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13 de abril 2024 - 5:02hs

Las metas de inflación como estrategia de política monetaria es un esquema utilizado por economías avanzadas y emergentes  que tiene algo más de 30 años en el mundo, y que en general ha cosechado resultados positivos.

El esquema de metas consiste en el anuncio de un objetivo por parte del Banco Central, que opera como ancla sobre las expectativas del mercado. En el país su implementación data de dos décadas atrás, y hoy está basado en tasas de interés (precio del dinero), aunque en el pasado también utilizó agregados monetarios (cantidad de dinero).

Ya sin el compromiso de mantener el tipo de cambio dentro de una banda de flotación pre-fijada, como pasó hasta 2002, Uruguay en los últimos 20 años tuvo siete rangos diferentes de inflación, aunque con escaso cumplimiento. Los resultados marcan que desde 2004 a la fecha la inflación estuvo  el 75% del tiempo por encima del objetivo.

Inflación en la meta

El Índice de Precios del Consumo (IPC), se ubicó en 3,8% interanual a marzo, y con ello la inflación completó 10 meses dentro del rango meta (entre 3% y 6%). Al margen de pequeños rebotes que podrían producirse en próximos meses, los pronósticos de analistas privados apuntan a  que el indicador seguirá en esa senda por lo que resta del año.

Si eso ocurre, se superará la marca de 11 meses consecutivos con inflación dentro del rango,  que data de 2017 cuando la referencia era de entre 3% y 7%. En ese período el IPC se movió cerca del techo en el eje de 6%.

La meta actual de inflación que va entre 3% y 6% está vigente desde setiembre de 2022 y hasta la fecha se ha cumplido el 50% del tiempo.

La racha más amplia con la inflación dentro de la meta data de 2005, cuando permaneció allí por dos años y tocó niveles mínimos de 3,4%. Por ese entonces  la meta de entre 5,5% y 7,5% era menos exigente que la actual, y estaba precedida por años con inflación de dos dígitos tras la crisis económica de 2002.

Objetivo poco cumplido

Además del escaso cumplimiento de las metas, en Uruguay la inflación estuvo el 52% del tiempo en el eje de 8% durante los últimos 20 años. ¿Por qué ha sido esquivo el objetivo de inflación?

Economistas como Aldo Lema y  Nicolás Cichevski  han mencionado como una de las principales razones el hecho de que en el pasado el verdadero objetivo se situaba en 8%, una especie de “zona de confort” hacia donde se alineaban las expectativas. Pero también se ha apuntado a otros factores, como el hecho de que los cargos del Directorio del BCU no trascienden a los cambios de gobierno.

El presidente del Banco Central (BCU), Diego Labat, mencionó en varias oportunidades que el país se había acostumbrado a vivir con inflación de 8%, y que su gestión quiere ir hacia un “régimen robusto”, donde si  el objetivo se desalinea la autoridad monetaria tiene el compromiso de actuar “para un lado o para el otro”.

El jueves en una reunión con operadores financieros locales e inversores extranjeros, tras el recorte de la tasa de interés, Labat reiteró que es posible consolidar una inflación baja en el país.

En ese sentido, afirmó que la inflación “no es una variable aleatoria”, y que “claramente” se ha mostrado que Uruguay puede controlarla “si se hace lo que dicen los manuales y un poco más”.

La actual estrategia del BCU tiene como pilares “el compromiso con una inflación más baja”, la utilización de la tasa de interés, “el fortalecimiento de la transparencia en la comunicación”, la desdolarización y la libre flotación del tipo de cambio, según se ha indicado.

Inflación, dólar y competitividad

La economista de Exante, Tamara Schandy, afirmó esta semana que “no es deseable ni sostenible” que la inflación sea baja con “una disociación permanente del componente transable y no transable del IPC”.

En ese sentido, señaló durante una entrevista con En Perspectiva que “una caída rápida y fuerte de la inflación es positiva para las expectativas”, y que “hay indicios alentadores en los últimos datos mensuales más allá del efecto dólar”.

Pero remarcó que “para pensar en un escenario ‘sano’ de desinflación, tenemos que ver al componente no transable moderarse más”. Ese componente del IPC no estuvo nunca dentro de la meta en los últimos 15 años.

“Eso es tremendo desafío dada nuestra historia y depende en buena medida de la consistencia entre las distintas líneas de la política macro (monetaria, fiscal y salarial)”, dijo.

“En nuestra visión, la coordinación entre políticas macro es central para que la desinflación no dependa tanto del canal cambiario y no sea excesivamente costosa en términos de competitividad y crecimiento de la actividad”, añadió.

Tipo de cambio y palos del campo

En las últimas semanas se multiplicaron los reclamos de sectores agro-exportadores por la pérdida de competitividad internacional que entienden  se ha acentuado en el último tiempo con la caída del tipo de cambio.
Uno de los últimos planteos lo realizó el presidente de la Asociación Rural del Uruguay, Patricio Cortabarría, que apuntó al costo del Estado. “Los US$ 2.500 millones de más que el Estado está gastando con respecto a lo que recauda es lo que nos genera esta caída en el tipo de cambio (…) Esos US$ 2.500 millones se cambian a pesos y son volcados a la economía para pagar costos que deprimen el valor del dólar haciéndole perder competitividad a los sectores más pujantes de la economía nacional”, dijo el empresario en la Expo Rural Melilla.
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