Íntimamente, el hincha –que estaba desilusionado por el funcionamiento del equipo dirigido por Gerardo Pelusso– se había aferrado a que la vuelta de Ignacio “Nacho” González en el torneo local le iba a devolver algo de todo eso que había imaginado para su equipo. Como de alguna forma le pasó en aquel partido ante Newell’s en Rosario por la Copa, en el que después se llevó terrible revolcón. Pero era lógico que sucediera, porque se trataba de la última esperanza que le quedaba para creer en una formación que hasta ayer había ganado solo cuatro de los últimos 24 puntos y que surgía como el salvavidas para un equipo que se ahogaba en un mar de dudas futbolísticas y carencias de funcionamiento. Esperaba al menos una señal. Algo. Algo que le permitiera creer que se había acabado la crisis y que por delante, aunque con sufrimiento, porque sin esa carga de emociones adversas nada parece posible, llegarían tiempos de festejos. Sin embargo, Nacional fue más de lo mismo. Preso de su falta de ideas, de su fútbol anunciado, rehén de no saber resolver cuando un equipo como Juventud se planta con una buena estrategia defensiva y le cierra todos los caminos. Y sin actitud, porque también le faltó eso a los tricolores, porque metiendo y guapeando pueden encontrar esos resultados que no gustan al paladar del hincha pero animan por la forma en que se consiguen, Nacional perdió 1-0 ante Juventud en un Parque Central que lució con poco público y se aleja de los primeros lugares en las tablas de posiciones.
Nacional quedó atrapado y sin salida
El día que Nacho González, Arismendi y Santiago García recuperaron su libertad futbolística, Nacional jugó mal, perdió otra vez y se aleja de todo