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La historia del jugador de City Torque que dejó el fútbol por depresión

Con 19 años, Nahuel Tuya dejó de jugar al fútbol en City Torque debido a ataques de pánico y depresión: "Uno siente por dentro que se muere lentamente y que la vida no tiene sentido. Pero no es así. La vida es hermosa”, dijo

Nahuel Tuya de Montevideo City Torque dejó el fútbol debido a la depresión que vivió

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09 de abril de 2021 a las 05:01

Nahuel Tuya tiene 19 años. Iba a nacer en Montevideo, pero cuando trasladaban a su madre desde San José y su embarazo era riesgoso, debió hacer una parada en Libertad, y allí nació de apuro. Luego lo llevaron a Montevideo para realizarle estudios y tras recibir el alta, volvieron a San José capital, donde vive actualmente. Tiene un hermano de 30 años y otro de 17.

Hace unas semanas posteó en su cuenta de Instagram su adiós definitivo al fútbol debido a una experiencia que lo llevó a tener ataques de pánico, depresión y ansiedad. Tanto, que pensó en lo peor. “Después de casi un año que apareció esto en mí, me toca tomar esta decisión. Casi un año sufriendo de un trastorno de pánico, ansiedad y depresión. Solo los que lo viven, saben lo que es (…). Sentía que la muerte se acercaba, pensamientos negativos, en fin, no veía salida. Si conocés a alguna persona que sufre de lo mismo, no la dejes sola. (…) Me duele apartarme de esto que tanto me gusta (el fútbol), de mi supuesto sueño, pero hoy lucho por mi bien”, escribió.  

Nahuel jugó al baby fútbol en River Plate de esa ciudad hasta que se fue a Central maragato. Terminó baby, hizo formativas Quinta y Cuarta y jugó hasta segundo año de Cuarta.

Su nivel futbolístico se destacaba tanto que con 16 años debutó en Primera y con 17 años desembarcó en Torque, cuando aún el club de Grupo City se llamaba así. Estuvo en una prueba de aspirantes en Boston River y conoció a uno de sus contratistas. Le dieron el sí, pero le mostraron el proyecto de Torque -que aún estaba en Segunda división- y le gustó mucho, por eso eligió la camiseta celeste a la que defendió.

Con 17 años se trasladó a vivir a Montevideo solo. Jugó como zaguero en Cuarta, Tercera y algún amistoso de Primera.

“Al principio viví con mi contratista un mes y pico porque no conocía la capital, y el club me ayudó a pagar un alquiler en la Aguada. Iba a practicar en ómnibus, me tomaba dos o tres y me levantaba algún compañero para ir porque entrenábamos por la Interbalnearia en donde estaba el complejo de formativas”, recuerda en diálogo con Referí.

Nahuel Tuya cuando defendía los colores de Montevideo City Torque

Cuando vino a Montevideo cursó quinto de bachillerato deportivo (cuarto, quinto y sexto aplicado al deporte) en la UTU y no le daba el físico. “Tomaba seis o siete bondis por día y me levantaba a las 5 de la mañana. Ahora estoy estudiando en San José, terminando el liceo”, explica.

“Somos una familia muy humilde, pero no nos faltó nada. Mi viejo sufre de cáncer hace 15 años, siempre fue laburador. Yo lo ayudaba con los repartos en su trabajo. Tanto él como mi vieja son un gran ejemplo para mí. Ahora tiene un derrame en los ojos. Es un gran luchador. Así como esto que me llevó a tomar decisiones a mí, él tomó muchas decisiones en su vida; uno toma decisiones por su propio bien y hay cosas que no se ven, que lamentablemente pasan y que no se le da la importancia que se le debe dar”, explicó.

