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En 2013 el periodista y escritor chileno, publicó "Niños futbolistas"

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Juan Pablo Meneses: por qué el fútbol ha muerto y ya no se celebran los goles

"Los tickets para los partidos importantes los compran en su mayoría distintas empresas multinacionales; entonces los estadios se llenan de clientes, no de hinchas", explicó el escritor chileno

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23 de julio de 2021 a las 13:23

La pandemia y las últimas Copa América y Eurocopa han terminado por la desfiguración total del fútbol clásico.

A tanto llega la crisis que la propia FIFA lanzó recientemente un comunicado desesperado, y tardío, anunciando que "no tiene intención de probar nuevos cambios" en el deporte. Una declaración que muchos leímos como la pala de tierra final sobre un juego que hace rato ya no es el que conocimos.

Desde el 2013, cuando publiqué el libro "Niños futbolistas", vengo escribiendo que el fútbol está en vías de extinción. Pero la mutación se ha acelerado bruscamente. Lo que se juega ahora y entretiene de otra forma y suma seguidores y fanáticos y cerros de millones de dólares es otro deporte: el postfútbol.

Como una forma de visibilizar este nuevo juego ya publiqué una columna durante la Copa América de 2015.

Ahí contaba cosas que parecían normales, pero no lo eran. No lo son. Por ejemplo, los tickets para los partidos importantes los compran en su mayoría distintas empresas multinacionales; entonces los estadios se llenan de clientes, no de hinchas.

Recuerdo toda una platea del estadio con espectadores con la camiseta de una tarjeta de crédito.

Por esa misma época, una empresa llamada ISE (parte del Dallah Al Baraka, uno de los dos mayores grupos económicos de Medio Oriente), compró todos los derechos de los partidos amistosos de la selección de Brasil, con la cláusula que el jeque dueño podía vetar jugadores de la canarinha. Una suerte de videojuego con futbolistas reales.

A nadie parecían importarle mucho estos cambios, porque todos ganaban. Y el postfútbol tiene esa gracia: todo lo que toca lo transforma en una versión rentable y futurista del antiguo fútbol.

Por ejemplo, si Inglaterra importa hoy a un niño de diez años desde la Patagonia para trabajar ocho diarias en un campo de algodón, se dirá que es un trabajo esclavo.

Aficionados de Messi en India.
Getty Images

Si lo importa para que pase ocho horas diarias jugando en el campo del Arsenal, se dirá que es "El Messi de la nieve" y su fichaje se celebrará en la prensa deportiva, tal como ocurrió en Europa con Claudio Gabriel Ñancufil, un niño de la Patagonia que fue comprado a los ocho años por un grupo de inversores españoles para ofrecerlo a distintos clubes europeos.

Messi y el postfútbol

El inicio del postfútbol está directamente ligado a la historia de Lionel Messi. Un niño de un país empobrecido, de una ciudad empobrecida, de un barrio pobre, de una familia pobre, que se vende en unos pocos miles de dólares y -¡milagro!- en menos de 10 años ya cuesta más de 200 millones de euros.

Frente a esas cifras, ¿qué importan las medallas?, ¿qué importan los goles?, ¿qué importan los campeonatos?, ¿qué importan las escuelas de formación de nuevos jugadores? Mucho mejor salir de compra.

El gran problema y preocupación y crisis que vive hoy la FIFA es que el postfútbol comienza a ser mucho más entretenido, rápido y excitante que el fútbol clásico que ellos dominan.

Todavía cuesta que algunos entiendan de qué se trata este nuevo deporte. En un comienzo, solamente se asociaba a maniobras extrañas tras la desesperada búsqueda del nuevo Messi; otros lo veían como un asunto de territorialidad e identidad, y estaban quienes lo veían como una versión híperconsumista del fútbol.

Es todo eso, pero es mucho más. Y por lo mismo, en tiempos de pandemia y sueños de súperligas, el fanatismo por el postfútbol crece por los lados más inesperados, sin parar de generar nuevas variantes.

