en definitiva, dieron origen al laboratorio, pero ya en aquel momento se aspiraba a más cometidos…
Podemos decir con toda justicia que ya en su nacimiento había una mirada con luces largas.

Fue pensado como un instrumento para abrir mercados, que el sello LATU pudiera atravesar barreras no arancelarias, por ejemplo. ¿Eso sigue funcionando así?
Ya en ese tiempo se empezó a desarrollar el concepto de que el comercio tenía que ser más libre, más allá de que seguimos yendo de a pasos y a los tumbos. Pero la realidad es que el comercio es mucho más libre en el siglo XXI que lo que era hace 60 años. Cuando se establecen barreras supuestamente a la calidad, que muchas veces se usan como instrumentos de freno al comercio, no hay que hacer otra cosa que demostrar que exportamos calidad.

Diez años después de su creación (1964), se incorpora a la sigla la palabra Tecnológico. Desde ese entonces y hasta nuestros días, el concepto pasa a ser central. ¿Qué desafíos enfrentan para estar a la altura de este tiempo dominado absolutamente por las tecnologías?
Esta es una institución tecnológica de propiedad pública que opera bajo el derecho privado, persona pública no estatal que es una cosa bastante original del Uruguay, y que le dio mucha agilidad, mucha dinámica como para poder estar acorde a los tiempos presentes. Ahora, lo interesante es que en aquella época lo de un laboratorio tecnológico estaba dedicado a las exportaciones y a la producción del Uruguay. Hoy día se vuelve a usar mucho la palabra Lab pero con otro concepto; ya no es solo el laboratorio con aparatos y tubos de ensayos –lo cual sigue siendo importante sin dudas– sino que es un conjunto de otras cosas. Ahora tenemos el desafío de desarrollar nuevos productos, y si nos dormimos nos lleva la corriente.

¿Eso obliga a generar nueva institucionalidad?
Hay que generar nuevas organizaciones, en todo caso, nuevas empresas, nuevas startups. Hay que recordar que el LATU creó la primera incubadora (Ingenio), para ayudar a la gente que tiene nuevas ideas. Y hoy es un conjunto de instancias que llevan a un concepto mucho más amplio de lo que es un laboratorio. El marco que tenemos es bueno y ha funcionado a pesar de tener tantos años. Esa mezcla público/privada es una buena mezcla. Yo no veo que estemos perjudicados por la forma jurídica, creo que tenemos una buena base, moderna.

En un tiempo tan dinámico y cambiante ¿hay necesidad de revisar el marco legal o la estructura institucional? ¿Alcanza con la normativa actual?
Vivimos en un mundo vertiginoso donde suceden cambios todos los días, y ya no se da aquello de planificar el futuro a 30 años. El futuro de los próximos 5 a 10 años es ya algo que parece lejano, porque todos los días van surgiendo cosas nuevas. Entonces, ya que no se nos da un futuro que podamos leer con tanta facilidad , debemos hacer un ejercicio diario de tratar de prepararnos e interpretarlo mejor. Yo diría que el cambio esencial es haber logrado un campus o un área donde tenemos una cantidad de instrumentos, todos ellos interactuando, además. Por un lado tenemos la parte histórica de laboratorios, de desarrollo e investigación que nosotros como LATU llevamos adelante, tenemos la incubadora, pero también tenemos aquí instaladas muchas empresas líderes del mundo de las TIC, de la biotecnología. También tenemos espacios educativos, la Universidad de Montevideo que instaló su Facultad de Ingeniería y ahora se va ampliar, pero ya teníamos a la UTEC, teníamos a la UTU. Y tenemos previstas otras participaciones…

Le he escuchado decir que la tecnología es conocimiento científico aplicado a la realidad, para mejorarla, y que no es un fin en sí mismo. Esto me lleva a preguntarle cuánto se hace para cumplir ese objetivo de lo científico aplicado al mundo real, a la producción, que suele ser motivo de algunos debates. Crear “ecosistemas”, otro concepto muy utilizado últimamente.
Es una palabra que se ha vuelto muy popular (se ríe). Pero fíjese que lo notable es que, a 30 años de haber puesto la piedra fundamental para instalar este “ecosistema”, hoy vemos que estamos en consonancia con espacios muy conocidos como el Sillicon Valley. Por supuesto tomando nota de la escala de los Estados Unidos y la escala de Uruguay, pero es el mismo tipo de situación . Y eso nos lleva a su pregunta original sobre el futuro. Muy bien, tenemos que tomar esta base muy rica y fermental de investigadores, laboratoristas, profesores, estudiantes y, afinando el lápiz, ir ampliando el espectro.

