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2 de julio 2023 - 5:02hs

"Una cosa importante en la vida es que algunas metas son hasta el fin".

Martín Lasarte Topolanski llegó a Angola en 1990 como misionero, cuando la guerra civil ya tenía unos 15 años y duraría 12 más.

En ese momento, lo enviaron a la provincia de Moxico. 

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"Continuamente había bombardeos. Estaba minado alrededor de la ciudad", cuenta el sacerdote uruguayo a El Observador. "Era un lugar donde se pasaba mucha dificultad. Lo recuerdo. Comíamos una vez por día. Una sopa, esa era nuestra dieta en tiempos de guerra. Y bueno, estábamos presentes para acompañar a la población".

Después de un tiempo, y ya ordenado sacerdote, viajó a Roma, donde obtuvo, en 1995, la licenciatura en Sagrada Escritura. Entonces, volvió a Angola. Estuvo "muchos años" en la capital, Luanda, hasta volver a Moxico.

"Fue un trabajo muy lindo porque me tocó el final de la guerra. Trabajábamos mucho con los refugiados, con los desplazados de guerra y después con los exmilitares", explica. La labor con los exmilitares implicaba formarlos para su reinserción en la sociedad civil tras una guerra que empezó en 1975 —con la independencia respecto a Portugal— y terminó en 2002.

"Mucha gente había quedado en guerra sin la posibilidad de estudiar", por lo que hicieron tareas de "reeducación" y "alfabetización". Además, tuvieron que desarrollar una red de servicios sociales, sanitarios, de pozos de agua.

Justamente fue en la provincia de Moxico donde terminó la guerra. Allí murió el jefe de la guerrillaJonas Savimbi. 

La capital de esta provincia es Luena; ciudad de la que Lasarte es obispo, desde este sábado 1° de julio, cuando a sus 60 años fue nombrado por el papa Francisco.

Los salesianos en Angola

Lasarte es un sacerdote salesiano. La congregación tiene "una presencia muy grande" en el país africano. Los salesianos, que se encuentran en 43 países del continente, llegaron en 1981 a Angola. 

Ahora son unos 160 allí "con un promedio de edad de 33 años", cuenta Lasarte. La mayoría ya son "jóvenes angoleños que poco a poco van asumiendo esta responsabilidad de la misión de evangelización y educación", explica.

La congregación atiende a "más de 70 mil jóvenes" en escuelas –algunas con más de 5 mil alumnos–, de primaria, secundaria, educación universitaria; así como en centros de acogida y seguimiento para "chicos de la calle en situación de vulnerabilidad"; cursos de formación profesional para que jóvenes ingresen "en el mundo del trabajo"; parroquias y centros juveniles, enumera Lasarte.

Hasta este sábado, el sacerdote era el Superior de la Visitaduría Salesiana de Angola. Deberá viajar desde la capital del país, Luana, otra vez hasta Moxico.

Es una de las zonas más necesitadas de Angola, con problemas de educación, salud, infraestructura. Lasarte señala que desde el punto de vista misionero tiene "una enorme pobreza de personal, poquísimos sacerdotes en un área vastísima de 220 mil km2", donde "Uruguay entra casi dos veces".

Lasarte empezó allí su misión y ahora es el nuevo obispo.

La carta a The New York Times

En 2010, el sacerdote salesiano envió una carta al diario estadounidense The New York Times. Allí comentaba a un editor las "cosas positivas de la Iglesia" para colocar las noticias sobre la institución en "el contexto general del todo".

"El problema de pedofilia del que se habla es algo muy triste, real, verdadero. Hay que enfrentarlo. La Iglesia tiene que asumir sus responsabilidades", sostiene Lasarte. Sin embargo, para el sacerdote"no es un problema solo de la Iglesia, es un problema transversal de la sociedad".

"Pienso que a vuestro medio de información no le interese que yo haya tenido que transportar por caminos minados en 2002 a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola) pues ni el gobierno se disponía y las ONG no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y retornados; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 kilómetros cuadrados, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños...", dice la carta, según se encuentra traducida en la página web española Catholic.net.

"No es noticia que mi amigo, el padre Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la carretera; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región... Ninguno pasa de los 40 años".

Como el medio no publicó ese "comentario al editor", Lasarte se la envió a su tía, ella se la mandó a otra persona, esta persona a otra y así se volvió viral. Llegó a traducirse al chino, al coreano, al polaco.

El sueño de un misionero

Consultado sobre una escena que recuerde después de 30 años en Angola, Lasarte evoca su llegada a un campo de desplazados de la guerra.

"Éramos responsables en nombre de las Naciones Unidas en alimentación. 4 mil personas en un campo, 6 mil en otro", explica. Daban 26 kg de maíz, 5 kg frijoles, un poco de sal y un poco de aceite a cada familia. Le tenía que durar un mes a cada familia de hasta ocho integrantes. 

Un día, después de haber terminado la distribución, se les acercó a los misioneros Chifako, el anciano jefe del campo.

—Padre, aquí tenemos todavía hambre.

—Pero viste que ya distribuimos todo. No somos como el gobierno que distribuye una parte —le discutió Lasarte— No, todo fue distribuido claramente.

Chifako le sonrió.

—No, padre, no tenemos hambre de aquí —Se tocó la barriga— También tenemos hambre aquí —Se tocó el corazón— ¿Cuándo nos viene a celebrar una misa?

El sacerdote reflexiona que la tarea de los misioneros no es la de una ONG o de una acción social. "Es mucho más que eso".

No se trata solo de llenar las necesidades elementales de las personas, como la alimentación o la educación, también las más profundas, las que refieren al espíritu.

Y esa es una tarea en la que Lasarte quiere trabajar en África hasta morir. En entrevista con el Boletín Salesiano le preguntaron si volvería a vivir en Uruguay.

"Siempre estamos en las manos del Señor, dispuestos a crecer donde Él nos plante. Eso solo Dios lo sabe. Pero deseo convertirme en tierra africana", respondió.

"El sueño de un misionero", explica a El Observador, es ir a un lugar y casarse "con la cultura y con la tierra". "Donde vamos, amamos esa gente, esa comunidad, nos integramos, vivimos".

"Mi sueño es poder vivir hasta el final de mis días y ser sepultado aquí", subraya.

"En el mundo que vivimos todo es provisorio. Una cultura muy frágil que todo se mira desde el vamos a ver qué pasa mañana. Y es lindo también tener un horizonte que es para siempre", cuenta.

Porque, "una cosa importante en la vida es que algunas metas son hasta el fin".

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