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11 de septiembre 2021 - 5:00hs

Por Luis Romero Álvarez (fms.com.uy), especial para El Observador

El mundo está cambiando y hay que cambiar, rápido. Por ejemplo, se viene como combustible el hidrógeno, que es lo que quema el sol. En la Tierra sobra hidrógeno y al quemarlo (oxidarlo) se produce agua pura y no gases de efecto invernadero. Para separar el hidrógeno del agua (H2O) conocemos el proceso llamado electrólisis; sucede que hasta ahora la energía requerida por ese proceso es mayor que la generable quemando el hidrógeno obtenido. Eso cambiará por mejores tecnologías, pero entretanto es factible hacer rentable este proceso si contamos con energía eléctrica gratis.

Eso sucede por ejemplo a partir de las represas hidroeléctricas a ciertas horas cuando el consumo de electricidad es casi nulo: el agua debe seguir bajando si la represa está llena y, por lo tanto, la electricidad igual se produce, circula por la red y se pierde como calor (algo similar sucede con los molinos de viento).

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Allí mismo se puede colocar una planta de electrólisis que produce hidrógeno con esa energía gratis y lo acumula, más una turbina que quemando hidrógeno genere energía eléctrica para las horas pico de demanda de electricidad cara.

Esto es una forma de compensar la carencia tecnológica que tenemos por no contar con baterías super potentes (capaces por ejemplo de almacenar la electricidad que consume una ciudad en un año).

Todo esto es para decir que se utilizará cada vez más energía eléctrica y menos petróleo, a Dios gracias. Y en esa dirección debemos avanzar.

Por ejemplo: ¿por qué el tren de la línea central creado para UPM2 no circulará con energía eléctrica? Sería silencioso y nada contaminante. Alguien dirá que es por presupuesto: costaría US$ 100 millones arriba de los US$ 1.000 ya presupuestados. No me impresiona el desafío, para un país que gasta US$ 16.000 millones por año.

Además hay que poner creatividad en la forma de financiar inversiones especiales… por ejemplo, en el Instituto Nacional de Colonización (INC) los uruguayos tenemos campos por valor de unos US$ 2.000 millones. Como sociedad entregamos a algunas personas que tienen vocación de trabajar la tierra recursos que pueden llegar a US$ 1 millón (unas 300 hectáreas), pero al hijo de un panadero que quisiera abrir su propia panadería no le damos US$ 50.000 dólares para poner su negocio… propongo que esos US$ 2.000 millones en tierra pasen a un fideicomiso manejado por ejemplo por la Corporación Nacional para el Desarrollo (CND) trayendo una renta anual de, digamos, 1.5% anual (muy baja respecto al mercado).

El INC seguiría manejando el usufructo de esos campos con los mismos colonos, para quienes nada cambiaría. Pero esos activos permitirían emitir bonos especiales. Ahora existe mercado financiero para bonos con destino especial como resolver asuntos ambientales o sociales.

Con el respaldo de nuestra tierra, los uruguayos podríamos emitir un bono verde de US$ 100 millones a tasa 1.5% para electrificar el ferrocarril (y podríamos luego vender el carbono ahorrado por la emisión del petróleo no consumido por el tren) y otro bono social de US$ 500 millones para liquidar de una vez los asentamientos (que de paso así también se mejora el medio ambiente, porque hay que ver cómo están suelos, aguas y todo lo ambiental en esas zonas).

Esos instrumentos financieros serían bonos soberanos, pero con respaldo tierra, a muy largos plazos y tasas muy bajas y cuyo costo lo pagarían parte de las rentas que los colonos deben abonar por los campos que usan; incluso se podría crear un programa de venta de esas tierras a los colonos de forma intergeneracional (se endeuda para comprar el campo el padre y lo termina de pagar a muy largo plazo el hijo, como sucede en otros países y acá no existe aunque siempre se reclamó) y esos flujos de compra a largo plazo de la tierra cancelarían el capital de los bonos especiales emitidos.

Estoy pensando en plazos de 30 a 40 años que en estos instrumentos especiales se pueden lograr.

¡Es hora de pensar en ideas innovadoras!

Temas:

Luis Romero Álvarez Agronegocios energía combustibles

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