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Humberto De Vargas al frente de Vivila otra vez

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Humberto de Vargas: la historia de un ícono de Canal 10 atravesado por escándalos y tragedias personales y profesionales

Desde niño trabajó en los medios, se formó de manera autodidacta y en los últimos tiempos su salud mental marcó su gradual ausencia de la pantalla

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04 de agosto de 2022 a las 05:00

Humberto de Vargas siempre estuvo ahí. Hace exactamente 40 años que su cara está de forma más o menos ininterrumpida en la televisión uruguaya. Y cuando no está su cara, está su voz, como una de las voces institucionales del canal donde hizo toda su carrera, el 10. Sin mucho esfuerzo se puede recordar esa voz engolada y potente anunciando algún “estreno” que ya tiene como 10 años en “FES-TI-VAAAL…DE CINE”.

Y si no estaba en la tele, estaba en la radio, donde prácticamente se crio y donde empezó, como un juego, su carrera mediática. Y si no era en la radio, era en un teatro. O en el cine, o en una serie de Amazon. O en donde uno no se esperaba encontrarlo: relatando fútbol, cantando tangos o baladas románticas. Era inevitable que el episodio que protagonizó hace algunos días motivara lo que motivó.

Con el morbo y la curiosidad que caracteriza a buena parte de la humanidad en este tipo de situaciones, la debacle pública del conductor fue uno de los ejes de la conversación durante las últimas semanas, desde que el pasado 12 de julio el comunicador fuera detenido por la Policía de madrugada, manejando alcoholizado y con un neumático pinchado. De Vargas además intentó fugarse, amenazó e insultó a los policías.

En los días siguientes siguieron llegando detalles del asunto, y hasta se filtraron audios y videos grabados dentro de la comisaría a la que el presentador fue llevado. En ellos se lo ve y se lo escucha confrontando a la policía, cayendo al piso y golpeando objetos.

Este jueves, De Vargas comparecerá ante la Justicia por este incidente. Entretanto, canal 10 decidió suspender las emisiones de Vivila otra vez, el programa que De Vargas conduce desde 2010 (hasta 2019, junto con María Inés Obaldía; luego, en solitario), pero fuentes de la empresa aseguraron a El Observador que "el canal acompañará" a De Vargas en su proceso y que, a pesar de los rumores que circularon sobre el fin de su vínculo con la señal, no hay "nada más lejano".

Con su salida –en principio temporal– del aire, se interrumpe esa presencia casi permanente del conductor en los medios. Ese camino que empezó con siete años como actor de un radioteatro, subido a un cajón para alcanzar el micrófono. Fue la primera vez que le pagaron por actuar, aunque para él estar en un estudio de radio era algo cotidiano: jugaba con las consolas y correteaba por las cabinas mientras acompañaba a su madre, Marisa Paz, actriz de radionovelas de la que heredó el gusto por la interpretación.

La formación radial y actoral que vino por su madre (la que lo entrenó en el uso de la voz), se complementó con la herencia paterna: Humberto de Feo fue uno de los más ilustres periodistas de la historia de Canal 10. Fue, por ejemplo, el que cubrió el regreso de Wilson Ferreira Aldunate a Uruguay luego de su exilio. Y tuvo, además, una destacada trayectoria en radio, tanto como montajista como reportero. De niño, De Vargas imitaba a sus padres, emulando con aparatos viejos el funcionamiento de una radio, presentado canciones y operando. Esa fue su formación profesional.

El lunes posterior a la muerte de su padre, el 14 de mayo de 2018, Humberto de Vargas sonreía frente a la cámara de Arriba gente. “Los dos somos Humbertos Vitureiras, pero nadie nos conoce, ni a él ni a mí, como Humberto Vitureira”, comentó después de hablar sobre el clima otoñal del día, mate en mano. Su padre adoptó el “De Feo” como homenaje a su familia de crianza, el clan fundador de canal 10.

Su hijo apeló al apellido portugués de una de sus bisabuelas maternas para su primera aparición televisiva a los 14 años. Fue, por supuesto, en canal 10. Lo hizo como concursante en El millonario, un certamen de canto en el que se presentó en la categoría melódica. El conductor del ciclo, Mario de Carlo, le propuso que concursara como Humberto Vitur. El joven consultó con su madre, y ella le propuso la alternativa definitiva. Como Humberto de Vargas, ganó el certamen. Casi al mismo tiempo, dejó el liceo y empezó a trabajar en radio Carve como operador. Un gerente lo escuchó, y lo puso de informativista.

