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Locales vacíos y poca venta: los comerciantes de Gorlero enfrentan crisis histórica

Empresarios y trabajadores sufren el impacto del cierre de fronteras y el límite horario, y esperan flexibilización por parte del gobierno en los próximos días

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06 de enero de 2021 a las 05:00

Desde Punta del Este.

El viento sacude las hojas de las palmeras de Gorlero, y eso se escucha. El tránsito es tranquilo a las cinco de la tarde de un día de semana al inicio de la temporada, la mayoría de los locales están vacíos, las colas en las heladerías no superan nunca las 10 personas, y varios bares, confiterías y tiendas de ropa tienen a su personal de brazos cruzados, contemplando el silencio exótico de la principal avenida de Punta del Este.

La escena puede parecer una metáfora fácil para representar la crisis económica inducida por la emergencia sanitaria, pero es expresión directa de la peor temporada turística de los últimos 30 años, según coinciden los comerciantes y lo ratifica a El Observador el presidente de la Cámara Empresarial de Maldonado. "Va a ser la peor de la historia", sentenció José Pereyra.

Lo será por la pandemia del coronavirus que mermó el turismo a nivel mundial, pero particularmente por algunas de las últimas medidas tomadas en diciembre por el Poder Ejecutivo ante el crecimiento exponencial de casos de covid-19. Entre ellas, el cierre total de las fronteras entre el 21 de diciembre y el 10 de enero, la obligación de cerrar a la medianoche que rige para todos los locales gastronómicos, la limitación del aforo para cuidar el distanciamiento físico, y el resto de las estrictas normas de los protocolos sanitarios.

Pero las más señaladas por empresarios y comerciantes son las primeras dos, las mismas que el intendente Enrique Antía ha observado como las más perjudiciales en distintos medios de prensa, en los que propuso al gobierno nacional introducir alguna flexibilización a partir de la segunda quincena de enero. Por ejemplo, que los pubs, bares y restaurantes puedan trabajar hasta la 1 de la mañana, y que se permita que "propietarios que hace años están en el país, que invirtieron y no han podido disfrutar de sus bienes" puedan vacacionar en el este, como reiteró este lunes en diálogo con El País.

Ignacio Sánchez no usa palabras para contar lo evidente. El mozo señala con el mentón las mesas y sillas vacías que tiene a su frente, en la confitería L'Eclair, en Gorlero y la 31. "La gente pasa y no consume" pese a la reducción de precios, dice. "Habíamos remodelado todo para hacer un pub; pusimos una barra, una chopera, y lo íbamos a hacer también en el segundo piso, hasta que cayó esto de que tenemos que cerrar a las 12".

El cierre a la medianoche es una referencia habitual entre los comerciantes de la avenida, que ven cómo no pueden aprovechar el consumo de un público casi uruguayo en su totalidad, y que por costumbre se queda hasta el atardecer en la playa y difícilmente busque un lugar para cenar antes de las 23 horas. Y con la cena vienen otros consumos, como helados, postres, tragos.

"Eso nos pasa mucho: a las once la gente empieza a salir, por lo que tenemos muy poco margen para vender. La gente viene a comer acá, o sino sale de los otros restaurantes y vienen por helados o postres. Por lo que esa parte de la noche la perdemos", dice David Sequeira, encargado de Pecas Café, en donde trabaja hace 10 años.

José Luis, propietario de The Coffee Point, prefiere centrarse en la apertura de fronteras, porque los clientes de su local suelen ser extranjeros, aunque agrega que la buena ubicación del café –en la esquina con la 29– ha compensado en algo el peor mes de enero que conoce.

Hecha la aclaración de que "lo sanitario es lo primero", explica entonces que desde el punto de vista comercial entiende que lo mejor sería permitir al menos el ingreso de argentinos y brasileños, para evitar quedar cercado por las dos disposiciones. "El uruguayo es más cauto a la hora de consumir, y además viene tarde a comer", lamenta el empresario, que prefiere no dar su apellido.

"Ojalá que las abran", dice sin entusiasmo sobre el cierre de fronteras Nicolás, uno de los propietarios de Amatistas de Artigas, un largo corredor blanco con collares y piedras a exposición, y vendedores sentados, todavía a la espera del primer cliente del día.

En la tienda La Ópera, donde tres vendedoras esperan recostadas en el mostrador, la encargada cuenta que el público extranjero suele comprar ropa de abrigo, algo que no hace el nacional. "Y efectivamente eso no se vendió", dice Fiorella Dellepiane.

Las estimaciones

Según un estudio de la consultora Radar publicado en diciembre, un 38% de los empresarios del departamento ya estaba analizando vender o cerrar su negocio. En el rubro de turismo la cifra es más alta: 57% es pesimista en cuanto a su futuro. Le sigue la de los empresarios del sector de industria y comercio –47%– y la de servicios, con 30% de emprendedores que evalúan terminar con el negocio.

"Una temporada que se presentaba con dificultades y efectivamente se está desarrollando así", reconoció a El Observador Martín Laventure, director de Turismo de la comuna, quien de todos modos asegura que es "optimista" de que la situación tendrá una "recuperación rápida" a partir del primer trimestre de este año, con la llegada de la vacuna al país y la población de la región en vías de inmunizarse.

En Gorlero algunos ya pusieron en porcentaje la peor temporada en décadas. El dueño de The Coffee Point calcula que vendieron menos del 50% que el año pasado en la misma fecha.

Sequeira, de Pecas Café, no tiene el detalle pero dice que su situación no escapa al promedio, y añade que mientras en enero de 2020 tenía a 30 empleados trabajando en el día, hoy tiene a 10.

Y Sánchez, el mozo de L'Eclair, dice que un día cualquiera de esta temporada –salvo en este fin de semana, que estuvo pegado a las fiestas– pueden llegar a vender 10 veces menos que la de 2020.

En la feria de la Plaza de los Artesanos la desazón es igual en todos sus comerciantes. Mientras saca de las cajas las joyas de plata que vende hace 35 años en el mismo lugar, Claudia cuenta que con su jefa hicieron el cálculo exacto de lo comercializado entre el 26 de diciembre y el último día del año pasado: 44,56% menos respecto a una temporada en la que ya habían vendido un 20% por debajo de la anterior.

"El turista que sirve es el argentino, que no anda midiéndose. Pueden protestar por los precios, pero igual compran", dice Claudia.

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