Nahuel dice que “la única salida a todo es lucharla por le buen camino y si Dios quiere, tiene que salir bien". Y agrega: "Mi mamá está contenta porque estoy acá, porque estoy mejor. Incluso yo me siento más liviano, como que me saqué un peso enorme. La estaba pasando muy mal. Con todo esto, no solo pensé en mí, sino en mi familia, en mi novia, en amigos, porque me veían mal. Cuando lograron comprender lo que era la depresión, la crisis de pánico, la ansiedad, me veían mal y ellos también sufrían. Me daba una crisis y estaba solo en Montevideo a las 12 de la noche y aparecía mi madre a las 2 de la mañana en emergencias y estábamos 10 horas, sin comer, sin dormir con mi novia. Mi madre se levantaba a las 8 de la mañana para ir a trabajar y estaba dos días sin dormir porque me había dado una crisis. Ahí fue cuando dije ‘si no hay un cambio en mí, voy a tener que tomar cierta decisión’. Fueron meses buscando el ajuste, pero no era la forma. Hasta que empecé a tratar con profesionales y ahí me empezó a cambiar un poco más la cabeza, a pensar más”.

La depresión, crisis de pánico o la ansiedad “no es como cualquier enfermedad, no te curás así nomás. Aparece de la nada, en el momento menos esperado, un día estás bien y te querés comer el mundo y al otro no te podés levantar de la cama”.

El exfutbolista explica que se “enojaba cuando mi novia y mi madre me pedían que buscara ayuda. Fue un trago amargo de apartarme de mi supuesto sueño, porque me había ido a Montevideo a jugar y no es solo el sueño, la familia se pone contenta, vos cargás con la responsabilidad de darle lo mejor a tu familia, intentar mejorarlos económicamente a tus viejos que hicieron todo por vos cuando eras más chico. Me queda ese trago amargo de no poder decirle a mis padres: ‘No trabajen más, tengo un contrato y me voy a jugar a tal lado’. Pero la decisión que tomé, no me voy a arrepentir nunca porque lo hice por mi salud mental. Me va a quedar ese trago amargo, pero no tengo arrepentimiento. Me desahogué por Instagram, y fue increíble la gente que me escribió que estaba al borde del suicidio".

¿Cómo comenzó todo?

Consultado acerca de cómo recuerda que comenzó todo dijo: “No sé qué fue lo que desató esto. Se suspendió el fútbol en Montevideo y me vine el viernes 13 de marzo del año pasado a San José. Había ido a tomar mate con mi novia y a la vuelta, de su casa, me faltaba el aire, sentía presión en los hombros. Pensé: ‘Ta se me va a pasar, será el mate que me cayó mal’. Empecé a perder la visión, sentí mareos, me faltaba más la respiración, un dolor fuerte en la cabeza, sentía que se me salía el corazón, llegó un punto que no veía, no podía respirar. Fue un segundo, pero fue eterno para mí. Dije: ‘Ta, se acabó todo. Hasta acá llegué, me está dando algo’. Pude abrir los ojos y justo vi venir a mi vieja a dos cuadras y la esperé: ‘Mamá, llevame a emergencia porque me muero’. Fuimos a emergencia y enseguida cuando les dije que me faltaba el aire, me aislaron porque recién empezaba la pandemia y pensaron que tenía covid-19. Había mucha gente que se quería hisopar. ‘Doctora, no es coronavirus, me está dando algo en la cabeza o en el corazón porque me duele mucho’, le dije.

El trastorno de la ansiedad, el pánico y la depresión jugaron un papel fundamental para que Nahuel Tuya dejara de jugar al fútbol en Montevideo City Torque

La médica le explicó que era una crisis de pánico.

