El comportamiento en la vida cotidiana > COMPORTAMIENTO

Las exequias

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10 de julio de 2020 a las 05:00

Gustavo Adolfo Bécquer quiso dejarnos una consideración sobre la muerte con su mente romántica. Nos ayuda a pensar en este caminar nuestro por el mundo y en el encuentro con la muerte.

Hay toda una tradición sobre ella. Algunos piensan que es un culto pero no lo es. Cuando muere una persona se recrean usos y costumbres familiares afectuosamente guardadas. El tiempo no puede borrarlas. Es el cariño que se vuelca con un cuerpo que fue templo de un alma. Por eso se lo honra con la mayor dignidad y respeto.

Los mayores conservamos muy nítidas las escenas de los entierros de otros tiempos. Llevan muy unidas la fe y la creencia firme en otra vida.

Los  cuerpos de los difuntos eran retirados  de las casas mortuorias para  ser llevados al cementerio. Se utilizaban carruajes tirados por caballos. Tiempo después fueron reemplazados por vehículos con diferentes formas externas. Hoy, un coche fúnebre es una mezcla de ambulancia y transporte elegante. A veces se quiere esconder en ellos todo símbolo que recuerde la muerte. El sentir popular sin embargo, distingue rápidamente el paso de un entierro. Ante el mismo, rezamos, nos santiguamos. Cuando un cortejo llega al cementerio es recibido por un sacerdote. Se inicia una corta procesión hasta la capilla. Desde allí se va hasta el lugar donde sería depositado el féretro. El sentido religioso está presente en las ricas palabras de la liturgia portadoras de paz y de consuelo. Por diversas circunstancias la rapidez quiere a veces imponer sus leyes ante el dolor y el llanto.

Sin embargo, en los últimos años, se observa como un regreso a las antiguas formas. Es la tarea gigantesca por dignificar los momentos en que el cuerpo mortal vuelve a la tierra. Desde mi punto de vista, no puedo menos que elogiar a quienes están inmersos en esa tarea de presentar todo lo relativo a los difuntos con la mayor dignidad. Las honras  fúnebres, solemnes o sencillas, no pueden dejarse de lado. Por eso, cuando vemos el surgimiento  de cementerios privados, observamos también cómo allí se cuidan delicadamente las formas. Las empresas funerarias se encargan de todo aquello vinculado a los entierros, pero el cementerio tiene sus normas. Hay calma, hay sosiego-Nadie da órdenes imperativas. A lo más es una suave sugerencia dicha en voz baja. Es el descenso del féretro en la fosa, los puñados de tierra o los pétalos de flores que se arrojan sobre él. Es el adiós.

Mucho es lo que se puede hacer por dignificar todavía más los últimos servicios que se prestan a los muertos. Es de alabar también el comportamiento respetuoso de las personas que se desempeñan en los cementerios públicos y privados. Todo lo perteneciente al entierro y a las exequias fúnebres entra dentro de lo funerario. Es dar a los muertos el afecto y la honra que les debemos siempre.  

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