3 de enero de 2013 9:55 hs

El show de Fatboy Slim en José Ignacio fue exclusivo por donde se lo mire. Desde los crecientes precios de entradas hasta la locación elegida; el público objetivo estaba en Brasil y así se demostró.

No hubo curiosos mirando desde afuera, con sus heladeritas llenas de bebidas y sillas playeras, como sí sucedió con la visita de David Guetta. Esta vez el mayor evento del Este, el que marcó la pauta para esta temporada fue en un lugar oculto y protegido por una gran cadena de seguridad. A largos kilómetros de Punta del Este, separados por unas desesperantes colas de tráfico y un desfile de placas internacionales.

Las filas de autos comenzaban un cientos de metros antes de la Laguna Escondida y se extendía uno más allá. No había estacionamiento exterior, pero algunos tantos pudieron ingresar los vehículos al predio, asegurando una menos extensa caminata.

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Si apenas llegar al lugar era una odisea, ingresar finalmente al predio fue una empresa mayor. Desde la ruta, dos kilómetros más adentro se encontraba el escenario, pero antes había que pasar por varias líneas de seguridad compuestas de muchos brasileños y algunos uruguayos.

La Laguna Escondida se encuentra pasando José Ignacio, y su escondite es asegurado por la falta casi total de señales de celular. Nada de hacer demasiadas llamadas ni tuitear hasta el hartazgo. Fue una rave al aire libre pero con el exclusivo aire puntaesteño.

Fatboy Slim comenzó su set pasadas las 21 y tuvo la rigidez de dos horas y media.

Cada una de sus mezclas tenía una pizca de un tema conocido. Haciendo que la base de electrónica más básica tuviera un momento de gloria gracias a una melodía reconocida. Así sonaron desde Queen a Adele, pasando por Dr. Dre y el tema de La balada del pistolero, con palmas masivas incluidas.

Algo que se debe reconocer del DJ es su poder de arengar a las masas. El público es su cómplice en todo momento. Lo hace partícipe y no mero espectador. Así motivaba las palmas, mientras que sus brazos abiertos de par en par recibían el creciente beat a punto de explotar.

Sonaron retazos de sus éxitos, como Right Here Right Now, Praise You o Get Naked, pero nada sonó como se conoce sino como algo nuevo.

Si Fatboy Slim aún puede representar a la electrónica de los años noventa, lo sigue haciendo con creces. Además de los samples casi vintage, el show de acompaño por espectaculares visuales, pero más importante: láseres que bailaban al ritmo.

Desde los primeros beats el público se agolpó sobre las vallas que separan a la VIP del resto y bailaron como si de un festival se tratara.

Norman Cook comenzó pidiendo a través de la música que Uruguay que levantara los brazos. Y término despidiéndose del país vistiendo la camiseta celeste.

La posta en las bandejas fue enseguida tomada, aunque muchos optaron por comenzar la larga vuelta.

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