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Homo sapiens urbanis y homo sapiens ruralis

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06 de abril de 2020 a las 14:40

Por Ernesto Trambauer Díaz

Algunos de los que me conocen me han escuchado hablar de este concepto hace ya bastante tiempo. Tiene que ver, según mi humilde opinión, con lo que estaba observando en la sociedad moderna. Por mi profesión de ingeniero agrónomo y por mi actividad como productor ganadero en el centro del Uruguay, pero con la familia radicada en Montevideo, la realidad me mostraba dos tipos de culturas distintas.

Culturas, que al fin de cuentas, se van formando por las personas que habitan, sienten y trabajan en medios muy distintos. Culturas que a veces se integran, se comunican, pero generalmente en una sola dirección: es el rural que se acerca más al urbano que viceversa.

En la medida que la persona rural más conoce al entorno urbano, más seguro y a gusto se siente en su medio, con el agregado de tener en su hogar casi las mismas comodidades que en la ciudad, hecho que hace no tanto tiempo era imposible. Cuando el ciudadano urbano concurre al medio rural, en general, a los pocos días quiere volver a su medio; le cuesta mucho adaptarse a la “soledad del campo”.

La tecnología, lo virtual, la globalización, ha intensificado estas diferencias. Por lo tanto, se van formando dos tipos de personas distintas, con visiones, sentimientos, actividades, capacidades, alimentaciones distintas. Si esto no es lo que diferencia a dos especies, está muy cerca.

Mi razonamiento concluye que, a partir de una especie original, y como tantos otros ejemplos en la historia de la Tierra, se estaban formando dos nuevas subespecies: el Homo sapiens urbanis y el Homo sapiens rurales. Quizás este fenómeno se frene en estos tiempos, por la pandemia actual. Toda crisis es también una oportunidad para cambiar.

¿Aprovecharemos los seres humanos, como sociedad global, este momento para repensar nuestro modo de vida en este planeta? Creo que el hacinamiento de las personas en las ciudades, la globalización de las costumbres, lo masivo en muchas actividades, la increíble rapidez de todas las comunicaciones, son parte de las causas de que este virus nos esté alterando tanto la forma de vida moderna.

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El homo sapiens sapiens tiene, entre varias de sus características, el agrupamiento social; pero en la mayor parte de su historia, su vida se desarrollaba en comunidades pequeñas, con gran integración con el ambiente natural que lo rodeaba. El aire libre, el respeto por la naturaleza, su adaptación a ella, siempre fueron elementos básicos en la formación humana. Su propio sistema inmunológico se iba adaptando al entorno biológico, a la convivencia con otras especies, animales, vegetales, microscópicas y minerales. Y como nos consideramos parte, no dueños, cuidamos a la Madre Tierra de manera genuina.

Esta es otra diferencia entre el rurales y el urbanis; el primero tiene otras defensas naturales que el segundo no tuvo oportunidad de desarrollar. Siempre recuerdo, en mis primeras visitas al campo, ver a los niños descalzos en pleno invierno y nosotros, “los de la ciudad” con dos pares de medias y botas. Ellos no se engripaban, nosotros sí.

La vida rural, además del contacto diario con la naturaleza, valoriza y entiende más a las personas distintas, porque permanentemente vemos en el ambiente que nos rodea, animales y plantas de una misma especie, con características distintas: no hay dos vacas ni dos espinillos iguales.

Como la comunidad rural es chica en número, nos adaptamos a convivir en la familia, a entendernos, respetarnos y cuidarnos. Cuando hay desavenencias, que obvio las hay, el líder del clan trata de buscar la mejor solución para el grupo. Y esto se puede hacer también en pueblos, porque todos se conocen, sociabilizan y se van adaptando.

Pero si la comunidad es muy grande, el anonimato de las acciones individuales muchas veces es contraproducente para esa sociedad. Este relato no quiere ser lección de nada, sólo es una opinión de un Homo sapiens que quiere que la especie encuentre el camino para seguir siendo una sola, adaptada al entorno de esta hermosa Tierra que cohabitamos.

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