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La juventud, ay, divino tesoro

Dicen los viejos que la juventud está perdida. Que ha perdido el gusto, que ha perdido valores, que ha perdido la magia. Dicen y, lamentablemente, a veces tienen razón.

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09 de octubre de 2012 a las 00:00

Es evidente la falacia de que todo tiempo pasado fue mejor. Porque eso depende de cómo le haya ido a cada uno en la feria. Si yo la estoy pasando mejor que a los veinte años es asunto mío y no del cambio de las modas ni de la cantidad de bombas que se tiren en el mundo. Pero echele una mirada a esas personas que tienen menos de, pongamos, 25 años y que conservan el derecho inalienable de considerarse jóvenes.

Acuérdese de los veinteañeros de hace treinta o cuarenta años atrás. Compare la cantidad de libros que hojean esos muchachos que usted tiene ahora alrededor y saque la cuenta de las lecturas que frecuentaban aquellos chiquilines en el tiempo en que usted era un chiquilín. Le hablo a usted porque me resulta bastante dificultoso tirarle una pared a estos muchachos sin que me devuelvan un ladrillo.

Sobre esos desencuentros, la escritora Doris Lessing decía lo siguiente: "Si me siento al lado de alguien de mi generación y le digo ¿recuerdas...? las palabras que pronuncio se entrelazan con los acontecimientos que alberga la memoria de esa persona, y de algún modo el aire que hay entre nosotros cobra vida y escucha. Dile las mismas palabras a alguien más joven y será como arrojar piedras al mar".

En su canción Noticias 5 de diciembre el cantautor Fernando Cabrera -de pie- también habla de esa brecha muchas veces infranqueable. "Te hablo joven de adelante y uso un español antiguo, llevo este pequeño museo, que puedes recibir en tu pantalla, que puedes ignorar con tus amigos".

Por supuesto, se le iba la mano a aquel "pensador" que decía "los jóvenes piensan que los viejos son tontos; los viejos saben que los jovenes lo son". Y la diferencia tampoco pasa porque antes se dijera “qué va” o “jariola” y ahora “ah no, manzana”. No sé cómo decirlo sin que se malentienda pero, hablando mal y pronto, muchos de los jóvenes del siglo XXI parecen viejos recalcitrantes. Estaqueados en lo suyo y sin ninguna posibilidad de escaparse de esa inmovilidad que, entre otras cosas, incluye la presencia de ciertas taras que atentan contra insumos básicos como la comprensión lectora.

Usted me dirá que no todos los jóvenes son iguales. Y yo le contestaré chocolate por la noticia y seguiré con el relato.
Las evidencias científicas acerca del avance o el retroceso en la inteligencia de los adolescentes no le agregan demasiado a la cosa. Anda por allí un estudio realizado recientemente en Londres, que midió la habilidad de los jóvenes de 13 y 14 años para pensar racional y lógicamente. La investigación comparó a 800 adolescentes sometidos a similares experimentos en 1976.

Los resultados mostraron que una cuarta parte de quienes entonces tenían 14 años podían pensar de forma analítica mientras que ahora sólo puede hacerlo un 10%. La investigación destacó que las respuestas de los adolescentes se están volviendo más rápidas, pero carecen de la habilidad necesaria para pensar en profundidad. "No son capaces de apartarse de la realidad y la razón", dijo uno de los investigadores. Se supone que esas carencias mostradas a tan corta edad, nos anotician de un futuro igual de pobre en los años venideros.


Finalmente, lo invito a salir de la academia para ver el video que acompaña esta insolvente historia mínima. Se trata del estreno de la canción Fiesta de Joan Manuel Serrat. Y cuando decimos Serrat decimos Gardel, Lepera, los guitarristas y el que cortaba las entradas.

Para los serrateanos, esta grabación es un hallazgo precioso encontrado en esa maravilla que es youtube. A quienes no lo son, le resultará indiferente. Y a la mayoría de los jóvenes, me temo, le sonará ridículo y antiguo. A la mayoría de los jóvenes de ahora, digo. Porque si usted se fija en la platea del recital de Serrat del año 1969 que aquí se ofrece –el Joan Manuel tenía por entonces 25 añitos y una pinta de película- verá a una cantidad de adolescentes y veinteañeras chillando de gozo mientras el catalán canta aquello de “…y con la resaca a cuestas vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza y el señor cura a sus misas, se despertó el bien y el mal…”.

Hoy los gurises se bambolean mayormente con David Guetta y con Agapornis (búsquelo en Youtube y luego pida socorro), saltan con Justin Bieber y se quedan hipnotizados ante la primer pandereta que se les cruce en el camino. Estoy generalizando, claro, y además hay mucho adulto con gustos igual de espantosos. Pero eso es otra cuestión.

Por eso, antes de que esta crónica pierda total veracidad debido a sus discutibles argumentos, y ya que está ahí leyendo en su computadora, busque a los veinteañeros más próximos a la pantalla y pregúnteles qué leen, qué escuchan, qué películas miran. Y entonces, tal vez, deje de preocuparse por el mundo que le estamos dejando a los jóvenes para empezar a preguntarse en qué manos estamos dejando el mundo.

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