“No le di mucha importancia. El tema fue cuando me vino la segunda a los dos días. Estábamos sentados con mi novia y le explicaba lo que me había pasado y otra vez, me faltó el aire y mareos. Ahí fue cuando se complicó la cosa, cuando después vino la tercera a la semana, a la otra, la cuarta, cuando venían dos crisis por semana. Me pasaron ansiolíticos, antidepresivos, cambio de medicación. No busqué ayuda al principio porque no le di mucha importancia, hasta que un fin de semana me vino tres veces seguidas, viernes, sábado y domingo y me perdí un partido por octubre. Ahí empecé a pensar: ‘¿Qué es lo que me está haciendo mal?’. Yo pensaba en la cancha ‘el fútbol ya no me divierte, no quiero estar dentro de la cancha’. Lo que era mi lugar favorito del mundo, después era el peor del mundo, había perdido la pasión. Sinceramente, jugaba los partidos por mis compañeros, porque yo no tenía ganas de estar dentro de la cancha, tenía miedo de que me pasara algo y de fallarle al equipo, de no rendir. Muchas veces jugué sintiéndome mal y mis compañeros no lo notaban porque lo hablé con ellos, mientras yo sentía que se me caía el mundo, y es algo horrible. No se ve pero se sufre muchísimo y hay muchísimas personas que lo padecen”, recuerda Nahuel.

Luego de haber posteado su crisis en Instagram, recibió todo tipo de mensajes, desde apoyo, hasta consultas.

Así lo explica: “Me siento agradecido que lo que hice como un desahogo se haya viralizado tanto y que haya ayudado a ciertas personas a buscar ayuda, o personas que tenían familiares cercanos que lo padecían y no sabían que era tan grave. Una mujer me escribió y me dijo que hacía dos años que sufría de eso y el marido le decía que se dejara de joder, que no era nada, que era psicológico, que no era para tanto y cuando él vio mi post, le dijo ‘pah, tiene que ser jodido esto, porque si este chiquilín con 19 años dejó el fútbol, tiene que ser algo jodido esto’ y fue como una ayuda sin querer porque le cambié el pensamiento a su esposo. Después llegaron mensajes de aliento, pedidos de ayuda para que explicara cómo yo había salido adelante. Yo les decía que buscaran ayuda profesional con el psicólogo y el psiquiatra. Yo sabía que había tocado fondo, que estaba en lo más bajo y sabía que más abajo no podía ir. O me quedaba ahí, o pegaba el salto para arriba y salía. Y pegué ese salto y sigo subiendo. Si el día de mañana tengo otra oportunidad en el fútbol, la voy a aprovechar, pero quiero que me haga feliz, no que me dé igual como me venía dando. Y no sentirme mal. Quiero volver a ser yo, volver a ser yo, o mejor en lo posible, ser feliz, ver a mi familia bien por mí, no que esté lejos y que ellos piensen si estoy bien o mal”.

Según cuenta Nahuel lo suyo fue “trastorno de pánico y ansiedad y a los seis meses llegó la depresión. La depresión me la diagnosticó una psiquiatra cuando había vuelto a jugar al fútbol en Montevideo. Un día estaba esperando el ómnibus para ir a la práctica y tenía más ganas de tirarme abajo del ómnibus, que de subirme al bondi para ir a practicar. Tenía pensamientos horribles, negativos, no veía salida, no veía luz, no podía, sentía que se me acababa el mundo. Llegué a pensar lo peor, con pensamientos suicidas”.

Los pensamientos suicidas le sucedieron varias veces, casi todos los días, durante muchos meses.

“Algo me hablaba en la cabeza y me decía ‘mirá que rápido viene ese bondi (como para tirarme)’ y le agarraba fuerte la mano a mi novia y pensaba ‘no, tenés que ser más fuerte que cualquier pensamiento, que se vaya todo esto’ y gracias a Dios que no llegué al punto máximo que es eso que te lleva la ansiedad, el pánico y la depresión, porque uno siente por dentro que se muere lentamente y que la vida no tiene sentido. Pero no es así. La vida es hermosa y hay que buscarle siempre la vuelta”.

Nahuel Tuya jugaba como zaguero en Montevideo City Torque

Y añade: “Hay personas que me llamaron para pedirme consejos porque hace 20 años que sufren de esto y todavía no encontraron la solución, y yo me siento mal porque hace un año que sufro de esto. Brindarles ayuda a ellos para mí es un elogio y ellos agradecen. Quedé asustado con la cantidad de gente que sufre de esto. Hay personas que no se animan a contarlo porque piensan que pueden estar locos o enfermos y no es así. Son personas como cualquier otra que tienen algunas cosas que ajustar en su vida. La cabeza pide un cierto cambio para el bien de uno, no es todo negatividad, hay que buscarle el lado bueno”.

