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La desvalorización del peso y el auge de los "gobiernos fuertes"

Una historia del dinero en Uruguay (XV)

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17 de enero de 2018 a las 05:50

La década de 1920 en Uruguay se caracterizó por la continuidad del desarrollo económico, el perfeccionamiento del sistema democrático y el optimismo: una versión provinciana de los "años locos" o los "años felices" de Europa y América del Norte. Fueron los tiempos de la aparición de la radio y de los primeros grandes éxitos internacionales del fútbol uruguayo, con la obtención de medallas de oro en fútbol en los Juegos Olímpicos de París 1924 y Ámsterdam 1928.

La década de 1920 en Uruguay se caracterizó por la continuidad del desarrollo económico, el perfeccionamiento del sistema democrático y el optimismo

El Partido Colorado continuó siendo dominante, pese a los disidentes y al potente avance del Partido Nacional, que se puso casi en pie de igualdad en cuanto se profundizaron las garantías del sufragio. El Partido Socialista comenzó su andadura en 1910 y el Partido Comunista en 1921.

Una Asamblea General Constituyente fue elegida el 30 de julio de 1916, con voto secreto por primera vez en la historia. El historiador Gerardo Caetano sostuvo que esas fueron las primeras elecciones realmente democráticas en el país.

José Batlle y Ordóñez, el líder dominante, quedó en minoría en esa Asamblea debido a la fuerte representación opositora y a la división del Partido Colorado, por lo que no pudo imponer un Poder Ejecutivo colegiado, como proponía desde sus "Apuntes" de 1913. A cambio, por transacción, se adoptó un engendro: un Ejecutivo "bicéfalo", en el que el presidente de la República, que sería electo por el voto directo de la ciudadanía, compartiría tareas con un Consejo Nacional de Administración.

La Constitución de 1918, la segunda en la historia del país, también eliminó la mayoría de las restricciones al voto y abrió la puerta al voto femenino (que se reglamentaría recién en 1932 y se ejercería en 1938), e impuso el voto secreto y la representación proporcional, lo que reforzó a las minorías.

La desvalorización del peso

El gasto público aumentó alrededor de 25% durante el segundo gobierno de Batlle y Ordóñez (1911-1915), una cifra enorme, aunque siempre hubo superávit fiscal debido a una mayor recaudación. Y entre 1911 y 1930 la recaudación se duplicó.

Tras el "alto" de las reformas socio-económicas durante la Presidencia de Feliciano Viera (1915-1919), la recaudación y el gasto público aumentaron en gran forma en las administraciones de Baltasar Brum, José Serrato y Juan Campisteguy, entre 1920 y 1931. El gobierno central se amplió, el número de funcionarios públicos creció 152% entre 1905 y 1930 y comenzó a tomar un gran peso la seguridad social, cuyas jubilaciones y pensiones venían ampliándose desde 1896. También aumentaron los déficits, las deudas del gobierno y el descuido de la moneda. (Ver el capítulo V de la serie "El Frente Amplio como sustituto histórico del Batllismo").

El gobierno central se amplió y el número de funcionarios públicos creció 152% entre 1905 y 1930

La posguerra implicó una severa depresión económica, que en Uruguay se inició en 1918. La economía comenzó a recuperarse por fin a partir de 1924, pero la gran emisión monetaria hizo que el peso uruguayo tendiera a depreciarse.

El peso ya no era convertible en oro, como fue norma entre 1863 y 1914, lo que tentó a las autoridades a aflojar la disciplina. El autocontrol les duró menos de una década. Ampliaron el gasto del Estado y el crédito en parte con un aumento de la cantidad de dinero, pero a cambio provocaron fue un envilecimiento de la moneda nacional.

Entre 1925 y 1929 la deuda externa aumentó 22% debido a los créditos que tomó el Banco de la República para respaldar la cotización del peso, que se situaba casi a la par del dólar, según el valor histórico fijado en 1863, cuando se creó la moneda nacional. La desvalorización fue fuerte en 1929, al disminuir la intervención oficial en el mercado de cambios debido a la constante pérdida de reservas.

Entre 1925 y 1929 la deuda externa aumentó 22% debido a los créditos que tomó el Banco de la República para respaldar la cotización del peso

De la "flotación sucia" iniciada en agosto de 1914 (libre mercado con intervención del Banco de la República, que entonces era la autoridad monetaria) se pasó a la flotación lisa y llana del peso ante las monedas de referencia internacional, que eran el dólar y la libra esterlina.

Construcción de la sede central del Banco de la República, a mediados de la década de 1930
Construcción de la sede central del Banco de la República, a mediados de la década de 1930.
Construcción de la sede central del Banco de la República, a mediados de la década de 1930.

Rumbo al desastre

En junio de 1929 el diputado socialista Emilio Frugoni, una figura trascendente de la política nacional, presentó un proyecto de ley para retornar a la conversión del peso uruguayo en oro, que había sido abandonada en agosto de 1914, al iniciarse la Gran Guerra europea. Frugoni era consciente del riesgo que implicaba dejar en manos de los gobiernos la solidez de la moneda, sin ancla alguna, y de la tentación inflacionaria a costa de las clases trabajadoras.

El proyecto de Frugoni, que no tuvo éxito, hablaba con claridad profética de "las consecuencias que una depresión permanente de la moneda producirían sobre la capacidad adquisitiva de los salarios".

En realidad, la política monetaria expansiva de Uruguay no era novedosa. Exageraba la tendencia de algunas naciones de primera línea, pero era más moderada que la de muchos países de América Latina, que en su entusiasmo empapelador destruyeron sus signos monetarios.