Aficionado contrario a la Superliga europea.
Getty Images

En 2015, el sindicato de futbolistas italianos tradujo mi libro "Niños futbolistas" y lo repartió entre los clubes que disputan el scudetto. Italia tiene una historia cruel con la explotación de niños futbolistas africanos. La presentación del libro fue en el Museo del Fútbol de Milán, y la mitad de mis palabras estuvieron enfocadas en el postfútbol.

Llegará pronto, les decía. Y llegó antes de lo pensado.

Los diarios deportivos tendrán que contratar periodistas financieros, les exageraba, y eso ya está sucediendo.

Que la jugada más recordada de Cristiano Ronaldo en la última Eurocopa sea cuando movió una botella en la conferencia de prensa, y que los periodistas no se cansaran de repetir los miles de millones de euros que perdió esa compañía, no es casualidad: es postfútbol en estado salvajemente y puro.

Que se abra un expediente contra Inglaterra por usar un láser contra el portero de Dinamarca durante el lanzamiento de un penal en las semifinales es postfútbol sudamericano en mitad de la Eurocopa.

El exitoso negocio de matar el fútbol

En 2017 me invitaron a Pereira, Colombia, para exponer en el V seminario de los derechos de los niños en la formación deportiva. La depredación de niños futbolistas colombianos es una de las más duras de Latinoamérica.

Pero en la cultura del postfútbol la trata de niños se considera (lo consideran así padres, madres, familias, entrenadores, dirigentes y los propios menores de edad) apenas un costo hundido. Un sacrificio de trabajo.

En Youtube hay un video viejo, de cuando Diego Maradona era un niño. Lo entrevistan y ahí dice que él espera jugar por la selección y ser campeón del mundo. Ahora es distinto. Un niño "postfutbolista" me dijo en Colombia que espera triunfar para ponerle un salón de belleza a su madre, y otro para comprarle un taxi al abuelo.

Niños jugando fútbol.
Getty Images

Y aunque la muerte del fútbol podría llevar a pensar en una baja en los ingresos económicos, el postfútbol multiplica el dinero y nos tiene viviendo un juego con demasiados estímulos, incertidumbres, tensiones.

Por lo mismo, tampoco es casual que en la reciente Copa América, la sala del VAR (el cuarto donde se revisan las jugadas polémicas), tuviera una muy cuidada escenografía y un estudiado diseño de iluminación. Cada vez que se enfocaba esa habitación llena de pantallas, el rating subía tanto como el nerviosismo de los espectadores. Es todo tan claro que probablemente pronto se vendarán los derechos televisivos solo para ver y escuchar los partidos desde ahí.

Si durante la última Copa América había una jugada dudosa en el VAR, como el polémico empate de Brasil a Colombia, los noticieros de televisión esperaban la filtración de los audios entre los árbitros con mucho más interés y ansiedad que los cables de WikiLeaks sobre los negocios de los presidentes de sus países.

Y el rating sube. Y este nuevo deporte crece. Y ahora, con la revisión televisiva y los largos minutos de análisis y charlas de hasta cinco árbitros, se ha llegado al más radical de los extremos: en el postfútbol los goles ya no se celebran, ahora se explican.

Un fútbol sin vínculos

Nadie puede decir que no lo advertimos. Incluso en 2018 la revista española "Panenka", una de las publicaciones más sofisticadas de fútbol que hay en el mundo, se sumó al tema con un dossier de postfútbol. El destacado periodista deportivo Axel Torres enfocaba su mirada en que "cuando el fútbol se haya despegado completamente de su vinculación a un territorio, a un colectivo y a unos sentimientos", se habrá terminado el fútbol.

El análisis es correcto, pero absolutamente ibero-céntrico. En Latinoamérica, esto que él anuncia como vaticinio catastrófico es figura repetida desde hace más de diez años. Emilio Butragueño, vieja gloria del Real Madrid, ha recorrido Sudamérica inaugurando sedes locales del Real Madrid.

