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Hugo Silveira: de Manga a Querétaro a pura superación

Se formó en Cerrito como zaguero, el Canario Márquez lo hizo 9 en Wanderers, Danilo Baltierra lo subió a Primera, la hinchada de Cerro lo hizo fuerte y la vidriera de Nacional lo llevó al exterior donde no para de progresar

En Querétaro, 5 goles en 7 partidos

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27 de septiembre de 2020 a las 05:04

Cuando era niño y dibujaba en la escuela lo que quería ser cuando fuera grande, Hugo Silveira tenía dudas. A veces se dibujaba jugando al fútbol. Otras manejando un camión, como su padre. A fuerza de mucha entrega ganó el primero de los sueños. Y hoy, con 27 años, aquel centrodelantero que se llevaba todo por delante en Cerro muestra su mejor versión en el fútbol mexicano, en los Gallos Blancos de Querétaro.  

Silveira entrenando en Querétaro

“Capaz que si no hubiera sido futbolista hoy estaba preso”, dice a Referí Silveira evocando la humildad y el contexto del barrio donde creció, Manga.

Ahí hizo baby fútbol en Tacuarembó Junior, pero cuando terminó no quiso saber más nada con el fútbol. 

Fueron unos amigos del barrio quienes tiempo después lo llevaron a practicar con ellos a Cerrito que entrenaba en Capitán Tula, por el barrio. 

“¿De qué juego? Nunca jugué en cancha de 11”, les preguntó Silveira. “Vos ponete al lado mío, de zaguero que te voy guiando”, le respondió uno de sus amigos.

“Así empecé, el entrenador era Próspero Silva”, recuerda. 

En octubre de 2010 llegó libre a probarse a Wanderers.

Eduardo Millán, el captador de los bohemios, cuenta cómo se dio su llegada: “Silveira es categoría 1993, me lo recomendó un amigo, era muy sano, callado, muy buen pibe. Le costó adaptarse cuando empezó jugando como zaguero, pero tenía mucha actitud de trabajo y era guapo”. 

Silveira recuerda así su llegada a los bohemios: “Me fui a probar en octubre y el entrenador de la Quinta era el Canario Néstor Márquez. Como le dije que era zaguero me probó en la defensa y le pegué patada a todo lo que se movía. Me pidió que jugara más suave,  pero seguí pegando. Entonces me puso arriba e hice como tres goles. ‘Este es tu puesto me’ dijo y me ficharon. El Canario me guió para jugar de 9 y fui aprendiendo. Es un amigo. Cada vez que voy a Uruguay le llevo una camiseta de mi equipo”.

“Cuando Hugo llegó a probarse estábamos preparando la final de Quinta que tenía un equipazo con Lucas Hernández, Maxi Olivera, Joaquín Noy, Santiago Lamanna, Gastón Rodríguez. Y es cierto, le empezó a pegar a todo. Le dije que me encanta su actitud pero que jugando así iba a hacer cinco penales por partido. Hugo es divino, pero no habla”, agrega por su parte Márquez en charla con Referí.

Márquez, un exgoleador de River Plate que hoy dirige a la sub 19 del darsenero, le tiene un especial afecto a Silveira: “Es como un hijo para mí y cada vez que lo veo sonrío: ni yo pensaba que iba a hacer la carrera que está haciendo”.   

“Al año siguiente lo fichamos y arrancó de suplente de Gastón Rodríguez. Cuando Daniel Carreño lo sube quedó Hugo de titular y metió 17 goles. Después vino una reestructura en juveniles y cambiaron todos los entrenadores. A Hugo fue al primero que dejaron libre”, dice Márquez. 

El ahora delantero armó el bolso y se fue a Cerro. 

“El Tato Ortiz me probó con la Primera pero dijo que me faltaba. Me hicieron un contrato de juvenil y quedé. En Tercera me dirigió Danilo Baltierra y cuando le dieron el primer equipo los dirigentes le ofrecieron reforzar el equipo con un 9 pero Danilo les dijo que no: ‘De 9 lo tengo al Hugo’”, expresa Silveira. 

Y así, el 16 de marzo de 2013, Baltierra lo mandó a la cancha en el Tróccoli en un partido ante Peñarol que terminó en un agónico empate con gol de Jorge García. 

“Cerro es el equipo del que soy hincha. Y tiene una hinchada que te exige; no es por presumir, pero si aguantás a la hinchada de Cerro podés jugar en cualquier lado”, dice Silveira.

Cerro, 12 goles en 85 partidos

Baltierra revela en diálogo con Referí por qué promovió al delantero: “De Hugo llamaba la atención su poder físico, su fuerza pero también su fibra rápida que le daba una gran potencia. Estaba mucho encima de él porque tuvo una formación escasa, como la mayoría de los futbolistas de nuestro país. Pero su potencial era enorme, era como una joya a pulir”. 

