4 de abril de 2014 20:14 hs

Los constitucionalistas de 1830 (muchos de los cuales se mantienen en un recuerdo intermitente detrás de los nombres de varias calles de Montevideo) pensaron en un nuevo nombre para la recién inaugurada república y utilizaron como referencia el grueso río que baja desde Brasil y desemboca en el Plata para denominar el territorio oriental. Por traslado semántico y de uso, el río pasó a ser el nombre del país, y el gentilicio de quienes nacimos de este lado implica la presencia fluvial.

El río Uruguay, que en territorio uruguayo va desde Bella Unión, en Artigas, hasta Punta Gorda, en Colonia, luego se une al estuario del Plata muy cerca del delta de su hermano mayor en paralelo, el río Paraná.

¿Pero qué pasa más al norte de Bella Unión? Sabemos más bien poco. Cada tanto se hablan de las copiosas lluvias del alto Uruguay (como se denomina a toda la cuenca norte del río) como de fenómenos cuasi bíblicos y misteriosos que luego traen dolorosas consecuencias para el litoral.

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En sentido contrario a su corriente, lo cierto es que más de la mitad del río no toca territorio uruguayo, sino que en buena medida constituye la frontera natural entre Argentina y Brasil, por un lado, y luego el río “dobla” en una curva pronunciada hacia el este, hacia el Atlántico, hacia las altas montañas donde nace.

¿Sabían ustedes que existe una región de Brasil donde nieva en invierno? No es que haya escarcha y heladas, sino que nieva, como en Suiza, y la gente hace muñecos con narices de zanahoria y se puede esquiar. En esa región de la sierra Geral, ubicada en el estado de Santa Catarina pero casi sobre la frontera con Río Grande del Sur, se encuentra la ciudad de São Joaquim. Se trata de una región alta, donde los cerros superan los 1.000 metros, y la vegetación es de coníferas y lo que los brasileños denominan mata atlántica. São Joaquim es una estación invernal que en julio se asemeja más a Siberia que a Florianópolis, que se encuentra en línea recta a menos de 200 kilómetros de allí.

Cerca de São Joaquim nacen tanto el río Pelotas como el río Canoas, que luego de correr por varios cientos de kilómetros y bajar desde la sierra, se unen formando así el Uruguay. Apenas el río se engrosa con estos dos cauces, Brasil colocó dos enormes represas hidroeléctricas (Machadinho e Itá), teniendo que desplazar a varios pueblos a las cuchillas para que no quedaran bajo las aguas de los lagos artificiales que se formaron.

Luego el río Uruguay atraviesa tierras con ciudades de nombres guaraníes y de otras culturas precolombinas pero habitadas mayormente por hijos y nietos de inmigrantes alemanes, italianos, polacos y checos, tipos de tez muy blanca y cabello rubio. No es casualidad que el arquero Taffarel y la modelo y cantante Xuxa nacieran en esa región.

Cuando el río llega a la frontera con Argentina se produce uno de los fenómenos naturales más interesantes del Uruguay: los llamados saltos de Moconá, un desnivel en el lecho del río que genera una serie de cataratas de unos 10 metros de altura a lo largo de unos 3 kilómetros de longitud. Pero no es solo naturaleza y geología, sino también historia humana. El río luego atraviesa la región donde se desarrollaron las misiones jesuíticas durante la época de la colonia, como San Borja, donde se encuentran algunas de las ruinas de los edificios en que los curas, entre otras cosas, tradujeron la Biblia al guaraní.

Luego el Uruguay avanza al sitio donde se cree que nació José de San Martín, Yapeyú, y luego moja Uruguaiana, la ciudad con el puerto seco más grande de América y gran concentrador de arroz. Y quedan mil y un detalles que esta breve columna no pudo contar. En todo caso, sea esta una invitación a los curiosos que se quieran adentrar en Sudamérica y a los compatriotas que deseen remontar hasta las fuentes del nombre que los designa en el mundo.

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