Básquetbol > EL JUGADOR EN LLAMAS

Eric Dawson: nació en un barrio pobre, jugó en los Spurs y es el rey de las tablas de la Liga

Se graduó en Justicia Criminal y sueña crear una liga vinculada a ese departamento judicial para inspirar a jóvenes de contexto crítico y llevarlos "al lado bueno de la vida"

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28 de febrero de 2020 a las 05:04

"Nunca tuve malos hábitos”, dice una y otra vez Eric Dawson cuando recuerda su adolescencia en San Antonio, la séptima ciudad más poblada de los Estados Unidos. Nació en un barrio pobre y peligroso, “de esos que hay en todas partes del mundo”, afirma. “Pero todo se trata de decidir entre lo que está bien y lo que está mal”, agrega. 

Hoy, a los 35 años, Dawson siente orgullo de su camino forjado como basquetbolista profesional. 

Le dijeron que no iba a entrar en el radar de la NBA desde la división II del básquebol universitario de su país (NCAA), pero logró que lo detectaran. Le dijeron que ya era demasiado grande a los 27 para dar ese salto a la mejor liga del mundo pero igual lo hizo. Nada más y nada menos que para que lo dirigiera Greg Popovich y para que jugara con Tim Duncan, Manu Ginóbili y Tony Parker.

Es cierto que el sueño no duró mucho: ocho partidos con dos contratos de 10 días consecutivos. Pero Dawson se hizo un nombre en las ligas más competitivas de Asia y el año pasado irrumpió en la Liga Uruguaya como uno de los mejores jugadores. Una lesión de cadera lo radió de los playoffs y Defensor Sporting, irremediablemente, quedó eliminado. 

En la presente Liga volvió. No por revancha sino porque para él la experiencia fue “un negocio inconcluso”.

“Si el año pasado le ganábamos a Aguada podíamos ser campeones. Ahora queremos ganar el campeonato, pero más que decirlo hay que trabajar mucho para eso, estamos enfocados en la defensa, en jugar duro porque sabemos que va a estar complicado. La Liga está muy abierta y todavía no se sabe quién es el mejor equipo”, explica a Referí. 

Su porte de 2,06 m intimida. En su apartamento de Punta Carretas hay una colección de championes debajo de la mesa ratona del living. “Colecciono”, dice mientras exhibe varios pares de  Nike modelo Kobe Bryant. 

Habla claro y pausado, pero no se anima con el español: “Creo que ahora estoy forzado a aprender más porque soy el único estadounidense del equipo”, dice. Los otros dos extranjeros de Defensor Sporting son Isaac Sosa de Puerto Rico y Luis Bethelmy de Venezuela. “Me encanta empaparme de la cultura de los países en que me toca jugar”. 

“Me gusta la Liga Uruguaya, es competitiva, están viniendo jugadores de muy buen nivel, entre los extranjeros se habla y decimos que Uruguay es un buen lugar para venir: no hay problemas, es una linda ciudad, linda temperatura y buena Liga”, admite.

Su vínculo con el básquetbol recién comenzó cuando tenía 15 años y se dio porque la mayoría de sus amigos comenzó a practicar ese deporte. 

“Es gracioso, pero en la ciudad de los Spurs, cuando era niño, yo solo jugaba al béisbol”, confiesa. 

“Jugué desde los cuatro años al béisbol en los parques, como una actividad recreativa. Jugaba de tercera base o de pitcher, aunque todos queríamos batear la pelota. Fue mi primer amor, no tenía jugadores favoritos ni equipos. Ahora me engancho a mirar la Serie Mundial porque es muy competitiva y muy pareja, nunca se sabe quién puede ganar”, cuenta.

“Empecé a jugar organizadamente al básquetbol en mi año junior en el liceo, con 15 años. Se me hizo fácil, no tenía malos hábitos, los entrenadores se dieron cuenta de que era nuevo para ese deporte, me llevaron de a poco, me ayudaron y me mostraron el camino correcto para formarme técnicamente. Crecí cuatro pulgadas (10,16 centímetros) ese verano, y ahí me di cuenta que tenía que dejar el béisbol y jugar al básquetbol. Fue una bendición”, revela.

“Mi madre alquilaba un apartamento y tenía dos trabajos para mantenerme a mí y a mi hermano menor. Trabajaba mucho para darnos lo que necesitábamos: comida y ropa limpia. Me tocó ser el padre de la casa tratando de que mi hermano también estuviera alejado de los problemas y que fuera a la escuela. Pero él también diferenciaba el bien del mal. Luego hizo carrera militar”, cuenta.

Dawson creció sin padre. “Nunca lo conocí, lo intenté un par de veces ya de grande pero nunca ocurrió. Así que ahora trato de ser el padre que nunca tuve. Tengo dos hijos. Mi hija tiene 10 y mi hijo 3, trato de darles el mejor mundo que puedo. Mi hijo nació en París y mi esposa me acompaña a veces a los lugares a los que voy. Hemos estado en China y Filipinas. Ahora mi hija está en quinto grado y juega al vóleibol y se le complica viajar por lo que es duro estar lejos de mi esposa y mis hijos”, cuenta a corazón abierto.

“Es una bendición que pudiéramos salir de ese barrio”, dice evocando a su infancia.  

Y así llegó a la Midwestern State University para jugar en los Mustangs donde aún tiene el récord histórico de tapones. 

“No entré al draft de la NBA pero empecé a ir a campamentos para mostrar mi talento. Sí pude entrar en la Liga de Desarrollo de la NBA en la que gané un campeonato”. Fue con los Austin Toros en 2011-2012. De ahí lo llamaron los Spurs para una suplencia temporal del brasileño Thiago Splitter. Es el segundo jugador en la historia de su Universidad que logró entrar en la NBA. 

“Fueron los mejores 20 días que cualquier persona se pueda imaginar. Popovich es un gran tipo, tiene pasión por el juego, quiere ver la perfección; es un gran entrenador y quiere grandes jugadores a su alrededor. Fui afortunado de jugar para él. De Tim Duncan para abajo todos eran humildes, cero arrogancia, gente común”, recuerda. 

Dawson siente que tiene cuerda para rato pero ya piensa en el día después. En la Universidad se graduó en Justicia Criminal y en sus ratos libres hay una idea que ronda su cabeza: cómo ayudar a los jóvenes que viven en contexto crítico a través del deporte. 

“Si pudiera elegir en qué trabajar cuando me retire lo haría en una liga juvenil de básquetbol, para poder explicarles a los chicos lo importante de diferenciar lo bueno de lo malo, que tomen el camino correcto, que practiquen deportes, ser su mentor, contarles mi historia, de dónde salí, cómo ir en la dirección correcta, rodearte de buena gente. Me gustaría crear una liga juvenil a través de un departamento de Justicia Criminal. Lo estoy planeando. Mi cabeza hoy está ocupada en el básquetbol, como jugador. Pero suelo pensar en eso”, revela. Porque Dawson sabe de dónde viene.

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