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Tropas ucranianas en la frontera con Rusia.

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Qué es el Batallón Aidar, el grupo neonazi del ejército ucraniano que se rindió a los rusos

Creado en 2014, operó primero como fuerza paramilitar en la región de Donbás, donde montó campos de concentración y tortura y luego se integró oficialmente a las fuerzas armadas de Ucrania 

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20 de junio de 2022 a las 05:00

De acuerdo con información suministrada por el embajador de la República Popular de Lugansk en Moscú, Rodión Miróshnik, las fuerzas del batallón de asalto Aidar del ejército ucraniano dejaron de oponer resistencia a las tropas rusas en la periferia de la estratégica ciudad de Severodonetsk, en la región de Donbás.

“Está confirmado que los de Aidar, junto con sus jefes, se han rendido en Metiólkino, un suburbio de Severodonetsk. Se ha completado la limpieza de esta localidad”, publicó ayer Miróshnik en la red social Telegram.

El batallón Aidar, es uno de los múltiples grupos de voluntarios nacionalistas –de clara orientación neonazi- que surgieron en la primera fase del conflicto armado en el este de Ucrania, en 2014, y operaba principalmente en el norte de la región de Lugansk.

La rendición de los combatientes de Aidar no sólo es un acontecimiento que hace a la marcha de la guerra, sino que pone una vez más en evidencia la actuación de grupos originalmente integrados por paramilitares neonazis que se incorporaron a las fuerzas regulares ucranianas.

Violaciones de Derechos Humanos

En el caso específico del batallón Aidar, ya en setiembre de 2014 Amnistía Internacional había denunciado que sus miembros “han estado involucrados en abusos generalizados, que incluyen secuestros, detenciones ilegales, malos tratos, robos, extorsiones y posibles ejecuciones” en la represión de los pobladores de la región de Donbás.

“No es Europa. Es un poco distinto… Estamos en guerra. La ley cambió, los procedimientos se han simplificado. Si quiero, puedo arrestarte aquí mismo, ponerte una bolsa en la cabeza y encerrarte en un sótano por 30 días por sospecha de que ayudas a los separatistas”, le dijo ese año el comandante del batallón Aidar, Serhiy Melnychuk, a un representante de Amnistía Internacional que realizaba una visita a la zona de conflicto.

En una reunión celebrada el 8 de setiembre de ese año con el entonces primer ministro ucraniano, Arseniy Yatsenyuk, el secretario general de Amnistía Internacional, Salil Shetty, le exigió poner fin a los abusos y crímenes de guerra cometidos por batallones de voluntarios que actuaban junto con las fuerzas armadas ucranianas regulares, en especial los batallones Azov y Aidar, de clara ideología neonazi.

“Las autoridades ucranianas no deben repetir la anarquía y los abusos que han prevalecido en las zonas que anteriormente estaban en manos de los separatistas”, dijo Salil Shetty al salir de la reunión con las autoridades ucranianas en Kiev.

“Si los batallones de voluntarios no logran detener los abusos y posibles crímenes de guerra, se corre el riesgo de que se agraven significativamente las tensiones en el este del país y se socaven las intenciones proclamadas de las nuevas autoridades ucranianas de fortalecer y defender el estado de derecho en general”, dijo en esa ocasión, en una declaración que los años demostraron acertada.

Neonazis golpistas

El batallón Aidar se formó oficialmente en mayo de 2014 a raíz del Euromaidán -o la “Revolución de la Dignidad” como la denominaron muchos ucranianos-, la serie de manifestaciones y disturbios heterogéneos de índole europeísta y nacionalista que derrocaron al presidente Víktor Yanukóvich, líder de la formación política prorrusa Partido de las Regiones. Los sucesos se desencadenaron en Kiev la noche del 21 de noviembre de 2013, un día después de que el Gobierno de Ucrania hubiera suspendido in extremis la firma del Acuerdo de Asociación y el Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea.

Originalmente, la formación Aidar estaba compuesta por los integrantes de varios grupos radicales que participaron en el golpe de Estado. Antes de que fuera integrado formalmente en las Fuerzas Armadas del país, el grupo neonazi fue financiado por el oligarca ucraniano Ígor Kolomoyski. Con ello, incluso antes de que se convirtiera en parte del Ejército ucraniano, este le proporcionaba al batallón vehículos de infantería blindados.

Su nombre proviene del río Aidar, que es donde tuvieron su primera batalla contra los combatientes de la República de Lugansk, separatista. Una multitud de organizaciones y medios internacionales lo definieron desde entonces como un grupo ultraderechista de carácter neonazi que emplea desembozadamente esvástica nazi como distintivo.

Campo de concentración

Ya por entonces, el batallón Aidar –aún no incorporado al Ejército regular– tenía aterrorizada a la población del este ucraniano, donde con la complacencia del Estado tenía su propia cárcel y centro de torturas. Los informes de organismos de derechos humanos hablan de cientos de personas desaparecieron sin rastro.

Las graves secuelas que sufrían los pocos supervivientes le merecieron la fama del infierno sobre la Tierra y el nombre popular de "fábrica de salchichas" por estar en las instalaciones de lo que era antes una envasadora de carnes en el poblado Polovínkino.

En este lugar, que también servía de base para el batallón Aidar (con la llegada de las tropas rusas se fueron de allí), acababan muchas personas: combatientes de la república popular de Lugansk, presuntos colaboradores de los separatistas y civiles a los que extorsionaban.

Los detenidos eran mantenidos en condiciones infrahumanas y sujetos a constantes palizas, torturas y violaciones. Los daños físicos que les ocasionaban eran tales que, incluso, muchos de quienes lograron quedar en libertad murieron a las pocas semanas. Otros eran ejecutados. Algunos de casos fueron registrados por los médicos forenses locales.

“Lo tenían en un pozo y uno de los soldados simplemente le tiró allí una granada. Nos trajeron acá los trozos que quedaron de él”, describió uno de los médicos a integrantes de organismos de Derechos Humanos que visitaron la región. El mismo médico informó que por lo menos 20 civiles murieron allí a causa de las torturas.

Con el tiempo, el lugar no sólo fue utilizado por el batallón Aidar, sino por agentes del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), lo que puso en evidencia que el estado estaba al tanto de lo que ocurría en ese campo de concentración, sino que lo avalaba e incluso participaba de sus prácticas violatorias de los derechos humanos.

 

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