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Julio Bocca y sus días después del Ballet Nacional del Sodre

A un año de su salida de la compañía, el exdirector artístico del BNS habla sobre su presente y su apretada agenda

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03 de septiembre de 2018 a las 05:00

La imagen es, a grandes rasgos, la misma que en 2011, 2013, 2015, 2017. Julio Bocca llega al Auditorio Nacional del Sodre antes de que los relojes de la ciudad marquen las 8 de la mañana. Entra por la puerta de vidrio de la calle Florida. Toma el ascensor hasta el cuarto piso. Los salones de clase están desiertos. La oficina también. Bocca –51 años, pantalón de jean, buzo azul oscuro, los gestos relajados– calienta agua para un café y para llenar el termo que lo acompaña siempre con algunos trozos de jengibre. Hay días que hace un poco de ejercicio; algo aeróbico, un poco de estiramiento. Después, a las nueve en punto, sin excusas, empieza la clase con la compañía. Bocca –ahora de pantalón deportivo, remera de manga corta, chaleco polar, negro todo– marca los movimientos casi que en silencio, le hace un gesto al pianista y dice: “Maestro, una coda”. Los bailarines y sus cuerpos se mueven de memoria mientras Bocca recorre el salón, chasquea los dedos, hace alguna que otra corrección.  

La imagen, las rutinas, las clases son las mismas; Bocca dirá, en su defensa, que ahora está más flaco, que el estrés lo hizo engordar. El estrés, también, fue lo que lo hizo renunciar. Ahora, se nota, las preocupaciones parecen ser menos. Varios de los que trabajaron junto a él desde 2010 repiten, casi que en coro, que está muy relajado. 

A fines de agosto, el director artístico del Ballet Nacional del Sodre (BNS) anunció que se iba. Dijo –en varias entrevistas y de distintas maneras lo mismo–: “Me harté”. Dijo también que quería quedarse, pero no así. Prefirió mantener su relación con la compañía como maestro e Ígor Yebra, el bailarín español que Bocca postuló y que aceptó ser su sustituto al frente del BNS, entendió (con mucha inteligencia) que así tenía que ser.  

Entonces ahora, en setiembre de 2018, a un año de su renuncia, Bocca está de nuevo en el cuarto piso del Auditorio. Durante dos semanas estuvo a cargo de los ensayos de El Lago de los Cisnes que se estrena este jueves 13. Lo había hecho antes con La Bella Durmiente, la pieza que inauguró la temporada y, en cierta medida, el ballet de su despedida. En el medio 
Bocca pasó por muchos aeropuertos. Intenta hacer memoria y lleva la mirada hacia arriba. Y después enumera, sin tener mucha certeza, lo siguiente: Teatro Colón de Buenos Aires, Barcelona, tres semanas en el English National de Londres, Praga, Corea, Venado Tuerto en Santa Fé, México. ¿Y después? De nuevo el mismo ejercicio. Córdoba para dar una masterclass con Eleonora Cassano; la escuela de ballet de San Francisco; de nuevo Argentina, Mendoza; Hong Kong, con Alessandra Ferri a trabajar en los personajes de Giselle; Nueva York dos semanas en la escuela del American Ballet; dos semanas más en Houston; y, por fin, el 20 de diciembre, vacaciones. Claro que en 2019 el circuito empieza de nuevo. En los itinerarios aparecen:  Zúrich, el Prix de Lausanne en Suiza, la compañía de Finlandia, Salta, el Chaco, un mes en Australia para la nueva producción de Sylvia y dos semanas, a confirmar, en el Bolshoi en setiembre.  

Entonces Bocca hace un alto y dice: “Lo de los viajes está lindo pero desde Uruguay, con las conexiones, se hace un poco más pesado. Muchas veces en Europa te dicen: ‘Avisáme cuando estés acá’. Entonces trato de combinar varias cosas. Pero no siempre funciona. Así que estoy pensando en hacer base en Europa o en Estados Unidos para estar más cerca”. Y después repite: “Lo estoy evaluando”. 


¿Se sigue manejando la agenda usted?

Sí. A veces se me complica porque soy bastante vago y tengo todo en la computadora. 


¿Cómo se siente volver a la compañía? ¿Se siente todavía como en casa?

Es genial porque vengo, doy la clase y cuando llego a la oficina y están con las planificaciones y las sábanas de papeles en las mesas, me voy. Pero sí, me siento como en casa y me hacen sentir como en casa. Hay mucho cariño y mucho respeto. Esta semana que estoy trabajando acá veo cómo maduraron bailarines como Ariele (Gomes), Damián (Torio), Ciro Tamayo. Ayer Ciro hizo un solo lento, que es puro pie y no es su fuerte, no es lo que él tiene, pero ves cómo cambió su forma de trabajar, es mucho más consciente. Eso después se ve. Entonces le dije: “Muy linda calidad el solo” y me dijo: “Qué bien”. 

