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Déborah Rodríguez

Polideportivo > ATLETISMO

La nueva vida de Déborah Rodríguez

Hizo terapia para superar la crisis que le dejó Río 2016, se fue a Estados Unidos y cambió de prueba

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28 de diciembre de 2017 a las 19:30

"Si me dedicara solo a correr tendría el doble de resultado", dijo Déborah Rodríguez. La serie del 800 m de los Juegos Olímpicos recién terminaba y la uruguaya estaba afuera de semifinales. En caliente, soltó esa y otras frases que hicieron mucho ruido y generaron molestias. Después escuchó un huracán de críticas. Se encerró. Lloró. Se angustió. Vio cómo algunos auspiciantes le dieron la espalda. Y hasta dudó en seguir en esto del atletismo.

Pasó más de un año y Déborah tiene ahora una sonrisa de oreja a oreja. "Pocas veces estuve tan feliz como estoy ahora", le dice a Referí en el gimnasio One, en el barrio Palermo. Se la escucha como siempre: pasional, determinada, orgullosa, radiante.

La catarsis

Una página, la más dolorosa de su carrera, se cerró. Terapia mediante.

"Pasé una de las peores situaciones de mi carrera. Entrenás cuatro años en un ciclo olímpico y cuando llega ese momento das todo, pero no te alcanza. Tal vez la preparación no fue la mejor porque estaba buscando la marca en el 400 vallas y había clasificado en 800 m, fue un año incómodo. En esa zona mixta terminé llorando porque estaba muy caliente y por hacerme la dura dije cosas desafortunadas porque estaba súper mal, súper triste", recuerda.
"Todos los seres humanos cuando estamos frustrados decimos cosas sin pensar, me equivoqué y eso lo aprendí durante todo ese proceso. Pasé por una crisis bastante fea, estuve uno, dos meses sin entrenar, pensando, llorando, mucho tiempo mal, no sabía qué hacer. Fue una situación bastante impactante para mí, pero pienso que las personas necesitamos a veces pasar por esos procesos para hacernos más fuertes", dice mirando a los ojos.

"A la larga la situación de Río me fortaleció, hice terapia con mi psicólogo Jorge, que es argentino, un genio, y me ayudó a pensar y decidir qué quiero hacer. Yo corro desde los cuatro años, desde que tengo uso de conciencia, es mi vida correr, soy esto y sé que tengo lo necesario para seguir creciendo en este deporte. Pensé en dejar hasta que me dije: '¿Cómo voy a dejar de correr si es lo que amo, si es mi pasión? Todo lo que tengo en mi vida es gracias al deporte". Así fue su proceso de catarsis.

Un cambio drástico

Un buen día encaró a su entrenador Andrés Barrios y le dijo que quería hacer un cambio drástico en su vida. Irse a otro nivel.

Su destino requería de visa: IMG Academy, de la ciudad de Sarasota, estado de Florida, Estados Unidos.

"Barrios me dijo que estaba de acuerdo. Llevo 11 años con él, es como un padre para mí y todo lo que logré en el atletismo se lo debo a él. No solo me apoyó sino que estuvo de acuerdo conmigo y me abrió las puertas para volver cada vez que retorne a Uruguay como ahora", revela.

Por eso, lo primero que hizo Déborah al volver la semana pasada a Uruguay para pasar las fiestas fue ir a entrenar al Campus de Maldonado, con Barrios.

"Me fui en octubre, no fue una posibilidad que surgió sino que yo la generé", dice. De las competencias internacionales conoce al renombrado entrenador estadounidense Loren Seagrave al que en agosto, durante el Mundial de Londres, le planteó la posibilidad de ir a su academia.

Luego trasladó el planteo para solventar los gastos a la Secretaría Nacional del Deporte. "Tuve una reunión con Fernando Cáceres y Alfredo Etchandy en la que me dieron todo su respaldo, apoyo y confianza", explica.

Nike, Herbalife, Stiler –los auspiciantes que siguieron respaldándola tras Río 2016–, el Comité Olímpico Uruguayo y el Ministerio del Interior también sumaron sus apoyos para el nuevo emprendimiento.

El salto de calidad

Y hoy, a los 25 años, Déborah está más motivada que nunca para empezar a escribir nuevas páginas con esos colores brillantes que se reparten en los podios.

Infraestructuras de primer nivel (con sectores de recuperación, fisioterapia, cámaras hiperbáricas, piscinas de hielo, piscinas de agua climatizada, estructuras de recuperación con implementos, área médica, nutrición y psicología además de gimnasio y pista de primera), accesibilidad a competencias de jerarquía, cercanía para entrenar en la altura, rivales que le permitan superarse y compañeros de equipo de talla olímpica y mundial pasaron a formar ahora parte de su día a día.

"Estoy con los mejores del mundo", dice y le brillan las pupilas.

En la academia IMG entrenan el sueco Michel Torneus, medalla de bronce en salto largo del mundial indoor de Sopot 2014, la rusa Daria Klishina, única de su país habilitada a competir en Río 2016 en atletismo, la cubana nacionalizada italiana Libania Grenot, finalista olímpica en 400 m en Río, Richard Thompson de Trinidad y Tobago que fue medalla de plata en Beijing 2008 detrás de un tal Usain Bolt en 100 m llanos y la bielorrusa Alina Talay, semifinalista en 100 vallas en Río.

Con esta última comparte apartamento, cerca de la academia. "Voy a entrenar en bicicleta y es una ciudad muy tranquila, con mucha gente mayor, con una vida rutinaria: perfecta para entrenar. No hay mucho para hacer: solo entrenar, descansar y volver a entrenar. Me cambió la vida". Para muchos eso sería un infierno. Para ella es el paraíso.

"Esa energía y motivación de entrenar con los mejores del mundo motiva mucho. Son súper profesionales, detallistas y eso era lo que necesitaba: motivación, profesionalismo, que estén conmigo todo el tiempo. Estados Unidos es La Meca del atletismo mundial", dice.

En la academia se practica básquetbol, fútbol, hockey, lacrosse, tenis y atletismo donde Seagrave es el entrenador en jefe, pero en el área de atletismo hay otros seis técnicos trabajando por especialidades.

Déborah se presentó como corredora de 400 vallas y también de 800 m. Tras Río 2016 dijo que se iba a volver a enfocar en las vallas porque esa era su prueba. Sus entrenadores la dejaron optar diciéndole que en 800 m tiene mucho por crecer y que en el 400 vallas tiene ciertos defectos técnicos que por su edad ya no la dejarían progresar mucho más.

Por eso optó por el 800 m donde entrena con Dustin Spenbauer. A fines de febrero tiene previsto arrancar la temporada y correr en el entorno de su récord nacional (2.01.46). Para eso ya entrena los siete días de la semana en triple horario. "Se viene una Déborah renovada", dice. Ahora a las risas.

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