También recuerda una anécdota que pinta el carácter del delantero de 1,89 metros: “Era un chico puro, lo que sentía te lo decía. En un partido contra Cerro Largo íbamos 1-1 y erró un gol debajo del arco y le grité, por la desesperación de que convirtiera. A la práctica siguiente me pidió para hablar y me preguntó por qué le gritaba tanto a él. Le tuve que explicar que no era algo específico con él, que era con todos”. 

En Cerro hizo 18 goles y en 2016 lo contrató Nacional. "Jugué con todos los entrenadores que tuve, salvo con el argentino Pablo Rodríguez", dice la Pantera, como lo apodan en el mundo futbolero. Al tricolor llegó como una apuesta a futuro de Martín Lasarte, pero cuando el DT lo mandó a la cancha el jugador le respondió enseguida con goles importantes, dos de ellos por Copa Libertadores. 

"En Cerro dejé mucha gente amiga con la que hablo seguido como el Toto, Joaquín Boghossian o Leandro Paiva. Con Juan, el equipier, tenemos la cábala de que me manda mensajes los días de partido y vengo haciendo goles". 

“Nacional fue una vidriera que me permitió mostrarme en lo internacional. Es un club al que también le estoy muy agradecido y en lo personal me dejó muy buenas sensaciones”, comenta el centrodelantero. 

En Nacional, 11 goles en 51 partidos

En 2018 comenzó su recorrido internacional con un destino que ningún uruguayo había probado: Kazajistán. En Kairat sufrió temperaturas de -30º y se deslumbró con una ciudad que calificó de “primer mundo”. Pero no aguantó la soledad. “Fui solo y tenía nueve horas de diferencia con Uruguay. Llegaba a casa a la 1 de la tarde y tenía que esperar horas para poder hablar con mi familia. Los brasileños Isael y Felipe me ayudaron en la adaptación porque entre el kazajo y el ruso el idioma es complicado”. 

En Kairat, 4 goles en 16 partidos

Por eso a mediados de ese año volvió a Sudamérica para jugar en Tigre. "Sabía que el equipo estaba estaba complicado peleando el descenso por la tabla de promedios, pero había un margen para salvarnos. Fue una linda experiencia, por la gente del club, el estadio, la hinchada ya que siempre jugás a cancha llena. Y además fuimos campeones y metimos al equipo en la Libertadores. No alcanzó para salvarnos y no es una deshonra el descenso, es fútbol, se habían perdido muchos puntos antes y no alcanzó, pero le dimos la primera estrella a un equipo que nunca había salido campeón", cuenta sobre el título de la Copa de la Superliga 2019 conseguido al ganarle 2-0 a Boca Juniors en Córdoba.

En Tigre, 4 goles en 11 partidos

Luego pasó por Patronato. "Apunté a seguir en primera, lo único malo fue que me lesioné en uno de mis primeros partidos y estuve cuatro meses afuera por un esguince de tobillo muy fuerte. Es un equipo muy lindo, de barrio, humilde, y Paraná una ciudad muy tranquila, todo pesca. Me gusta ese estilo de vida", cuenta.

A Silveira no le gustan los flashes ni las entrevistas, pero en el diálogo con Referí se suelta a hablar y hasta larga alguna risa. "Es por su timidez, por su perfil bajo, por su seriedad. Es buenísimo. A Cerro lo ha ayudado muchas veces con materiales, no se olvida de sus raíces pero no lo hace para figurar. Es su forma de ser", cuenta Márquez. 

En plena pandemia el centrodelantero desembarcó en México para jugar en Gallos Blancos de Querétaro. Ya suma cinco goles en siete partidos y comparte equipo con Martín Rea, Gonzalo Montes, Nicolás Albarracín, Kevin Ramírez y Sebastián Sosa. 

“Luis Almada, hermano y ayudante de Guillermo en Santos, me contó que se lo ve mucho mejor jugador. En sus movimientos, en su pivoteo, en su cabezazo. No me sorprende: siempre se mató laburando para mejorar. No tengo dudas que termina en un cuadro grande”, vaticina Márquez. 

"La macana son las expulsiones", dice Silveira a modo de autocrítica. En sus dos últimos partidos, Chivas de Guadalajara y Tigres, vio tarjeta roja. "Me tengo que cuidar por el VAR y por el estilo de arbitraje del fútbol mexicano. Yo estoy acostumbrado a no dar pelota perdida, pero acá no miden las intenciones. En el último partido punteé una pelota y el pie siguió y sin querer pisé a un rival. Por eso me echaron", agrega. Será otro aspecto a pulir en su juego. 

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