En ese obituario paterno ante las cámaras, el conductor reconoció la herencia. “Lo que tengo que agradecer profundamente es a mi papá por todo lo que me dio, que es lo que me permite estar hoy aquí, haciéndolo con el orgullo y la alegría con el que trato de continuar algunas de las maravillosas cosas que él realizó, tanto a nivel radial como televisivo”, dijo.

De lo estelar a la nostalgia

El ritmo pachanguero funciona como una cápsula del tiempo ideal. Los sintetizadores que emulan instrumentos de viento, la batería programada, las voces de jingle. Un montaje frenético pasa de una doma al cartel de Hollywood, de Madonna a Laura Canoura, de unas animaciones computarizadas de colores a la cara de Julio Frade detrás de un piano, rodeado de una orquesta multitudinaria (que definitivamente no está tocando en vivo) y unos cantantes vestidos de gala que entonan “Los sábados de tarde son de la gente, que la revista tiene todo el ambiente”.

Es la presentación de La revista estelar, el magazine de variedades que “con los ritmos del mundo, viajes y gentes” marcó el debut de Humberto de Vargas como conductor. Fue su ciclo más largo en televisión; 14 años que lo posicionaron como una de las figuras jóvenes de la pantalla nacional. Fueron también los años de su matrimonio con la informativista Laura Daners, con quien tuvo una hija y una escandalosa separación.

En 2004 se puso al frente de un nuevo ciclo en Saeta, Desafío al corazón. La premisa del programa era sencilla pero eficaz: en cada emisión se buscaba recaudar fondos para una institución que lo necesitara, y los fondos llegaban luego de que se realizaran distintas pruebas. Fue dentro de ese ciclo donde le tocó vivir el que consideró “el momento más duro” de su vida, la llamada tragedia de Young.

Para juntar US$ 30.000 para el hospital de esa ciudad de Río Negro, un grupo de 50 voluntarios se encargaría de mover una locomotora y dos vagones llenos de niños a lo largo de 75 metros, empujándolo con cuatro cuerdas. Miles de personas, incluyendo centenares de niños, se reunieron para ver el evento.

La efervescencia colectiva generó que, antes que pudieran establecerse las medidas de seguridad necesarias, 200 personas se lanzaran a empujar la máquina, que tomó una velocidad superior a la calculada. Un grupo de voluntarios quedó atrapado entre el andén y las ruedas del convoy y, aunque el conductor del tren logró frenar, ocho personas murieron. Las crónicas del momento repasan con lujo de detalles las amputaciones, los desmayos, a un hombre que murió de un ataque al corazón al ver lo que le había sucedido a su esposa.

De Vargas no estaba en Young, pero inmediatamente viajó a la ciudad. “Fue mucho peor que la muerte de mis padres. Entendía que era mi responsabilidad ir a apoyar a esas familias. Fui a cada uno de los velatorios, saludé personalmente a cada familia, y más allá del tremendo dolor, le debo a Young la gratitud de que en el cementerio la actitud fue de solidaridad y agradecimiento, pero sin dudas fue el momento más doloroso de toda mi vida”, recordó en una entrevista en 2021 para el programa Twister, de VTV.

El programa siguió dos años más, y luego De Vargas ocupó sobre todo el rol de conductor en magazines como los matutinos Arriba, gente y La mañana en casa, además de ser el locutor de canal 10 y de hacerse cargo de Vivila otra vez, un templo a la nostalgia uruguaya que en 2022 se convirtió en su último feudo en la pantalla, luego de retirarse de modo progresivo de los otros programas de los que formaba parte.

Además de su carrera televisiva, De Vargas también hizo una carrera sólida y laureada en otras ramas del espectáculo. En 2021 llamó la atención al interpretar las canciones compuestas por el cantautor Gonzalo Deniz para la película La teoría de los vidrios rotos. Una voz poderosa que remitía a la de los íconos del melódico internacional de hace unas cuantas décadas podía resultar una novedad para un oído joven o que no conociera su pasado triunfal como cantante, pero ya tenía antecedentes, más allá de algunas presentaciones en bares y restaurantes montevideanos.

