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13 de marzo 2023 - 9:57hs

La primera huella –o aproximación– uruguaya en las islas Malvinas tiene 180 años. Antonina Roxa –según el Historic Dockyard Museum ubicado en las Islas– en 1843 era una de las mujeres que más tiempo había pasado en la isla y fue la primera en jurar lealtad a la corona británica, que estaba instalada allí desde 1833. Ese año, cuando Gran Bretaña volvió a tomar las islas del poderío argentino, una pareja de uruguayos de apellido González había decidido irse.

Las crónicas históricas describen a Roxa como una nativa de Buenos Aires, montevideana y en parte indígena. Las crónicas de David Tatham –en Falklands Journal– la describe como una especie de princesa campestre, jinete intrépida y una testaruda mujer de negocios.

El diputado Jaime Trobo buscaba diseñar negocios cuando fue a oficiar como observador al referéndum que tuvo lugar en 2013 y del que el viernes pasado se cumplieron 10 años. Juan Henao, líder de los observadores en ese momento, recordó que Trobo estaba muy interesado en el costado económico de las Islas y, al recorrerlas, prestaba especial atención a aquellos aspectos que podían ser de interés comercial para Uruguay.

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Entre la de Roxa y la de Trobo, hay decenas de huellas uruguayas que de alguna manera u otra tuvieron influencia en momentos claves de la isla y cuyo legado pudo notar El Observador en su estadía de una semana en Malvinas. La invitación fue hecha por el gobierno de las islas.

De Monti –como los isleños llaman cariñosamente a Montevideo– hoy llegan víveres frescos y arroz. Pero en un supermercado sobre Airport Road donde se destaca la amplia presencia de chocolates ingleses y condimentos europeos, también se pueden encontrar jugo Big C y alfajores Portezuelo en oferta.

Paula Ojeda Fruta y verdura uruguaya en en supermercado de las Islas Malvinas/Falklands

Por eso, es menor la sorpresa cuando una isleña, de perfecto inglés británico, dice que muere por pancakes con dulce de leche y crema.

Paula Ojeda Arroz Saman en supermercado de las Islas Malvinas/Falklands

En las cenas que El Observador y la comitiva de periodistas mantuvo con los MLA (miembros de la Asamblea Legislativa), los legisladores se deshacen en elogios de lo bueno que es el vino uruguayo buzo, que es como llaman a los de la bodega Bouza y que usualmente también puede encontrarse en los supermercados.

Esos productos, que generalmente son consumidos por las 2.400 personas que viven en la capital de las islas, Stanley, llegan cada seis semanas en el barco Scout. Y ha sido así por décadas. En 1957 comenzó a funcionar el barco Darwin, que hacía esa misma ruta y llevaba pasajeros, correo y mucha lana. En ese entonces, también se utilizaba para turismo.

No existe vuelo directo entre Malvinas y Montevideo, según los legisladores isleños, "por presión de Argentina". Cuando los diputados uruguayos que viajaron este año y sugirieron esa posibilidad, el excanciller argentino Felipe Solá le exigió al presidente, Luis Lacalle Pou, que aclarara el punto.

Ese vuelo directo mejoraría significativamente su conectividad, repiten los legisladores locales. Hoy solamente existen vuelos de emergencia, por cuestiones sanitarias, pero que se utilizan mucho. Cuando hay heridos de gravedad son trasladados al Hospital Británico de Montevideo.

La embarcación Scout trae productos uruguayos que luego pueden verse en los supermercados donde es avasallante la presencia de productos ingleses. Ese barco no vuelve a Montevideo vacío. Se lleva pescado, calamar –el corazón de la industria local– y centenares de kilos de lana para procesar.

Al ingresar a las oficinas de Wool and Co –una cooperativa de 32 estancias– inmediatamente se puede ver una caja de cartón con un sello: Uruguay Natural. Adentro de ella, una bufanda de lana tejida a mano por la empresa Ruralanas.

Paula Ojeda Ejemplo de producto de Ruralanas en la oficina de Tanya Clarke, de Wool and Co en las Islas Malvinas/Falklands

La cría de ovejas y su esquila es la principal actividad rural en Malvinas. Wool and Co se encarga hacer certificados de calidad previo a enviar la lana obtenida a otros países para procesarlas. Lanas Trinidad (Uruguay) es el “comprador favorito” de su gerenta, Tanya Clarke. Entre setiembre y mayo enviaron más de mil bloques de lana.