El Paris Saint-Germain Academy Brasil es un club fuerte en los campeonatos de Río. Y el propio David Beckham inauguró una escuela en Brasil.

En "Niños Futbolistas" entrevisté a jugadores menores en diez países latinoamericanos. La mayoría soñaba con jugar (y se declaraban hinchas) del Barcelona, del Liverpool, del Real Madrid, del Inter. Recuerdo que uno quería jugar en el City, no importaba si en el Manchester City o en el New York City, que son del mismo dueño.

En 2021, los periodistas colombianos Christian Solano y Óscar Donato publicaron el libro "El Negocio del fútbol: del juego artesanal al espectáculo industrial", donde también se agarran del postfútbol.

Ellos hacen foco en la variante de una actividad desfigurada por un capitalismo futbolístico de atrofia. Una visión de la que hay cientos de libros acusando al fútbol antiguo de ser un negocio. El postútbol es mucho más que un negocio: es una nueva cultura, un nuevo deporte.

Neymar
Getty Images
El fichaje de Neymar por 220 millones de euros por el PSG batió todos los récords en 2017.

El comunicado de la FIFA es una suerte de suicidio en cámara lenta. Salen a rechazar que estén evaluando hacer cinco nuevos cambios a las reglas del juego, como si lo que ocurre dentro de la cancha le importara mucho a los nuevos hinchas.

Hace ya varios años, me tocó presenciar una escena totalmente postfubolística en una cafetería de Barcelona. Un padre, leyendo el diario, recitaba la cifra de millones en que el Barcelona había comprado a Neymar. Uno de los hijos, de unos 10 años, preguntó: "¿Y crees que podremos recuperar esa inversión?"

El otro, de unos 12, hizo la sentencia: "¡Tenemos que recuperarla!"

Ninguno de los tres habló de goles, campeonatos ni de las gambetas de Ney.

No todo está perdido

Para los seguidores del fútbol clásico, no todo está perdido. Por televisión y por internet está creciendo una oferta de partidos y campeonatos del recuerdo.

Tengo una amigo que, ahora mismo y semana a semana, está siguiendo la campaña del Boca de Maradona y Caniggia. Y, personalmente, reconozco que hace poco volví a ver el partido de Universidad de Chile con River Plate jugado en Buenos Aires en 1996 y donde nos robaron el partido por un grosero penal no sancionado a la U.

Pero, más allá de los nostálgicos, lo que la mayoría ve y disfruta es este nuevo deporte, donde los jugadores dan entrevistas por videojuegos, los goles se explican, los hinchas agitan banderas de los anunciantes por zoom, los equipos cambian el diseño de sus camisetas varias veces al año, los horarios de los clásicos europeos se definen según la transmisión para China y los hinchas no siguen clubes, sino que jugadores.

Crece el poder de los empresarios, y eso inquieta mucho a la FIFA. Pronto se podrán comprar acciones directas de cada jugador, y celebrar el negocio si hay buena campaña de tu propio goleador. Las app games donde uno es manager de un club de fútbol crecen más rápido que las aplicaciones donde uno es el goleador.

Tarde o temprano, la Superliga se va a imponer, lo que será el arribo total del postfútbol. Una suerte de circo del sol con los mejores malabaristas del balompié que recorrerá el mundo. Y que nos obligará a olvidar ese deporte que existía mucho antes de la pandemia. Ese juego donde uno sabía la alineación de sus equipos, celebraba los goles, insultaba al árbitro y que todos conocían como fútbol.


* Juan Pablo Meneses es periodista y escritor chileno. Ha acuñado el término "postfútbol" y entre sus libros de fútbol están "Niños futbolistas" y "Una granada para River Plate". Fue seleccionado en la antología "The football crónicas", editada en Inglaterra a propósito del Mundial de Brasil 2014.


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