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Fotios, el griego goleador de Malvín al que le gusta el asado y las milanesas

De Patras a Malvín, un helénico arribó a Montevideo para intentar conquistar la Liga Uruguaya; el asado y la milanesa ya forman parte de su menú

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09 de noviembre de 2018 a las 05:04

Mide 2,06 metros, tiene un español fluido donde se entremezclan España con el Río de la Plata. Pero es griego de rasgos y alma. Su nombre es Fotios Lampropoulos, tiene 35 años y llegó al campeón de la Liga Uruguaya de Básquetbol, Malvín, con ganas e ilusión de llevar otra copa a la playa.  

Nació en Patras, la tercera ciudad más grande de Grecia, por donde pasó Marco Antonio antes de enfrentarse con Augusto en la batalla de Accio, donde fue crucificado el apóstol Andrés y que fue ocupada sucesivamente por romanos, bizantinos y otomanos.

“Es una ciudad como Montevideo, tiene costa con puerto y playa a 20 minutos. Está a dos horas y media de Atenas, es accesible y tiene todos los servicios. Tiene mucha historia”, dice a Referí con una sonrisa luego de finalizada una intensa práctica de Malvín.

20,1 puntos es lo que promedia de puntos por partido en sus siete primeros juegos con Malvín. Es el quinto goleador del torneo.

“En Patras hay dos equipos de básquetbol y uno de fútbol. Yo empecé a los 10 años en Apoloniada. Ganamos dos campeonatos sub 18 y luego me fui a España”, cuenta.

¿Por qué empezó en España y no en Grecia que tiene un básquetbol muy fuerte? “Antes, emi país, había una norma en que el club retenía tus derechos hasta los 25 años. Yo tenía ofertas pero el presidente del club no quería darme el pase y solo podía salir a otro equipo de Europa que no fuera griego”.

He ahí la razón de su fluido español. Llegó al país ibérico en 2003 para jugar en Mataró. Estuvo cinco años, volvió a Grecia y regresó para militar cuatro temporadas más en CB Canarias. 

“El primer año tuve profesor, luego con muchos viajes agarré un libro para aprender y charlando mucho con mis compañeros lo aprendí bien”, explica este ala-pívot de gran tiro abierto y eficacia para pelear en las tablas.

7,1 rebotes aporta por partido. En dos juegos (Goes y Biguá) registró dobles dígitos en puntos y rebotes. 

“El catalán es más complicado, pero en Madrid se me hizo más fácil”, agrega.

En 2016 empezó a aprender el español del Río de la Plata.

“Estaba en Grecia, pero siempre tuve compañeros argentinos en España que me dijeron de ir a probar la liga de su país. Fue un golpe de suerte”, expresa.

En 2016 desembarcó en Ferro Carril Oeste para jugar los últimos partidos de la temporada donde el equipo jugó para evitar el descenso.

En las siguientes dos temporadas (2016-2017 y 2017-2018) defendió a Boca Juniors. “Boca es todo fútbol, en básquetbol se intenta mejorar, pero es distinto; igual me fue bien, me encariñé con la gente que acompaña mucho a la cancha”.

7,1 puntos registró en su pasaje por Canarias en la Liga Endesa (ACB) de España, donde promedió 3,4 en rebotes.

Ahí compartió equipo con el generación dorada Carlos Delfino quien volvió a las canchas tras una larga lesión que lo radió de la NBA y del básquetbol: “Llegó para los últimos tres meses, fue un volver a empezar y ahora está en Italia. En el primer año no clasificamos a playoffs, pero en el segundo sí”.

“El español del Río de la Plata es muy distinto, algunas palabras significan otras cosas”, dice y se ríe, ya con picardía rioplantese. “Me tomó un mes adaptarme, pero más o menos ya lo tengo”.

“Argentina es bastante parecido acá aunque Buenos Aires es enorme, hay lugares donde no se puede ir, por seguridad. De todos modos yo vivía cerca de Puerto Madero”, explica.

En Boca jugó la pasada temporada con Martín Osimani con quien se enfrentó el pasado lunes ganando Malvín por 71-63.

“Es un jugador que trabaja duro, muy profesional y nos dio una mano importante en Boca; ahora estamos en contacto”, dice sobre una de las personas con las que habló cuando su representante le ofreció jugar en Uruguay.

"En la NBA miraba mucho a Kevin Garnett y en la Euroliga a Felipe Reyes que todavía demuestra que es un luchador y un excelente jugador"

“Acá es muy parecido a Argentina, incluso un poquito mejor, me estoy sintiendo más cómodo en lo deportivo y siento que voy mejorando cada día para ayudar al equipo”, expresa.

“Es una liga interesante, con bastantes buenos jugadores tanto nacionales como extranjeros. Cualquiera le puede ganar a cualquiera. Es una liga muy física con rivales fuertes y es dura”. Así analiza al torneo local.

Este viernes, Malvín recibe a Aguada por la octava fecha del certamen. Ambos llegan con 13 puntos y son escoltas de Defensor Sporting: “En casa queremos estar cada vez más fuertes. Empezamos mal con Nacional, pero todavía no estábamos ensamblados como equipo”.

“Después de los 37 o 38 años hay que cuidarse mucho para seguir jugando. Nicolás Mazzarino es increíble cómo trabaja, siempre está al máximo, nos ayuda mucho en la cancha por cómo juega”.

“A veces las canchas se ven un poco viejas y me llama la atención que la mayoría de los tableros no tengan jirafas. Pero el nivel de los equipos es bueno”, dice sobre la liga local.

Antes de llegar a Uruguay jugó por Guaiqueríes de isla Margarita, en Venezuela. “La vida está muy difícil en ese país. Hay gente a la que le falta el pan, lo más elemental que uno se pueda imaginar. Culpa de la política”.

La política y la crisis lo retrotraen a Grecia: “Estuvimos mal pero en el último año el país ha mejorado, sobre todo a costa del turismo”.

Eso sí, las experiencias deportivas que tuvo en su país lo decepcionaron: “Entre 2008 y 2011, de tres temporadas cobré una y media. Ahora juegan más americanos y les pagan más pero siempre se atrasan con los griegos; el gobierno no ayuda, ponen plata los dirigentes, pero de repente se caen los auspiciantes, se va el presidente y queda todo en banda. Hay muchos problemas”.

Lo mejor de aquellos años fue haber enfrentado al crack de Panathinaikos Vassilios Spanoulis y al actual NBA Nikola Pekovic.

“Pablo López es un tipo que conoce mucho de básquetbol, cada día intenta cambiar cosas en los entrenamientos para perfeccionar al equipo, se nota que le gusta enseñar y es realmente muy buen entrenador”.

Volvió en 2011 a España para jugar en Canarias donde logró el ascenso a la Liga ACB. Ahí compartió equipo con el argentino Nicolás Richotti que le hizo probar el mate: “Es muy amargo y como no me dejan ponerle azúcar no tomo”, cuenta y se ríe.

“El asado me gusta y también las milanesas”, afirma y cuenta que en pocos días llegarán su esposa y su hijo que tiene tres años.

Malvín lo disfruta. Es el primer griego en la Liga Uruguaya y es el máximo goleador del equipo con un promedio de 20,14 puntos en siete juegos disputados.

Lampropoulos llegó a Uruguay para dejar bien en alto el prestigio del básquetbol griego.

 

 

 

 

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