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Leandro Salvagno: “Esta medalla de oro es un milagro”

A los 35 años, tras estar cuatro temporadas suspendido en Uruguay, el carmelitano volvió para liderar un bote que hizo historia ganándole el oro a las moles de Argentina y Cuba 

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14 de agosto de 2019 a las 05:01

Leandro Salvagno tiene un temperamento muy especial. Es competitivo, profesional y detallista. Juega siempre a ganador y cuando las cosas no salen su carácter le juega una mala pasada. Después de ser olímpico en Beijing 2008 y Londres 2012, el carmelitano buscó su plaza para Río 2016. Compitió en Tigre, Argentina, pero quedó afuera de la final A afuera de los puestos de clasificación. Tuvo que correr la final B y dominado por la frustración se bajó la malla de Uruguay. Las autoridades de la Federación lo tomaron como una ofensa y lo suspendieron por cuatro años. ¡Cuatro años! Y así nació una historia que terminó de color oro. 

“No lo hice como una protesta, lo hice porque estaba desilusionado, pero nadie fue capaz de preguntarme por qué lo había hecho. Me daba igual quedar séptimo o 12º. Volver a competir por Uruguay surgió de mí porque esa no era la forma para retirarme. Me quería quedar tranquilo conmigo mismo”, cuenta a Referí desde Orio, en el municipio de Guipúzcoa, en el País Vasco.

Salvagno se radicó en España en 2005, vive del remo y se hizo un nombre respetable en el competitivo norte español donde se compite en traineras. 

Era octubre de 2018 y Salvagno se comunicó con el entrenador argentino Osvaldo Borchi que había retornado a dirigir el remo uruguayo en 2015. 

Borchi ya lo había dirigido cuando en los Juegos Panamericanos de Santo Domingo 2003, Salvagno, de 19 años, ganó la medalla de plata del cuádruple par de remo junto a Ruben Scarpatti, Rodolfo Collazo y Andrés Medina. 

“Me dijo que si estaba bien iba a contar conmigo así que hice el selectivo en Melilla para el Prepanamericano y quedé seleccionado”, recuerda el remero. 

En diciembre de 2018, en Río de Janeiro, Salvagno se volvió a poner la malla de Uruguay y logró la plaza para los Juegos Panamericanos junto a Bruno Cetraro, Martín González y Marcos Sarraute. 

Uruguay entró tercero detrás de México y Argentina logrando la plaza para Lima 2019. Por el camino quedaron Chile, Perú, Venezuela, Estados Unidos y Canadá.

En marzo de este año, Cetraro, González y Sarraute se fueron a entrenar a la ciudad china de Changsha como parte de un acuerdo de cooperación que tiene suscripto Uruguay con China.

Salvagno consiguió a través de un patrocinador de su club, Orio, dinero para pagarse su propio pasaje. 

A la vuelta, el club vasco le abrió sus puertas a los otros tres remeros uruguayos para seguir su preparación. 

“No podían creer las instalaciones que tiene el club, que a los deportistas nos dan suplementos alimenticios, que tengamos fisioterapeutas, un gimnasio de primer nivel y que todavía le gente se paralice cada vez que hay remo. Acá no se ve un alma en la calle un domingo al mediodía cuando hay regatas. O van a la costa a verlo o están en los bares viéndola por televisión”, revela Salvagno. 

El proceso de entrenamiento fue muy duro. Sobre todo por el particular carácter de Salvagno.

“Tenemos personalidades y vidas muy diferentes. Yo tengo 35 años y ellos son muy jóvenes. Escuchan otra música, andan a los gritos cuando a mí me gusta estar tranquilo y en silencio. Vivimos en culturas diferentes y tuvimos muchos problemas y discusiones porque yo intentaba llevar el mando, llevar las sensaciones del bote porque ellos solo han remado en singles y dobles y acá se requiere más fuerza. Les quería hacer entender eso y cuando el bote iba mal, lo intentaba corregir pero luego me desquiciaba y pensaba que así no íbamos a ganar nada”, explica el carmelitano. 

González, quien compitió en los Juegos Olímpicos de la Jventud de Buenos Aires 2018, da fe de sus palabras: “Salvagno es serio pero a la vez amigable, pero tiene un carácter muy particular. Se calienta mucho y cuando se enoja se frustra y bancarlo arriba del bote era bravo porque el entrenamiento se hace denso porque el bote no va y él grita. Todos queríamos hacerlo mejor pero hay días en que el bote no va”. 

Salvagno hizo un esfuerzo enorme para llegar a Lima a tope: “En España entrenábamos de lunes a jueves por las mañanas y  luego yo me iba a la trainera con mi club donde competía los fines de semana. A veces los lunes eran como volver a cero y llegaba un punto que no me aguantaba”, se sincera. 

“Llegó un momento en que me dijeron: ‘Más vale que ganemos la medalla de oro sino te vamos a matar en Lima’”, comenta –ahora– a las risas.   

Todo empezó a fluir ya en Lima. “Los últimos 10 o 12 días en Perú los entrenamientos fueron de calidad y llegó la armonía. La clasificatoria fue rápida y la ganamos , pero nos dimos cuenta que Argentina y Cuba no nos fueron a buscar”, dice.

De los cinco botes clasificados, Brasil se bajó por la lesión de un remero. Y todo quedó reducido a cuatro botes por un podio. 

“Los físicos de los argentinos y los cubanos eran muy superiores a nuestro equipo. Nosotros éramos como los mexicanos.  Nuestra estrategia era salir fuerte y cuando nos fueran a buscar rematarlos”, indica. 

Uruguay le ganó el oro a Argentina por siete centésimas.  

Salvagno no lo duda: “Es un milagro. En Uruguay es todo muy precario. Fijate que en comparación al club por el que compito, que es una ciudad de 6.000 habitantes, estamos a años luz”, dice el carmelitano. 

“A Lima llegué con una capacidad de entrenamiento grandísima, se me hizo muy ameno, tenía la ilusión y físicamente estoy bien porque me he dedicado al remo toda la vida. Juntarme con jóvenes con otras ilusiones, muy admirables por las condiciones en las que entrenan, formó un gran equipo”, explica. 

González agrega en sintonía: “Sntí de parte de Leandro una confianza muy fuerte hacia nosotros y al tener tanta experiencia es como un capitán, saber que estaba confiado de lo que podíamos lograr generaba una fuerza en mí y eso nos contagió a todos”. 

Al final, a Salvagno le terminó gustando la cumbia, la plena y el reggaetón según González. 

Recibido como un héroe en Orio, Salvagno ya se puso a entrenar el martes porque todavía le queda un mes de temporada.  

“Por ahora solo pienso en eso. En Uruguay a lo máximo que se puede aspirar en el remo es a esto: una medalla de oro panamericana. Y la tengo en casa. Un Juego Olímpico sería muy lindo volver a vivirlo, pero no me hace tanta ilusión porque sé que el nivel es monstruoso y no voy a poder ir a competir. Así que solo pienso en terminar la temporada con mi club”, dice. 

“Haber logrado vivir del remo y hacer mi carrera de algo que me gusta, es una satisfacción muy grande”, explica. El año pasado se recibió de cheff pero no mira el futuro: “Todavía me quedan seis años más en traineras”. 

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