¿Qué implica eso?
Quiero subrayar algo. Sin perder los atributos históricos de Uruguay, su producción cárnica, su producción alimenticia y otros rubros tradicionales, hemos entrado en la industria del software y con éxito, estamos siendo exitosos en la logística también, podemos entrar cada vez más en el mundo audiovisual. Todos estos temas nos van a exigir muchísima tecnología y muy variada. Y también en las áreas que ya estamos, diversificar más. Cuando hoy hablábamos de los productos lácteos por ejemplo, o cuando hablamos de maderas, tenemos que llegar a otros estadios. Por ejemplo, en lo forestal, llegar a producir viviendas de madera…

Se creó, en acuerdo con Newlab de Nueva York una aceleradora de empresas, ¿en qué consiste?
Lo notable es que ayuda a conectar a nuestras organizaciones con el mundo y abrirles posibilidades de nuevos financiamientos. El caso es que abrimos una oficina de Newlab en Uruguay, que por otra parte tiene el significado de ser la primera que se abre en América Latina. Y estamos en vías de cerrar el acuerdo con Microsoft, que va a tener un centro de inteligencia artificial  (IA) y de Internet de las Cosas (IOT), que también será el primero en América Latina. Vale recordar que tienen uno en Shangai, otro en Munich, y ahora tendrían este en Uruguay. 

¿Y cuáles son los efectos prácticos para una empresa uruguaya?
Es ofrecer la posibilidad para que una empresa uruguaya que quiera acceder a la Inteligencia Artificial, no tenga que ir a Estados Unidos (EEUU), donde va a ir al final de la cola sin saber cuándo tendrá alguna respuesta, sino que se viene acá a avenida Italia y Bolonia (ríe) donde se va a encontrar con gente y caras conocidas o amigas, que los van a ayudar a conectarse con ese mundo.

El LATU también ha puesto el foco en el “mundo verde”, sabiendo que gran parte de la economía se decide ahora en términos de cuánto cuidan los países, sus organizaciones, sus empresas y su gente al medioambiente. ¿Cómo se trabajan estos aspectos?
Nosotros trabajamos mucho en la economía circular, que tiende a lograr que las industrias y las empresas uruguayas no generen residuos, ni contaminación. Una parte de ello es algo que se traduce en resultados inmediatos, porque por ejemplo un producto “verde” tiene más valor. Ahora se habla mucho de la carbono - neutralidad, que busca la ausencia de la contaminación. Si usted puede demostrar que la producción de un kilo de carne no contaminó al medio ambiente, valdrá un 20% más. Y así las puertas se abren en una cantidad de campos…

¿Pero el LATU ya certifica ese proceso?
El LATU ya trabaja y ha generado varios sellos en materia de economía circular. La certificación de productos de carbono neutral lo hace la LSQA, que es una organización que generó el LATU hace unos cuantos años en sociedad con Quality Austria, para procesos especiales de calidad. Es una empresa certificadora, 50% propiedad del LATU y 50% propiedad de Quality Austria, integrada en una Sociedad Anónima con sede en Uruguay.