Durante la década de 1920 los estadounidenses, los británicos y otros líderes de las principales potencias industriales "intentaron mantener la prosperidad mundial mediante la inflación deliberada del suministro de dinero", resumió el británico Paul Johnson en su historia de Estados Unidos. Aunque la cantidad de dinero circulante en Estados Unidos se mantuvo estable: 3.680 millones de dólares en billetes a principios de la década y 3.640 en 1929, el crédito se expandió 61,8% entre 1921 y 1929. (En Uruguay la expansión del crédito en ese lapso fue más del doble).

La política de la Reserva Federal y del Congreso estadounidense de crédito fácil y tasas de interés bajas se inspiró, en parte, en el economista británico John Maynard Keynes, quien en 1923 publicó su influyente "Tratado sobre la reforma monetaria".

A partir del crack de la bolsa de Wall Street en octubre de 1929, el mundo capitalista ingresó en la Gran Depresión. La industria de los países más avanzados se hundió y los desempleados se contaron por decenas de millones. Las materias primas, desde el café de Brasil a la carne uruguaya, pasando por el cobre de Chile, redujeron abruptamente sus precios.

Propuestas para un control de cambios

Javier Mendívil, el ministro de Hacienda del gobierno del colorado Gabriel Terra, quien asumió el 1º de marzo de 1931, convocó una Comisión de Estudio sobre la Desvalorización de la Moneda. Se integró con personalidades de todos los sectores: el jurista y político colorado Eduardo Acevedo Álvarez, hijo del historiador Eduardo Acevedo Vásquez; el banquero Luis Supervielle; el político colorado y ex ministro de Hacienda Ricardo Cosio, un firme exponente del estatismo batllista; el poeta y legislador socialista Emilio Frugoni; el joven abogado y periodista Carlos Quijano, entonces diputado del Partido Nacional; el ingeniero, empresario y político colorado José Serrato, quien había sido ministro de Batlle y presidente de la República entre 1923 y 1927; el contador público, empresario y diplomático Octavio Morató, entonces gerente general del Banco de la República; además de Pablo Minelli y Julio Llamas.

Emilio Frugoni defendió el regreso al patrón oro y a la convertibilidad, como forma de sostener el valor de la moneda nacional y el poder adquisitivo del salario de los trabajadores. Él, que era partidario del logro de ciertos fines socialistas mediante el sistema democrático y la economía de mercado —al estilo de lo que propondría la socialdemocracia europea en la segunda mitad del siglo XX—, demostró una cabal comprensión de lo que estaba pasando y expresó una posición firmemente clásica y ortodoxa: nada de control de cambios, ni de proteccionismo comercial. La desvalorización del peso uruguayo era un fenómeno estrictamente monetario, provocado por el ablandamiento en la emisión de billetes después del fin de la convertibilidad en 1914.

De todos modos, pese a Frugoni, el patrón oro estaba en su ocaso. Pronto sería abandonado por Gran Bretaña y Estados Unidos, entre otras potencias.

El banquero Luis Supervielle propuso mantener la libre flotación de la moneda, como ocurría desde 1929, y que el peso tomara el valor que le correspondía ante el dólar, la libra y las demás monedas. Esta era una solución sencilla, eficaz y realista, que hubiera ahorrado muchos desastres a Uruguay durante el resto del siglo XX. Pero las ideas entonces en boga iban en otro sentido.

La mayor parte de la comisión se inclinó por el control de cambios, según la tendencia que predominaba entonces en varios países de América Latina y en la Europa del auge de los nacionalismos, la rápida generalización del proteccionismo y una alegre confianza en los mecanismos administrativos.

El proteccionismo se coló en el debate, aunque el tema de la comisión era otro. Ricardo Cosio urgió a "acentuar la protección hasta convertirla en una barrera infranqueable de las mercaderías competidoras de las nuestras". Minelli, otro batllista, propuso la "adopción de un plan completo de protección a todas las industrias que lo requieran", y crear "una comisión a fin de proyectar el plan".

Control del precio de las divisas y proteccionismo industrial y comercial: una receta que sacaría a Uruguay del rumbo de un siglo que lo había hecho rico.

Frugoni, que conocía los textos de los clásicos liberales tanto como los de Karl Marx, un gran defensor del libre comercio, se opuso a la protección aduanera, una práctica pre-capitalista y gran creadora de artificios, ineficiencias e injusticias. Según su punto de vista, serían los más humildes los que pagarían el encarecimiento general de los bienes de consumo que implica el proteccionismo.

Tiempo de "hombres fuertes" y "gobernantes pistoleros"

Parecía que "las cartas de navegar del siglo XIX no servían ya", resumió el historiador marxista Eric Hobsbawm sobre esa época en el mundo.

Las tendencias más extremistas: el comunismo soviético o el fascismo italiano, enseñaban que todos los aspectos de la economía, o los principales, debían manejarse por la vía burocrática y la planificación central, bajo férreo control de un partido y de un líder.

Ese auge de los "gobiernos fuertes" y los "gobernantes pistoleros" en Europa, con hitos cruciales como la Revolución Rusa a partir de 1917, la imposición de Benito Mussolini en Italia en 1922 y el ascenso de Adolf Hitler en Alemania en 1933, influiría sobre la Constitución uruguaya de 1934, que se apartó nítidamente de los principios liberales y asignó grandes potestades al Estado. Buena parte de esas ideas estatistas, e incluso totalitarias, fueron mantenidas y ampliadas en las periódicas reformas constitucionales que se realizaron a lo largo del siglo XX, un completo muestrario de improvisación.

Próxima nota: Control de cambios en Uruguay a partir de 1931

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