De Vargas grabó dos discos en la década de 1980, un dato relativamente oculto de su biografía. Y fue también reconocido por su faceta actoral, con varios premios Florencio recibidos a lo largo de las décadas, y elogios por su trabajo en la película 3, que protagonizó en 2012. Más cerca en el tiempo, participó en la serie Porno y helado, donde encarnó a un político casado con el personaje que interpretó Susana Giménez. Una de sus obras más reconocidas combinó esos dos roles: la adaptación de El violinista en el tejado dirigida por Nacho Cardozo, que se estrenó en 2017 y estuvo más de un año en cartel.

En ese momento, Cardozo aseguraba que en el proceso de armado de la obra, tener a De Vargas en el rol protagónico de Tevye era vital. "Una de las condiciones que puse es que la tenía que hacer Humberto, si no, no sabía cómo la íbamos a hacer. Él lo hace todo verosímil, creíble”, dijo a El Observador en la previa del estreno.

De Vargas no tuvo formación profesional como actor, cantante, ni como comunicador. Todo su entrenamiento fue “en el terreno”, desde cuando acompañaba a sus padres hasta aplicando el oficio, otro aspecto que resaltan quienes han trabajado con él, y que señalan que refleja su talento.

Alguien que trabajó con De Vargas en un proyecto audiovisual y que prefirió mantenerse en el anonimato señaló que se trata de un gran actor, “con una noción del espacio escénico como pocas veces he visto, y que ayuda mucho a sus compañeros, así como a los técnicos, y que está muy conectado con sus personajes”. Y agregó: “Pero tiene también sus contradicciones, tiene una base de oscuridad fuerte. Pero también es muy consciente de que se trata de una figura”.

El comunicador declaró en una entrevista con el diario El País hace algunos meses algo en esa línea. “La persona que es pública, ya sea por un lado artístico o una función pública a nivel político, sabe que está expuesto siempre al juicio que puede realizar la gente. Sea justo o injusto, no importa, son las reglas del juego. Cuando uno ingresa a este mundo y conoce los códigos de ser una persona pública, tiene que aceptar sin ningún tipo de rencor o de reacción, la crítica que te puede realizar la gente que se siente con el derecho a señalarte con el dedo, o decir en qué actuaste mal”. Una declaración casi profética.

“Volver a ser feliz”

Hay que scrollear un poco para llegar al comienzo del relato. A fines de 2020, De Vargas comenzó a publicar en su cuenta de Instagram una serie de posteos que funcionaron como los primeros capítulos de una espiral que derivó en el incidente de julio.

“Solo espero volver a ser feliz” escribió en un breve video que muestra decoraciones navideñas en su casa. Después publicó una selfi junto a un lechón que le valió críticas de sus seguidores. “¿Quién dijo que iba a pasar solo”, escribió junto a la imagen.

Poco tiempo antes, De Vargas se había separado de su pareja desde 1999, Rosy Alhadeff. La ruptura marcó al comunicador, ya que además implicó que sus hijos con Alhadeff cortaran su vínculo con él. De nuevo, en sus redes, el actor, conductor y cantante ilustró el impacto de la situación, publicando imágenes junto a sus hijos, sobre todo cerca de las fechas del Día del Padre.

De Vargas trabaja desde su niñez en los medios

En 2021 confirmó que padecía depresión y que estaba en tratamiento psiquiátrico, algo que, aseguraba, estaba vinculado a estos dilemas familiares y personales, y que no se notaba en las salidas al aire. En octubre de ese año solicitó a canal 10 licencia médica, y a comienzos de este año se alejó de Arriba, gente.

En marzo dijo en una entrevista con La Diaria que tenía distintos proyectos que lo dejaban confiado de cara al futuro, más allá de la reducción de su tiempo en pantalla. “Entre la guitarra y algunas cosas que haré en teatro o en los medios –tal vez vuelva a la radio– no me va a faltar trabajo. Creo que todavía tengo mucho para dar”, dijo en ese momento. Sin embargo, ahora Humberto de Vargas está ante un punto de quiebre inédito en su carrera: un escándalo público en la vida de una persona que siempre estuvo ante nuestros ojos y oídos.

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