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El candidato de la izquierda será el nuevo presidente de Colombia

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Petro, el exguerrillero de izquierda y defensor medioambiental que llegó al poder en Colombia

Fue guerrillero, como Mujica y Rousseff, pero se recicló en democracia enarbolando un discurso reparatorio de las injusticias

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20 de junio de 2022 a las 09:38

Gustavo Petro llega a la presidencia de Colombia a los 62 años después de dos intentos anteriores. Antes fue concejal, diputado, agregado de la embajada de su país en Bélgica, alcalde de Bogotá y senador de la República por dos períodos.

Economista, con experiencia de gobierno y un estilo reflexivo pero directo, llega a la Casa de Mariño con una promesa expresa, que reiteró anoche en su discurso de la victoria: hacer efectiva la pacificación del país alcanzada en 2016 con el acuerdo entre el Estado y las FARC, para su desarme e integración a la vida política terminando medio siglo de guerra civil.

“Que las armas dejen de disparar por afuera del estado colombiano”, reiteró, en una referencia al peso del paramilitarismo en Colombia, que en lo que va del 2022 ya ha asesinado a más de doscientos líderes sociales y campesinos.

Sus ideas reparatorias alcanzan también al perfil de un país cafetalero y cocalero por excelencia, con enorme peso del narcotráfico, donde nunca se hizo una reforma agraria y donde la violencia permitió una enorme concentración de tierras en pocas manos.

“No es posible una América Latina —llámela usted de izquierda o de derechas— que viva de sacar gas, petróleo o cobre. La única posibilidad de un desarrollo en América Latina es el conocimiento, es la producción”,  declaró en una entrevista para la CNN. Anoche volvió sobre ese argumento y rechazó las acusaciones de que su gobierno se caracterizará por las expropiaciones masivas, como una antesala del comunismo. Por el contrario, dijo que habrá “más capitalismo” para remover lazos feudales vigentes en el campo.

Como un nítido exponente del deseo de cambio social y contra la injusticia, Petro y su “progresismo de izquierda” encarnan el otro extremo de la política que representa ex presidente Álvaro Uribe Vélez, mentor del saliente Iván Duque. Enemigo declarado del proceso de paz con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia) y señalado como animador del paramilitarismo vinculado a los narco terratenientes, el “uribismo” y su prédica contra el comunismo como tiempos de la “guerra fría” es otro de los grandes derrotados en estas elecciones colombianas.

Si un político se define por sus enemigos, Petro también ha sido acusado por las iglesias evangélicas de querer “traer el homosexualismo, va a traer el comunismo, va a traer a Satanás”. En un país de gran tradición católica, sus enemigos y la gran prensa lo estigmatizaron por su presunto ateísmo para alejarlo del voto creyente. En su discurso de la victoria agradeció a Dios, algo que fue mucho más enfático en la voz de su vicepresidenta afrocolombiana, Francia Márquez.

Petro ya ha señalado también su deseo de desideologizar las relaciones exteriores de su país y restablecer vínculos de normalidad con el más cercano de sus vecinos, Venezuela. Deberá dar un vuelco drástico ya que Colombia es hoy el más próximo aliado de los Estados Unidos en la región. En su territorio hay ocho bases norteamericanas diseminadas como puntos estratégicos de su área de influencia y de seguridad en lo que consideran su patio trasero desde hace décadas. Por contrapartida se afirma que, a diferencia de otros países latinoamericanos, las fuerzas armadas colombianas nunca han tenido una disposición golpista sino de subordinación al poder civil.

El discurso de Petro contra la injusticia, la desigualdad, la discriminación étnica y el recuerdo a los miles de muertos y desaparecidos por la violencia estatal y paraestatal –se estiman en 250 mil sus victimas–, es consistente con su historia.

No hay biografía del presidente electo que no recuerde que en su juventud, hace más de treinta año, integró el M19, una guerrilla urbana de inspiración socialista. Ya usaba sus gruesas gafas de miope y el nombre de guerra de “Aureliano”, en homenaje al personaje de Gabriel García Márquez. Contrariamente a la versión usada por sus enemigos y difundida en la redes, no participó en la toma del Palacio de Justicia sino que la vio por televisión en su celda, pese a que un comunicado reivindicativo llevaba su firma.

El M19 dio muchos golpes de efecto, como el robo de armas de una fortaleza militar a través de un túnel y el simbólico robo de la espada de Bolívar que, según sus propias palabras, “pertenecía,  ni más ni menos, que al pueblo”. Espada que fue devuelta el mismo día de la firma de la paz con el grupo, en 1990.

Por esa militancia sufrió cárcel y torturas, experiencias que lo emparentan con otros líderes regionales de fuste, como Pepe Mujica y Dilma Rousseff. Como ellos abjuró de la lucha armada y se recicló en la vida democrática. De aquella etapa, en que su preparación fue más psicológica que militar, Petro dice haber capitalizado la capacidad para mantenerse sereno y centrado, un dote que lo caracterizó en sus debates parlamentarios posteriores.

Las amenazas de los paramilitares cuando recuperó su libertad lo hicieron aterrizar en Bruselas como agregado de la embajada de Colombia, estadía que le sirvió para diplomarse en Medio Ambiente y Desarrollo Poblacional en la Universidad de Lovaina. También para aprender a conducir autos y manejarse con una computadora. Esos estudios son la base de su lucha ambiental convertida en parte de su plataforma electoral, contraria al extractivismo.

Fracasó en su primer intento por ganar la alcaldía de Bogotá en 1998 pero ingresó al Congreso ese año y permaneció hasta 2009, ganando prestigio por su denuncias de negociados con tierras capitalinas, del paramilitarismo y la ‘parapolítica’ (infiltración de paramilitares en la política) y los llamados falsos positivos, es decir los asesinatos extrajudiciales por parte del Ejército.

En 2010 se presentó por primera vez como candidato presidencial y luego lo hizo en 2018, pero en su ascenso, ganó las elecciones para la alcaldía de Bogotá en 2011. De ella fue destituido acusado por la Fiscalía de corrupción, en un típico caso de lawfare. Pero lo que podría leerse como una muerte política, le dio a Petro un impulso popular cuando multitudes llenaron la Plaza de Bolívar en el centro capitalino para respaldarlo. Obtuvo la victoria jurídica cuando la Corte Interamericana de Derechos Humanos ordenó su restitución como al alcalde de la capital en 2014, lo que le permitió catapultarse como el líder de la izquierda que hoy está en el poder.

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