Encontrarse con eso es muy lindo. Igual insisto que necesitan tener un poco más de hambre, a veces los ves que llegan y se sientan. Eso afuera no pasa, nunca los ves sentados mientras el resto trabaja, están parados, probando, viendo. Sería buenísimo que se dieran cuenta de que tienen que aprovechar el tiempo acá. Ahora está Mel (Oliveira) y desde El Corsario el año pasado hasta ahora hizo un cambio hacia arriba increíble. Te das cuenta de que está trabajando con cabeza, de aprovechar la posibilidad y querer más. Es un placer verla y ves que le decís algo y lo capta y lo incorpora. 

 

 

"Estoy pensando en hacer base en Europa o en Estados Unidos para estar más cerca”


¿En qué aspectos se da cuenta de que la distancia hace ver las situaciones con otra perspectiva?

Es otra perspectiva, sí, y es muy lindo ver que el nivel se mantiene. El asunto es que volvés y te enterás de que el resto (del Sodre) está igual o peor. Siempre el Ballet sigue siendo diferente, la isla. Te dan ganas de encerrarte acá, con los bailarines, donde todo funciona divino. Es una lástima que no hagan un cambio real de traer a un director que sepa, de verdad, manejar una institución así. Esto no puede ser político, es de Estado, es la cultura que representa a la gente y a un país. Tendrían que tener esa cabeza y darse cuenta de que es necesario alguien que tenga una visión y un proyecto de unificar y no seguir teniendo todo separado. Y tiene que ser un cambio drástico, de un día para el otro. No puede ser como todo en América Latina que lo que no funciona se ata con alambre o se hace todo a pulmón. Tiene que ser algo serio, de acá a 20 años. Evaluar cómo se va a sostener este teatro con una cosa artística seria.


¿Tiene que hacer el ejercicio de no involucrarse?

Sí, lamentablemente, soy terrible en eso. Pero es porque quiero esto y porque vivo acá y quiero que lo que yo tengo para ir a ver sea de calidad. Me da un poquito de bronca no poder tener lo que nos realmente nos merecemos. Tenés la gente, la calidad, todo. Hay que hacer algo al respecto.

 


¿Cree que podría tener la capacidad de ponerse al hombro un auditorio como este?

No, uno tiene que ser consciente y sincero. Yo no tengo la capacidad para ser el director general de un teatro. Sí puedo dar mi opinión, apoyar, pero tiene que ser alguien que entienda del asunto. Ponele ahora, para el Antel Arena, ¿qué hicieron? Traen alguien de afuera. ¿Por qué no pueden hacer eso acá? Si no se consigue, si no se encuentra, se puede traer a alguien por un período que forme a un uruguayo. Hay que formar gente acá. 

 

"Volvés y te enterás de que el resto (del Sodre) está igual o peor. Siempre el Ballet sigue siendo diferente, la isla. Te dan ganas de encerrarte acá, con los bailarines, donde todo funciona divino”

 

Usted tenía planificado que en la gala de este año se hiciera Études, del coreógrafo danés Harald Lander. Sin embargo no se va a hacer. ¿Sabe qué sucedió?

Una pena y aparte me costó siete años conseguirla. Es una obra que no tienen muchas compañías y en la región no sé ni siquiera la tiene Chile. Y es una obra que mantiene a la compañía en forma y es un privilegio tenerla. Pero realmente no sé qué pasó. Si quisieron cambiar o el contrato no se llegó a cerrar.

 

Estuvo en México ahora y justo se estaba haciendo la obra con coreografía de Demis Volpi Rey y Rey donde la pareja está compuesta por dos hombres y ya no se repite el esquema clásico de princesas y príncipes.  

Vi el final de la obra porque lo pasaban en streaming. Me fascinó la idea, le dije a Demis que iba a hablar con Igor para que la trajera acá. Me parece genial que se hagan estas cosas, ya estamos entrando al 2019, no se puede seguir separando. Somos seres humanos y punto. Además no sabés lo que fue la respuesta del público. Fue un riesgo porque México es un país muy conservador y esto era una obra para niños. Ir educando, en ese sentido, también con la danza, es una relación de amor donde no importa quién seas ni qué seas. 


Más allá de que siempre dice que no lee los diarios. ¿Está atento a lo que sucede por estos días en Argentina?

Es cierto que no leo, pero ahora es muy difícil estar ajeno. A (Mauricio) Macri le tocó algo muy feo, le tocó hacer un cambio grande; por supuesto que a la gente no le va a gustar cuando hay que cambiar. Pero hay que ver la realidad. Creo, espero, que en algún futuro como sociedad nos unamos para decir: “Okey, vamos a tener dos años en que tenemos que estar tranquilos sin empezar con los paros y las manifestaciones”. Por supuesto que hay gente que está mal y, quizás, va a estar peor. Tenemos que pasar por esto. Creo que se vivía en una realidad que no era cierta. 


Hace unas semanas el Claeh dio a conocer una serie de cifras del público que va al ballet y que son de sus años como director. ¿Está al tanto de los resultados?

Sí, de hecho el otro día pasé por el Claeh para agradecer personalmente el increíble estudio que hicieron. Es la primera vez que en Latinoamérica se hace algo así. Además el 11 de setiembre hacen un intercambio con gente que es público del Ballet. Entonces les pedí si podía ir para escuchar sus opiniones sobre el trabajo y de paso, si se puede, dar la mía. Creo que va a estar muy bueno.

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