14 de junio de 2019 5:03 hs

Dicen que el término se inauguró en una escena de una de las primeras temporadas de Friends. Que fue Joey, en una de sus ya clásicas cargadas a Ross, el que la mencionó por primera vez. Pero la famosa sitcom quedará para más adelante, porque antes vamos a hablar de Game of Thrones. ¿Se acuerda de ella? Esperemos que sí, porque era una buena serie. Si no la recuerda, no hay problema: básicamente se emitía por HBO, tenía a algunas familias medievales con y sin dragones luchando por un reino ficticio, y hasta hace no mucho disparaba toda clase de comentarios, debates, enojos, alegrías, spoilers y lágrimas. A pesar de que su última temporada fue un tanto polémica, la serie cerró con mayor o menor dignidad los arcos de todos sus personajes, y es allí donde está el nudo de la cuestión, la primera base de esta nota, la puerta a un mundo en donde la amistad funciona como cerco para el amor: en medio de la maraña de nombres y personajes estaba el señor Jorah Mormont, un caballero a las órdenes de la incendiaria Daenerys Targaryen; un caballero que la sirvió, la acompañó y la defendió durante toda su etapa conquistadora. ¿Y por qué es Ser Jorah el encargado de abrir este texto? Porque aunque el pobre hombre no era uno de los personajes protagónicos de la fantasía medieval, tenía una cualidad –o un problema– que lo distinguía de los demás: la palabra “friendzone” tatuada en la frente con un marcador invisible. A pesar del amor que le profesó a la madre de los dragones, esta nunca pudo verlo más que como su mejor amigo, la persona más confiable sobre la faz de la tierra y un leal súbdito. ¿La frase que terminó de condenar y deprimir el corazón de Ser Jorah? Una de la cuarta temporada: “Sos mi consejero más confiable, mi general más valioso, mi amigo más querido”. Después de eso llegaron los memes. Y Ser Jorah se convirtió en el lord supremo de la friendzone.

Pero se está dando por sentado que se sabe bien de qué estamos hablando y puede que no, porque aunque el sentimiento es antiguo, el término es reciente. ¿Conoce la sensación de estar enamorado de alguien y que ese alguien no le corresponda con amor, sino con una amistad sincera y real? ¿Alguna vez tuvo una relación íntima con otra persona, pero no tan íntima como para romper con la barrera del “solo amigos”? ¿Se estancó en la zona durante años o dejó a una persona empantanada allí? Eso es la friendzone. En España le dirían que es un o una “pagafantas”. En Latinoamérica todavía buscamos nombre propio, aunque aceptamos el anglosajón.

Meterse en este terreno es tocar de alguna manera la interminable discusión de si existe o no la amistad entre el hombre o la mujer. Aunque todo indica que la posibilidad de este vínculo es real, cuando la friendzone aparece es una señal de que, al menos para una de las partes, la amistad por la amistad se terminó. Hay otro interés, otra intención, y nada tienen que ver con quererse solo como amigos. 

Sobre esto, hay una frase en el libro Mil de fiebre, del uruguayo Juan Andrés Ferreira, que dice que la amistad es una sala de espera. Puede ser discutible o no, pero lo que está claro es que la aparición de la friendzone convierte la cita en una realidad para quienes estén remando esas aguas. Y a veces, la sala de espera puede no tener un final.

Pero para terminar con la ronda de definiciones e ingresar en el terreno de lo empírico, una explicación de la friendzone a cargo de la escritora y guionista Inés Bortagaray, que justamente centró una de sus columnas quincenales en el programa No toquen nada, en Del Sol FM, alrededor de este fenómeno: “Es una situación en la que alguien tiene un interés romántico o sexual sobre otra persona, y en la que ese interés no se ve correspondido. Y tiene todas las combinaciones posibles: amigo-amiga, amigo-amigo, amiga-amiga. En ella el derrotado o la derrotada queda confinado a una especie de corralito de la amistad, y es un asunto tiene larga data y mucho que ver con la comedia romántica, con el desencuentro que funciona como principio activo de ese género en los noventa”. Enseguida, Bortagaray menciona una lista de películas y al mencionado capítulo de Friends. Que es, también, lo que sigue a continuación acá.

Dilemas de “la zona”

Rachel se acaba de ir. Antes le pasó la mano por el pelo a un enamorado Ross y le dijo que era “genial”. Joey los mira de lejos. “Nunca va a pasar”, le dice al otro, que sigue embobado. “¿Qué?”, pregunta Ross, “¿Por qué no?”. “Porque esperaste demasiado y ahora estás en la ‘zona de amigos’”. “No, no, no estoy en la zona”. “Tenés razón. Sos el presidente de la zona”.

El episodio es el séptimo de la primera temporada y se titula El del apagón. Allí nació la friendzone, tal y como la conocemos hoy. A lo largo de esa década y la siguiente, el monstruo fue alimentado por una concatenación de seriales, telenovelas y películas –sobre todo, las comedias románticas a las que hacía referencia Bortagaray– y con eso el término se fue consolidando. Personajes, historias, enredos, todo fue engrosando el legajo del concepto, e incluso el fenómeno fue más allá y terminó impulsando un programa de MTV que, bajo un formato estilo reality, buscaba romper con un par de friendzones por capítulo. De seguro fue un éxito, porque tuvo cinco temporadas de 20 capítulos cada una. Y de seguro estaba todo armado, pero eso no lo podemos comprobar.