Paula Ojeda Tanya Clarke, de Wool and Co, mostrando paquetes similares a los que viajan a Montevideo en el barco Scout

Ahora, contó Clarke, están en conversaciones para que Ruralanas pueda hacer productos con su lana, que se destaca por su especial fineza y por eso, mayor precio. También está entusiasmada con la posibilidad de viajar a la Expo Prado este próximo setiembre, para aquellos isleños que se dedican a la actividad rural es una excelente oportunidad para ampliar sus horizontes y buscar nuevas oportunidades comerciales.

The camp

La huella uruguaya en el campo –al cual llaman camp, por la influencia de los pobladores de habla hispana– de Malvinas es fuerte y tiene larga data. Tanto es así que una de las zonas más grandes se llama Lafonia, en honor a Samuel Lafone y su hermano, dos empresarios de origen inglés pero que desarrollaron toda su actividad en Uruguay antes de partir hacia las islas en 1845. Allí volcaron todo lo que habían desarrollado en territorio oriental.

Los Lafone lograron domar al ganado que estaba en las islas.

Paula Ojeda El lugar donde se hallaba el saladero de los hermanos Lafone en la zona de Lafonia, Islas Malvinas/Falklands

Si bien fueron revolucionarios en su negocio rural, se volvió un poco resistido luego, porque el encargado de la estancia ignoraba las reglas que había impuesto el gobernador Reenie, quien escribió: "Ha degradado una colonia británica a la barbarie de las provincias del Río de la Plata. Los pocos ingleses son inundados por una importación de vagabundos, indios y otras razas que luego, cuando les es inconveniente proveerlos (de alimento y trabajo), se los tiran al gobierno" para que se haga cargo de ellos.

Tiempo después la Falklands Islands Company –que en ese entonces era propiedad de capitales ingleses– expropió las tierras y comenzaron a dedicarse a la esquila de ovejas.

Paula Ojeda Restos del saladero de los hermanos Lafone en Lafonia, Islas Malvinas/Falklands

Antes, en Montevideo, Samuel Lafone se había dedicado a salar carne en el Cerro de Montevideo y fue quien impulsó la creación del barrio de La Teja. Una calle a pocas cuadras del estadio Luis Tróccoli lleva su nombre. En el corazón del barrio, la plaza principal también.

Uno de los estancieros más recordados, y que además trabajó para Lafone, fue Andrez Pittaluga. Si bien nació en Gibraltar, en 1841 trabajó en Uruguay durante varios años, hasta que decidió asentarse en Malvinas.

La influencia de Lafone no solo se circunscribe al campo: cuando The Falklands Islands Company construyó en 1991 una casa boutique en uno de los puntos estratégicos de la capital, la llamó Lafone House. El lugar, que fue adquirido por una mujer de nombre Arlette Betts en 1995, ahora es un exclusivo hotel con vista al océano.

Paula Ojeda Casa Lafone, ubicada en Ross Road, Stanley (Islas Malvinas/Falklands)

Trobo, Lacalle Herrera y diputados

Tras la Guerra de las Malvinas (1982) y el posicionamiento uruguayo a favor de Argentina, fueron pocos los actores políticos que viajaron a las Malvinas pese al cariño de los isleños, quienes ven a Uruguay como una de sus puertas al mundo, la que se ve cercenada por la “hostilidad” argentina.

Por eso, Phyll Rendell, exMLA, maestra y actual dueña de Bleaker Island –una pequeña isla al sur de East Falkland– recuerda con cariño la visita de Luis Alberto Lacalle Herrera en 2016 a su isla.

Difundida por MercoPress Luis Lacalle Herrera y Jaime Trobo visitando a Phyll Rendell, exlegisladora y dueña de la Isla de Bleaker

Desde hace años, el gobierno de las islas invita a diputados uruguayos a visitar el lugar y conocer la realidad de los isleños. Este año, lo hicieron Felipe Schipani (Partido Colorado), Pedro Jisdonian (Partido Nacional), Silvana Pérez Bonavita (Cabildo Abierto) y Luis González (Partido Independiente). El Frente Amplio rechazó ir en apoyo al reclamo argentino por la soberanía de las islas.

Trobo había sido el último que había viajado a las Malvinas con un objetivo concreto: ser observador y explorar posibilidades del comercio. Pese a eso, el choque cultural con una sociedad –y clase política– netamente inglesa, fue inevitable.

Así lo contó el líder de los observadores en el referéndum Juan Henao: “Tuvimos una cena grande, con quien era el gobernador, para darle gracias a los observadores internacionales y recuerdo que Jaime, después de que comiéramos todos los platos, le preguntó, en español, al gobernador: '¿puedo sacar mi puro?' Y le dijo que no, que eso era una casa de gobierno y que no se podía. Cuando salimos prendió su puro y se lo fumó”.

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