Tenía todo arreglado para dejar el fútbol, pero en febrero se sentía mucho mejor, por lo que lo pensó muy bien. Pero sucedió algo que le hizo cambiar de parecer enseguida.

“Pensaba dejar el fútbol desde hacía meses y en febrero, me sentía mucho mejor, desde principios de diciembre y hasta el día de hoy no tuve más crisis. Entonces andaba con ganas de volver porque me sentía mejor y sucedió lo del Morro (García) que fue algo que me chocó mucho. Estuve una semana muy decaído porque era un caso muy similar al mío y yo pensaba ‘si el Morro no pudo, ¿qué voy a pensar yo que no soy nadie?’, y ahí tomé la decisión de avisarle al club. Me puse en primer lugar por mi bien, por mi salud y por el bien de mi familia de que me vea bien. Hoy me siento mucho mejor, más liviano, con muchas más ganas de salir adelante”, explica.

Además, entiende que si mañana puede ayudar a alguien con este tema, le gustaría mucho: “Esto no es algo que se cura de un día para el otro, es algo que lleva mucha perseverancia, mucho tiempo, hay que ser constante y fuerte, y hay que lucharla. La vida duele, pero si la miramos del lado del dolor, siempre va a doler. Muchos psicólogos me han escrito que lo trataban en un paciente y hoy lo tratan en 20 o 30. Me preguntaban qué métodos utilizaba yo porque es algo muy complicado y no a todos se le presenta de la misma manera. Te hace sentir lo peor del mundo. Hay que rodearse de la familia y de los amigos, donde haya amor, paz y tranquilidad y así se puede salir”.

Después que se desahogó por redes, lo llamaron del club para pedirle disculpas “y yo les dije al contrario porque siempre estuvieron muy pendientes de mí. Este es otro partido, pero el partido de mi vida, quiero ganar este partido, después veré si vuelvo al fútbol”.

La llamada de Cavani

A través de un periodista de San José tuvo un contacto con Edinson Cavani.

“Me llamó y no lo podía creer. También gente de Torque y otros clubes, personas de España, de Chile, de otros países. Yo pensaba, ‘tanta gente que no conozco y está para apoyarte’. Yo no podía creer el mensaje de Instagram de Cavani. Me llamó por videollamada, me dio mucho aliento, me dijo no aflojara, que primero me recuperara, que otra oportunidad iba a tener en el fútbol, que buscara ayuda, me rodeara de la familia, que buscara paz, tranquilidad, que fuera por buenos pasos que de esto se sale, me contó anécdotas suyas. Le agradezco de corazón que me haya llamado. Con decirme ‘vamo arriba, Nahuel’ y hubiera cortado, yo ya hubiera quedado supercontento. Pero no, se tomó todo el tiempo. Él estaba cansado, se le notaba en la cara, pero seguía ayudándome, dándome consejos. La verdad que es un gran tipo”, indicó a Referí.

El zaguero Nahuel Tuya dejó de jugar al fútbol a los 19 años

Otros que lo llamaron, entre tantos, fueron el técnico Pablo Marini de City Torque, Ricardo "Murmullo" Perdomo, también entrenador del club, el cantante de Dame 5, Tomás Narbondo, quien sufrió depresión "y me pasó una canción que hizo con toda su historia que me llegó muchísimo", muchos jugadores de Wanderers, entre los que se destaca el Chapita Blanco, que lo invitó "a charlar cuando vaya a Montevideo".

Así vive Nahuel estos días posdepresión: "No hay que tirar la toalla si estás en el piso, la única salida es para arriba, más para abajo no se puede, hay que mirar para arriba, depende de uno mismo y pensar en las ganas de vivir. Reitero, la vida es dura, duele, pero depende de donde la mires".

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