¿Qué los llevó a crear la Fundación Latitud? En el origen se pensó en algo orientado a la Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I), para alimentos, agua, bioeconomía sostenible. ¿Cuánto de eso se está llevando a cabo? 
La idea es darle al trabajo de investigación y al desarrollo de nuevos productos, la jerarquía y el lugar que deben tener. A nosotros nos pasaba que, si bien el LATU siempre ha trabajado en eso –un buen ejemplo es el caso de la industria láctea– era como un complemento de otras labores como las de laboratorios o lo que se vincula a las certificaciones de calidad. Entonces hubo necesidad de crear un espacio para lo cual se crea esta fundación que tiene su espacio físico, sus técnicos, sus relaciones propias con el sector privado. Entonces es muy interesante porque allí se llevan adelante unos 45 proyectos por año y todos ellos son en sociedad con el sector privado, y por dos razones. Una porque eso nos permite hacer cosas sobre las que verdaderamente haya interés. No se trata de investigar cualquier cosa que se le ocurra a alguien, sino que el punto de partida debe ser que exista un socio del otro lado que entienda que es importante desarrollar tal o cual producto o servicio…

Confección de “trajes a medida”.
Lo cual es una exigencia muy dura porque para el investigador sería fenomenal trabajar en el aire y después de un año o dos poder decir, ah qué pena, no resultó. Ahora no puede porque del otro lado tiene  a la Asociación de Cultivadores de Arroz, tiene a la Gremial de Molinos arroceros, o a la Sociedad de Productores Forestales o cualquier empresa que incluso han puesto un dinero para esto. Entonces están esperando un resultado. Está bien soñar, pero si uno sueña y hace, resulta  la combinación perfecta. Ponemos mucho empeño en tener buenos socios del otro lado, que felizmente tenemos muchos y buenos de áreas muy variadas de los grandes sectores productivos, soja, forestación, lácteos…

Todos muy cruzados por el agua, y en esa posibilidad de reutilizar el recurso han puesto mucha energía.
Hemos creado una sociedad que se llama CTAgua que la integran los grandes consumidores de agua, muchas de las grandes empresas consumidoras de agua en Uruguay que voluntariamente se han sumado y que ponen también sus recursos al igual que el LATU, para ayudar a manejar mejor el agua.

¿Y cuál es el horizonte allí?
Hay un horizonte extraordinario. Nosotros en Uruguay tenemos la bendición de la naturaleza de contar con recursos en abundancia. Pero a esa agua hay que cuidarla y podemos utilizarla mucho más de la que la utilizamos. Países técnicamente desarrollados y escasos en agua, la utilizan varias veces y !eso no tiene nada de malo! (se ríe). Eso es muy lógico y nosotros actuamos al revés, y la dejamos correr…

¿Esto asociado a los temas energéticos que también considera Latitud?
Eso arrancó hace uno o dos años, y nos hemos metido de lleno en pensar cómo podemos poner nuestro granito de arena para que el Uruguay, que ya ha hecho por lo menos  la mitad del trabajo de tener una producción energética limpia, históricamente con las represas, en épocas más recientes con el tema del viento, y ahora nos falta un pedazo (…) fíjese que el transporte se sigue moviendo con el viejo y querido petróleo, al igual que una parte importante de la industria…bueno, eso hay que cambiarlo…

Un núcleo duro, según afirman los expertos. ¿Ustedes están profundizando en el potencial del Hidrógeno Verde?
Exacto. Ahora ¿Qué pasa? El Hidrógeno verde, una de las cosas que requiere para que se produzca en condiciones naturales, es agua. También necesita otras energías que ayudan al proceso de la hidrólisis que tienen que ser limpias, como la del viento, la solar. Pero necesita agua. Entonces, mire si será valioso preservar esa agua en buenas condiciones de usarla y de reutilizarla.

En eso querría detenerme, empezar a generar una mayor cultura de la reutilización ¿cree que es posible cambiar esa mentalidad que usted mencionaba, donde la costumbre es dejarla correr?
Es que la reutilización no debe tomarse como una mala palabra. Nosotros nos hemos acostumbrado a que el agua se usa solo una vez y se tira. Porque tenemos en la conciencia muy arraigado eso de que había de sobra…

La ciencia avanzó mucho para que las aguas que antes se desechaban, ahora puedan reutilizarse.
Por supuesto, absolutamente. Uno va a países con muy buenos niveles de vida donde te dicen “nosotros usamos el agua cinco o seis veces”. A la fresca. Nosotros debemos ir hacia ahí. Es un conjunto de desafíos en esa lógica de la que hablábamos hace un rato: soñar las cosas pero luego hay que irlas pavimentando día a día.

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