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La muerte y los niños: como Disney y Pixar aciertan en el mensaje

Es uno de los temas más complicados de explicar a los más chicos, pero las películas animadas lo han logrado con maestría

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27 de enero de 2018 a las 05:00

Allí, en la oscuridad de la sala, tuvimos miedo. Fue un pestañeo, una escena colgada en una retina todavía demasiado verde. Casi sin darnos cuenta, perdimos la inocencia. La muerte se convirtió en algo muy real, tan real como el pop que comíamos mecánicamente o la mano de nuestra madre que aferrábamos con fuerza. Era un miedo que muchos no conocíamos hasta ese momento. Era temor a lo desconocido, a lo que habría después de un velo que hasta ese instante no existía en nuestra mente, pero que ahora unos trazos en movimiento en una pantalla gigante habían corrido. Fue ver a la madre de Bambi agonizar por una bala humana; fue ver al poderoso Mufasa caer y caer entre antílopes mientras Simba gritaba de dolor desde el acantilado; fue ver como la madre de Nemo desaparecía entre las fauces de una barracuda implacable que lo dejaba medio huérfano y sin hermanos.

La muerte siempre estuvo. Forma parte de nosotros, de nuestra naturaleza. Para algunos es más fácil aceptarla, otros conviven con ella durante toda la vida sin saber cómo administrar el dolor o el miedo. Descubrir la muerte es un hecho bisagra para cualquiera; saber que no somos para siempre nos cambia. Comenzamos a experimentar y vivir de forma diferente los años de vida que se nos dan. Y el arte, como manifestación del alma humana, siempre estuvo atento a ese fenómeno inherente a nuestra condición como seres finitos. Los casos de películas que se basan en ella son muchísimos, pero es particular la atención que Disney –y especialmente Pixar en sus producciones más destacadas– le han puesto a este tema.

Porque si comunicar la muerte ya es un tema delicado, hacerlo para niños pasa a ser una empresa temeraria. Una escena mal ejecutada puede torcer la infancia de ese niño que mira, con ojos bien abiertos, lo que sucede en pantalla. La responsabilidad, en ese sentido, es enorme.
El último ejemplo de cómo hacerlo bien está muy fresco. En los ojos y en el corazón.

Aprender a no olvidar

Los créditos aparecen. "Coco", dicen, una película de Lee Unkrich y Adrián Molina. Mientras suena Remember me en la voz de Miguel y Natalia Lafourcade, algunos se secan lágrimas porfiadas que no se contuvieron durante la función. Las luces se prenden y, mientras se van, la palabra "memoria" ocupa cada cabeza.

Coco es la última apuesta de Pixar y está en las salas uruguayas desde hace algunas semanas. Su historia se convirtió en una de las propuestas más sólidas de la temporada. Con personajes empáticos, un recorrido emocional conmovedor y la música que se pega y no se olvida, la producción de Pixar encontró un lugarcito en el corazón de quienes fueron a verla. Pero más allá de sus visuales espectaculares y demás características que hacen de ella una gran película, se encuentra su mensaje sobre la muerte.

"Escuchen", dice la película. "Aprendan a recordar. Su memoria es la clave para que la muerte, al final, no sea definitiva. Solo el olvido lo es".

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Es duro no recordar a las personas que estuvieron antes que nosotros. Su huella es fundamental para entender el lugar de cada uno en el mundo. Eso en Pixar lo saben bien. Y es lo que quieren transmitir, sobre todo a los niños. En Coco, el acercamiento a la muerte no es traumático, sino didáctico. Los niños que se adentren en la historia de Miguel en la tierra de los muertos podrán entender que ese no es el fin y que el respeto por quienes nos precedieron es fundamental. Y que la memoria y el recuerdo son armas poderosas.

Una nota de El País de Madrid, por ejemplo, catalogó a la producción como "una educación para la muerte", un concepto que da en el punto indicado de la cuestión. Coco es una película que osa estructurarse alrededor de un tema traumático, y lo hace desde el punto de vista más positivo que existe, el de la enseñanza. El mensaje llega claro y su incidencia en los niños resulta efectiva. Por eso la película que más se involucra con uno de los temores humanos más profundos es una de las mejores cosechas que han salido de la fábrica Pixar.


Sentarse a ver y hablar

En el camino de la compañía hay muchas más enseñanzas sobre cómo aceptar la muerte y traducirla luego a los niños. En Up: Una aventura de altura, la vida del anciano Carl cambia rotundamente cuando su compañera de vida se muere.

aventura de altura
Ellie y Carl, protagonistas de una de las escenas más duras de Pixar
Ellie y Carl, protagonistas de una de las escenas más duras de Pixar
En una secuencia de apertura devastadora, el espectador infantil ve cómo se conocen, cómo compran su primera casa, cómo envejecen y cómo la felicidad se hace cuesta arriba cuando uno de los dos deja de existir. Pero la película, a pesar del golpe a las entrañas que propone en el inicio, termina siendo un aprendizaje sobre dejar ir y encontrar nuevas experiencias que hagan que vivir valga la pena.

Los casos de películas que se basan en ella son muchísimos, pero es particular la atención que Disney –y especialmente Pixar en sus producciones más destacadas– le han puesto a este tema.

La muerte y el abandono también están presentes en Buscando a Nemo, en Intensa-mente o en Toy Story 3 (que tiene una escena estremecedora sobre aceptar la proximidad de la muerte), y no hace falta ni mencionar los clásicos de Disney, donde parece que esta instancia tiene más protagonismo que en cualquier otro estudio de animación. Pero si se abre el paraguas un poco más, existen otras empresas que han abordado el tema con efectividad, como el estudio Ghibli (con Hayao Miyazaki a la cabeza) y la más o menos reciente Laika, que en 2016 estrenó Kubo y la búsqueda samurái, otra película sobre aceptar la partida de los seres queridos.

Tener estas historias a mano es una herramienta muy útil para hablar del tema con los niños. Según un estudio de la Universidad de Buffalo –publicado por el medio británico The Guardian en octubre del año pasado–, sentarse a ver películas como El Rey León, Buscando a Nemo o Coco es una vía efectiva para introducir esta cuestión tan trascendental en las mentes infantiles. En el estudio, los expertos analizaron 57 películas de Disney y Pixar. Y descubrieron que 71 personajes morían en ellas.

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"Son conversaciones importantes que hay que plantearse. Esperar que tengan una edad avanzada para hacerlo puede comprometer sus experiencias futuras. Por eso, el abordaje a través de estos filmes es una de las opciones más adecuadas", asegura Kelly Tenzek, una de las investigadoras.

La muerte de Mufasa en El Rey León siempre será dura. Las lágrimas de Simba lo son. Pero así como él aprendió que los que se mueren viven con nosotros si los recordamos y hacemos honor a sus enseñanzas, los niños pueden llegar a entender que la muerte es un paso inevitable que todos deben dar y que se debe aprender a aceptarlo desde pequeños.

Por eso, cuando en la oscuridad de la sala donde proyectan Coco sienta la mano de su niño apretando con fuerza la suya, entienda que el momento llegó. Y que el cine estará allí para ayudar a poner la muerte en su lugar.
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