Opinión

Las nuevas formas de oposición

La coalición se deberá enfrentar a una resistencia que excede el debate parlamentario, mucho más efectiva y de dialéctica corrosiva

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25 de febrero de 2020 a las 05:00

La derrota electoral del Frente Amplio lo ha privado del recurso de exhibir el mandato democrático para imponer sus convicciones, pese a que su accionar no siempre se rigió de acuerdo con esos principios, por la especial mecánica de su politburó interno.

También lo obliga a mostrar, aunque sea en las formas, un acatamiento a la decisión ciudadana, que expresamente ha apoyado programas, propuestas y leyes que fueron comunicados profusamente durante la campaña electoral.

En la práctica, una vez que ha decidido y transmitido su relato de que se trata solo de un tropezón quinquenal, no un auténtico cambio de rumbo votado por la ciudadanía, su objetivo será ahora minimizar el retroceso en su proyecto estatista y torpedear cualquier intento de volver al capitalismo.

A la oposición parlamentaria, inconsecuente pero demorosa, suma ya tres líneas de acción evidentes para la resistencia: la acción sindical, la prédica dialéctica y la apuesta a las discrepancias internas en la coalición, que tratará de inducir.

El PIT-CNT, que no ha resignado su autoasignada misión de auditor del gobierno, que ejerciera por afinidad y por su supuesta superioridad ideológica durante los 15 años frenteamplistas, no por su representatividad, ya ha comenzado a opinar sobre temas que no son de su competencia, como la tasa de sustitución de vacantes estatales, tratados comerciales o cuestiones de política internacional. Y hasta desoye a la OIT en temas como las ocupaciones o la presencia del Estado en los consejos salariales. Claro que puede opinar sobre lo que guste, en la medida en que ello no se transforme en un accionar saboteador o en una guía para huelgas, paros u otras medidas de acción directa obstruccionistas. El Sunca ya ha arrancado con la peregrina idea de impedir el despido sin causa, lo que, además de ser potestad del empleador, tiene una indemnización contemplada por la ley en vigencia. Curiosa urgencia que surge justamente en el cambio de gobierno. Lo importante es fomentar el encono.  A su vez, los gremios docentes están listos para defender con paros su derecho a deseducar.

No es necesario volver a explicar al lector que este tipo de cuestionamientos sistemáticamente ahuyenta al inversor y reduce el empleo, cosa que a los gremios no le importa demasiado, porque no consideran su misión ayudar a crear más trabajo, sino mantener supuestas conquistas que los desocupados no gozarán nunca.

Estas amenazas y coacciones cobran más trascendencia cuando luce claro que Uruguay debe encontrar caminos nuevos para generar valor agregado y una inserción diversificada en el mercado global, que no pasa por sumar una etapa en el proceso agroindustrial. Simplificando, en vez de acurrucarse tiritando por el miedo a los drones, hay que tratar de fabricarlos. En esa idea, bien cabría proponer a los sindicatos, generadores seriales de desempleo, que sigan reinando sobre todo el formato antiguo de producción hasta fundirlo y que a cambio saquen su pie sobre todo lo nuevo, para luego comparar cuál es el sistemas que mejor resultado da. Pero como el marxismo & afines rechazan la evidencia empírica, todo lo que no fuera relato sería rechazado. El ariete sindical constituirá una fuerte y eficaz oposición a las reformas que tiendan a reducir el peso inútil del Estado, a promover la competencia y la creación de riqueza y a atraer inversiones y emprendedores.

Un objetivo inmediato es neutralizar el avance de la coalición en su primer año de gestión, en especial en los mágicos tres primeros meses. Allí cumple destacado papel la dialéctica de expertos ad hoc que se expiden en conferencias, entrevistas y artículos. Se hace hincapié en las críticas del informe de Fitch –una especie de FMI de segundo orden en la opinión pública oriental– que en una lectura interesada dice que la situación se ha agravado y que no parece posible evitar la aplicación de más impuestos. Buen argumento para usar como caballito de batalla en la andanada dialéctica que surgirá con el primer gasto que se intente eliminar, por mínimo que fuere. Obviamente con el soporte de paros y cifras dramáticas. Se ignora deliberadamente que las críticas de la calificadora se aplican a la gestión pasada, cuyos errores el Frente propone que se profundicen, tratando de curar al envenenado paciente con más veneno (habría que ver si no sería positivo que no fuera tan fácil contraer más deuda, lo que obligaría a pensar seriamente el país).

En tal intento, se va desde parangonarse con el batllismo nostálgico y hasta negativo hoy, a sostener que las propuestas del Frente se alinearon con las más modernas teorías socioeconómicas globales, lo que, además de no sostenerse con ninguna evidencia empírica seria, se refiere a las preferencias populistas de los pueblos y sus complacientes gobernantes, no a políticas exitosas. Habrá más de eso. Autores como Piketty mienten sistemáticamente sin que eso parezca importar ni los desmerezca ante la prensa mundial.

Como último recurso, se apela a que la coalición se termine fracturando como consecuencia de que no tiene las características internas poco democráticas del FA ni su hegemonía de partido único. Por eso le es tan importante impedir los logros en las etapas iniciales para dar más espacio a los intersticios de duda, ambiciones y resentimientos que suelen surgir en gobiernos multicolores, y de paso fomentarlos.

La columna ya había esbozado esta estrategia de resistencia inmediatamente después de los resultados de octubre. Por supuesto, la idea fue recibida con escepticismo porque es extraña a la conducta política oriental. Ahora se verá si es extraña a la conducta política frenteamplista. El autor amaría tener que pedir disculpas por su exceso de suspicacia.

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