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Fallas económicas y fallas ecológicas

Los agricultores deberán cobrar por cada tonelada de carbono que saquen del aire

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31 de agosto de 2019 a las 05:01

Todos los meses de agosto se quema selva, antes de que llegue la estación de las lluvias. Pero en este año eso ha sido un escándalo. ¿Porqué? ¿Es una conspiración europea para boicotear el acuerdo de libre comercio con el Mercosur? ¿Es una excusa tramposa para volver a poner barreras paraarancelarias a nuestros productos? 

Pues lamentablemente no. Lo que sucede es que la alarma en la población mundial de un aceptable nivel de ingreso para arriba, crece y va a seguir creciendo. Excepto aquellos cuyo nivel de ingreso les obliga a preocuparse exclusivamente por su sustento y al puñado de super ricos vinculados a actividades económicas que agravan el cambio climático, una proporción creciente de la población percibe que el calentamiento del planeta es un gran lío que solo se agravará en los próximos años, y que hay que frenar con urgencia.

Las selvas están en llamas, como todos los meses de agosto. Pero  en la aldea global donde los 7.500 millones de personas vemos las mismas imágenes a través de las orwellianas y omnipresentes pantallas, eso es un escándalo inaceptable.

Algunos argumentos, que intentan minimizar el hecho no hacen más que agravar la preocupación del público diciendo cosas tales como “es que todos los agostos se hace fuego”. ¡Vaya!  ¿Entonces no es un accidente? ¿Es una política deliberada? Imaginemos a la familia suiza que está mirando eso.
Imaginemos a los islandeses, que hace pocos días pusieron una lápida donde un glaciar murió de derretimiento crónico, cuando ven a Bolsonaro hablar groserías de la esposa de Macron mientras centenas de miles de hectáreas de su tierra están en llamas. Imaginémoslo antes cuando el canciller francés quiso dialogar con él sobre el acuerdo de libre comercio y el comercio bilateral y Bolsonaro burlándose, se filmó desde la peluquería tras dejarlo plantado.

Supongamos que esa familia recibe buena información y se entera que en Bolivia es aún peor. Y por lo tanto se da cuenta que cuando un izquierdista latinoamericano le diga que la culpa es del “capitalismo” le está repitiendo un panfleto que no se correlaciona con la realidad.
Luego va al supermercado y ve “carne de América del Sur”. ¿La verá con buenos ojos?

O supongamos que lo ve un suizo, o un danés o un canadiense. Y le argumentan que no es sólo América del Sur, sino que en África sucede lo mismo. Si consideraba que la Amazonia era “el pulmón del mundo” se enterará ahora que a la selva de la Cuenca del Congo le llaman el “segundo pulmón verde” y que allí se quema tanto o más que en América del Sur. No quita eso dramatismo sino que lo agrega.

Puede que alguien le diga que en realidad las selvas no aportan la mayoría del oxígeno. Que este viene del plancton de los mares. Pero no demorará en enterarse que por el calentamiento las aguas de los océanos se van volviendo cada vez más ácidas, lo que pone en inevitable riesgo al plancton.

En el caso de las selvas y zonas boscosas de África y América del Sur no solo causa rechazo ver un incendio en tiempos de calentamiento, sino que inevitablemente eso es una masacre de plantas y animales. Tampoco tranquilizará a los ciudadanos del mundo leer comunicados como el del gobierno de Angola, que según reportó El País de Madrid se mostró molesta por las comparaciones precipitadas con Brasil, “que pueden llevar a una dramatización de la situación y a la desinformación de las mentes más imprudentes”. Un país petrolero, deforestador y de gobierno perpetuo aleccionando a ciudadanos democráticos como “mentes imprudentes”.

El producto emblemático de Uruguay, la carne, está ante el mayor cuestionamiento de la historia. El principal rubro de exportación de Uruguay, la soja,  está igualmente cuestionado.
Para millones de jóvenes que usaron la metáfora de “la casa está en llamas” para significar la urgencia del asunto, las imágenes de las fogatas pasan la metáfora a algo literal. Y de acuerdo al sitio https://fires.globalforestwatch.org mientras escribo esto hay en el mundo 151.570 fogatas en áreas silvestres ardiendo. Para millones de australianos que atraviesan la sequía más grave en 120 años o para los habitantes del hemisferio Norte que tuvieron el julio más caluroso de la historia, cualquier justificativo será para peor.

Pero también es cierto que hay una falla económica que debe solucionarse. Los economistas no ponen la generación de oxígeno o la absorción de dióxido de carbono con valor alguno en ninguno de sus modelos. Un vocero de Bolsonaro decía en estos días que las hectáreas de selva “no producen nada”. Y eso es un error de la teoría y la práctica económica. Alguien tiene que pagar por los servicios ambientales de las tierras silvestres y las que produciendo alimentos capturen carbono.

Mientras para la economía el oxígeno valga cero y sacar carbono del aire no tenga premio, no habrá solución voluntarista que frene el calentamiento global. Los agricultores del futuro deberán cobrar por cada tonelada de alimento que obtengan de la tierra y por cada tonelada de carbono que saquen del aire. Y cada hectárea que sea preservada deberá generar un ingreso acorde a la importancia del servicio que brinda a los humanos del presente, sus hijos y sus nietos. Si el mundo paga US$ 60 por cada barril de petróleo que se desentierra y convierte en humo, ¿Cuánto vale la tonelada de carbono sacada del aire por plantas para volver a ser materia orgánica bajo tierra?

Estos incendios son comunes al final de la estación seca, añade el Ministerio de Medio Ambiente de Angola: “Resulta que en esta época del año, en varias regiones de nuestro país, incendios son provocados por los agricultores durante la fase de preparación de la tierra, debido a la proximidad de la temporada de lluvias”.

“Los bosques arden en África pero no por las mismas causas”, detalla Tosi Mpanu Mpanu, embajador y negociador climático de la República Democrática del Congo (RDC) en las conferencias de la ONU sobre el clima. “En la Amazonía, los bosques arden principalmente por la sequía y el cambio climático. Pero en África Central, se debe principalmente a las técnicas agrícolas”.

Una práctica milenaria y artesanal, en el extremo opuesto del cultivo intensivo de la soja en Brasil. En la RDC, donde sólo el 9% de la población tiene acceso a la electricidad, los aldeanos necesitan leña más que en otras partes.

“Al ritmo actual de crecimiento de la población y de nuestras necesidades energéticas, nuestros bosques están amenazados de extinción para el año 2100”, expresó la semana pasada el presidente congoleño Felix Tshisekedi.

“Se estima que la superficie forestal de la RDC pasó del 67% al 54% entre 2003 y 2018. La deforestación es real”, añade Tosi Mpanu Mpanu: “La RDC se ha comprometido internacionalmente a estabilizar su superficie forestal en el 63,5% de su territorio. Y estamos perdiendo esta pelea”.

Los países han implementado políticas de conservación ambiental. La RDC ha declarado oficialmente una moratoria sobre el otorgamiento de nuevas concesiones forestales a las empresas madereras. “Pero el código forestal permite la tala artesanal. Hay muchos operadores, como los chinos, que dan dinero para poder utilizar los permisos de corte de las comunidades locales”, lamenta Tosi Mpanu Mpanu.

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