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Policía asesinado: los cabos sueltos del plan de su hermano para matarlo

El hermano de la víctima y el sicario fueron imputados de homicidio muy especialmente agravado y enviados a prisión

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01 de febrero de 2019 a las 13:51

Cuotas impagas de un auto que compró uno para que lo usara el otro, desacuerdo en torno a las propiedades heredadas del padre que murió hace pocos años, una novia ucraniana, la desesperación por dejar el país, una madre en el medio de la lucha entre hermanos que terminó con golpes de puños y denuncias cruzadas. Y el final: tres balas de un sicario que disparó como un profesional –sorpresa, tiros precisos, puntería exacta– para dejar a Javier Francisco de María tendido en el suelo, muerto. Era policía, un trabajador ejemplar y de "vida ordenada", según sus allegados, que fue asesinado de un modo que nadie se explicaba, hasta este jueves a la tarde, cuando se resolvió el caso.

La policía había rodeado esa mañana el Hotel Suizo de Nueva Helvecia, porque sabía que allí estaba alojado desde la noche anterior Miguel de María, el hombre que ya confesó ante las autoridades que contrató a un delincuente –con antecedentes penales por hurto– para que matara a su hermano.

Los conflictos de los De María se intensificaron en 2017, un año después de que muriera el padre de familia, cuando los hermanos comenzaron a disputarse la herencia. El patrimonio consistía en varios inmuebles y un auto, el Nissan rojo que Javier dejó encendido y con las balizas puestas luego de sacarlo del garaje de la calle José Hernández (en La Blanqueada) este miércoles a las 14.42, segundos antes de ser asesinado.

La primera disputa de la que supo la policía, según dijeron a El Observador fuentes cercanas al caso, data de setiembre de ese año, cuando Javier compró un auto para que el hermano –a la postre su verdugo– pudiera trabajar como chofer de Uber.

El acuerdo era que Miguel se lo pagara en cuotas, pero en determinado momento decidió que le había dado dinero suficiente. Javier, por el contrario, quería que le siguiera pagando. Ninguno de los dos llevaba un registro escrito de las cuentas, por lo que el policía zanjó la discusión con una decisión terminante: le quitó el auto a su hermano, que en definitiva era suyo porque estaba a su nombre.

Miguel se desesperó: una denuncia policial de setiembre de 2017 da cuenta de que golpeó a la madre de ambos mientras discutía con ella sobre el auto, y una segunda denuncia –presentada por Miguel– refiere a que Javier –que vivía en otro apartamento del mismo edificio– intercedió en la pelea y le pegó a su hermano. Por esta denuncia, el Ministerio del Interior inició el protocolo que tiene previsto cuando los policías son denunciados por violencia doméstica, y Javier fue desarmado mientras se investigaba lo que había ocurrido.

Las peleas siguieron: Miguel quería ahora vender el apartamento en el que vivía con la madre de ambos, aunque una cláusula en el contrato impedía que eso ocurriera porque estaba detallado que esa propiedad no podía ser vendida mientras viviera la mujer. Pero Miguel se salió con la suya: convenció a su madre y la hizo firmar consintiendo la venta.

Sin embargo, el afán de este hermano por hacerse de dinero no se detuvo: luego de ponerse de novio con una ucraniana –a quien había conocido por internet–, apuntó a otra propiedad de la familia, cuya mitad pertenecía a los hijos de De María; la otra, a un socio del padre fallecido. Ahora, decía Miguel, quería esa plata para irse a Ucrania a vivir con la novia.

La venganza

Los compañeros de Javier Franciso de María Borques de la Escuela Nacional de Policía, donde se desempeñaba como jefe del área de informática, confirmaron de inmediato a las autoridades la "relación conflictiva" entre los hermanos, porque era una preocupación que Javier compartía con los más cercanos. Pero, más allá de la sospecha, muchos quedaron perplejos con la forma en que había sido ejecutado, ya que nadie sabía que estuviera inmerso en el delito. 

"No tuvo, que sepamos, amenazas de ningún tipo, y por eso estamos en shock. Iba todos los días a trabajar, sin tener problemas con nadie, y mirá cómo lo ejecutaron", lamentaba este jueves en diálogo con El Observador Óscar de los Santos, un cabo y dirigente sindical que trabajó con Javier durante 10 años en la institución.  "Nosotros descartamos que estuviera involucrado en algún delito", decía.

Una cámara de seguridad ubicada enfrente registró el momento exacto del asesinato. Cuando De María empezó a cerrar la puerta del garaje, se acercó un hombre: era alto, vestido de gris, llevaba un gorro y un bolso, y caminó por la calle. Le dio tres tiros certeros y se fue corriendo: se subió a un Nissan gris, en donde lo esperaba Miguel, y huyeron.

"Lo mató porque no se bancaba más al hermano, y porque en febrero iban a recibir el dinero de una de las propiedades que habían vendido", contó una de las fuentes.

Un familiar llamó a Miguel a las pocas horas para darle la noticia de que su hermano había muerto. Miguel le contestó que no podía hacer nada, que tenía "otras cosas que hacer", y que en lo personal ya "había perdonado a su hermano". Y se fue a Colonia, en el mismo auto en el que se había subido el sicario que había contratado, y que había sido señalado por vecinos a la policía.

Miguel se frustró solo el plan de escape, porque cuando sobre las 19.30 llegó al peaje de Cufré –ubicado en la ruta 1, poco antes de llegar a Nueva Helvecia– se descompensó. Se detuvo, se bajó y comenzó a decirle a un grupo de policías que le habían matado a su hermano, y que estaba dispuesto a pagarle a quien fuera capaz de atrapar al asesino.

Los efectivos, luego de dos horas de conversación en la que trataron de tranquilizarlo, contaron las fuentes, le sugirieron que por esa noche dejara de conducir y se fuera a descansar al Hotel Suizo, en Nueva Helvecia, que quedaba cerca. Y además avisaron a las autoridades sobre la situación sospechosa de que un familiar directo de un hombre ejecutado se estuviera alejando el mismo día de Montevideo.

Miguel, de todos modos, les hizo caso, pero mantuvo su estado de alteración, porque al llegar a la recepción volvió a contar que era el hermano de un policía asesinado en plena calle, pero dijo algo más. Al que lo atendió en el mostrador le repitió su historia y le contó que ya se iba a acostar, que lo despertaran antes del mediodía si no se había levantado; y que no se iba a a "suicidar". Que no se asustaran.

El personal del hotel llamó a la policía para alertarla.

A la mañana siguiente, el hotel se vio rodeado de patrulleros. Miguel, ya detenido, se echó a llorar y confesó todo. "No sé lo que hice, no sé lo que hice", decía. Interrogado, se supo que el sicario estaba en una casa en el Cerrito, y tras un operativo de vigilancia se lo detuvo ese mismo día.

Este viernes el hermano de la victima fue imputado por el delito de homicidio muy especialmente agravado (por haber sido contra un familiar y por contratar un sicario) en calidad de coautor. Asimismo, el sicario fue imputado por un delito de homicidio muy especialmente agravado y por tenencia de arma de fuego sin autorización.  La pena máxima por estos cargos, según el Código Penal, es de 30 años de cárcel. Ambos fueron enviados a la cárcel con prisión preventiva por 180 días a la espera de un juicio. 

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