Y así la cuestión se instaló. De seguro una breve consulta en cualquier grupo de amigos, hombres o mujeres por igual, arrojará resultados interesantes sobre el tema. Por ejemplo, de 10 personas de ambos sexos consultadas para esta nota, todos dijeron haberse “sentido dentro de la zona” alguna vez. En la mayoría de los casos, el resultado fue de un debilitamiento en la relación una vez que una de las partes confesó su amor. Pero no siempre. Uno de los participantes, por ejemplo, mencionó el caso de un amigo, que logró romper con “la zona” y terminó casándose con su mejor amiga. Algo que al parecer es poco frecuente, pero que pasa.

En torno a esos amagues y finales truncos parecen nuclearse la mayoría de las preguntas que aparecen cuando hablamos de este fenómeno: ¿Qué hacer cuando uno se siente dentro de la friendzone? ¿Romperla o resignarse a vivir bajo esa sombra? ¿Cuántas veces evoluciona exitosamente?

Pero el dilema más importante, sin embargo, parece ser otro: ¿Hasta qué punto la friendzone es compatible con las elecciones de las dos partes que forman la relación? ¿Se atiene a lo que ambos quieren? ¿Contempla lo que ambos necesitan? Y más aún, ¿la friendzone existe de verdad o es una excusa  un tanto cruel y apresurada para lidiar con el rechazo? 
Los medios extranjeros se han cuestionado poco la naturaleza de este sentimiento, pero un artículo del sitio Vice, por ejemplo, se alinea con este último razonamiento.  

“Usualmente, el amigo enamorado que se encuentra en esta ‘zona’ inexistente tiene un montón de gestos románticos. Es dulce. Encantador. Inofensivo. Porque él ‘sabe’ que están destinados a estar juntos, y si la sociedad les ha enseñado algo a los hombres, es que el que persevera, alcanza. Por supuesto que cuando una mujer tiene los mismos gestos románticos con los hombres que claramente no están interesados, es visto como algo desesperado y triste”. Más adelante, la publicación agrega que “el argumento de que los hombres también pueden poner en la friendzone a una mujer ya se ha usado, pero ignora una verdad universal: las mujeres no vemos a los hombres como opciones binarias, como un objeto sexual o un amigo. Las mujeres tienen relaciones complejas, confusas, satisfactorias y tumultuosas con otras mujeres, con los hombres y las personas de sexos diferentes. Naturalmente los hombres también pueden tenerlas, pero el tipo de hombre que reclama haber sido puesto en la friendzone te está diciendo explícitamente sus intenciones de tener sexo contigo”.

Un artículo de The Guardian publicado en 2017, en tanto, va por un camino similar y establece que en la psicología se ha encontrado “que un hombre que tiene una relación de amistad con una mujer tiene más probabilidades de verse sexualmente atraído a ella que ella a él, y tiene significativamente más chances de sobrestimar el interés sexual de la otra parte”. 

Pero a pesar del paso del tiempo y las actualizaciones que la agenda de derechos ha desplegado en la sociedad –una publicidad de Sprite titulada Tu amigo te tiene ganas y emitida durante los primeros años de los 2000 hoy no tendría cabida en la televisión, por ejemplo–, la friendzone hoy parece estar oscilando entre la aceptación de quienes dicen haberla experimentado de manera triste y frecuente, y esta nueva capa analítica que la presenta como algo inexistente o, al menos, una invención para prolongar ciertos comportamientos machistas. 

Lo que sí está definido, y de manera clara, es que la ficción nos seguirá entregando más Jorah Mormonts, más Severus Snapes y más Forrest Gumps, más Ross. Porque como bien dice Bortagaray en su columna, la friendzone funciona bastante bien como problema argumental y nudo a resolver en  muchas de las historias tragicómicas que nos llegaron y nos siguen llegando. Mientras esas historias no se entrecrucen con los dilemas reales y morales que parece acarrear el fenómeno y sus derivados, al menos nos podremos reír de sus memes por un rato. 

Top 4 de empantanados en la friendzone
Jorah Mormont - Game of Thrones
Lord supremo de la friendzone. Años lidiando con un amor no correspondido por Daenerys y permanentemente humillado por sus otros amantes.
Severus Snape - Harry Potter
Un amor de toda la vida que se escondió detrás de una amistad de toda la vida. Una triste historia que terminó mal para todas las partes.
Forrest Gump - Forrest Gump
Forrest nunca tuvo muchas luces, pero siempre supo que amaba a Jenny. Ella no le hizo mucho caso y lo quiso siempre como amigo, hasta que, al final, ambos se casaron. ¿Final feliz?
Éowyn - El Señor de los Anillos
Un crush instantáneo con Aragorn en El Señor de los Anillos: las dos torres la hizo intentar romper con “la zona” en cuanto lo conoció. No tuvo mucha suerte pero la historia de esta guerrera de Rohan termina bien.

Friendzone rusa. En 1848, Fiódor Dostoyevski publicó lo que posiblemente sea una de las primeras aproximaciones a la friendzone de la literatura: Noches Blancas. En esa historia, el autor retrata a un joven de 25 años de San Petersburgo que se enamora de una mujer –Nástenka– que lo considera “su amigo, su hermano” hasta el final de sus días.

Para ver. Dos comedias románticas de este siglo que exploran este tópico son Just Friends (2005), con Ryan Reynolds y Amy Smart, y What if (2013), con Daniel Radcliffe y Zoe Kazan. Curiosidad: en español ambas se llaman igual, pero con y sin signos de interrogación –Solo amigos y ¿Solo amigos?, respectivamente–.

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