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Silveira: todos los oficiales de Artillería 1 sabían “de oídas” que Gavazzo era responsable de la muerte de Roberto Gomensoro

Condenado por 28 homicidios durante la dictadura, el represor da detalles sobre los casos de Gomensoro y Gelman en entrevista con El Observador, luego de apelar el pasaje a situación de reforma

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22 de mayo de 2019 a las 05:01

El coronel retirado Jorge Silveira –que cumple una condena por 28 homicidios ocurridos en la dictadura– presentó ante el Poder Ejecutivo una apelación a la resolución de Presidencia que homologó las actas del Tribunal de Honor del Ejército que lo pasó a situación de reforma por considerar que cometió una falta gravísima al no haber testificado que el coronel Juan Carlos Gómez era inocente del asesinato de Roberto Gomensoro ocurrido en el cuartel de La Paloma, sede del grupo de Artillería 1, en 1973.

Silveira, en el escrito redactado y presentado por sus abogados, adujo que nunca estuvo en condiciones de testificar a favor de Gómez por dos motivos. En primer lugar, porque la Justicia nunca lo llamó a declarar por ese caso. Y en segundo lugar, porque él solo sabía “de oídas” que el responsable de la muerte de Gomensoro era José Gavazzo, pero no tenía pruebas fehacientes para aportar en un juzgado.

Si a él se lo sanciona por eso, dice el documento, lo mismo podría hacerse con todos los oficiales de Artillería 1, ya que todos sabían “de oídas” que Gavazzo era el responsable de la muerte de Gomensoro.

“El hecho de haber sancionado tan gravemente al coronel Silveira –sostiene la apelación– produce una grave consecuencia, puesto que las ‘oídas’ que él tuvo, fueron también conocidas por todos los oficiales que en ese momento prestaban servicios en el Grupo de Artillería 1, y abre la puerta para que sean sometidos a tribunal de honor”.

Asesinato y mentira: en pie de igualdad

Silveira está condenado por 28 homicidios, entre los que se encuentran los detenidos que fueron trasladados ilegalmente en el “segundo vuelo”, un transporte admitido por la Fuerza Aérea en el cual fueron trasladados a Uruguay militantes del PVP capturados en Argentina y desaparecidos desde entonces.

El coronel retirado fue acusado de haber sido uno de los oficiales uruguayos presentes en el centro de torturas de Orletti, en Buenos Aires, y también de torturar prisioneros y hasta de violar menores de edad de ambos sexos durante la dictadura militar. Silveira niega esas acusaciones y sostiene que nunca cumplió ninguna misión en Argentina.

El Poder Ejecutivo rechazó su apelación a la sanción que le impuso el Tribunal de Honor del Ejército y que homologó el presidente Tabaré Vázquez.

En el escrito que presentó para apelar, Silveira sostiene que Gavazzo intentó implicar falsamente a otros militares en la muerte y desaparición de Gomensoro, en lo que considera un “actuar desleal y soberbio” que indigna.

En ese sentido, relata que Gavazzo ofreció darles a las hijas de coronel Gómez los nombres de oficiales del arma de ingenieros que revistaban en Paso de los Toros como supuestos implicados en la muerte de Gomensoro. Sin embargo, la muerte del tupamaro había ocurrido en Montevideo, en la sede del Grupo de Artillería 1 y el responsable verdadero era el propio Gavazzo.

La apelación de Silveira critica que el Tribunal de Honor le haya aplicado la misma sanción a “una persona que dice que mató a uno, y otro que no actúa ante una situación de una mentira”, en clara alusión a Gavazzo y al propio Silveira.

“¿Por qué se juzga el honor de Silveira y se lo condena a una falta gravísima, colocándolo en pie de igualdad con Gavazzo, quien confesó que fue realmente él quien intervino en el caso de Gomensoro, arrojando su cuerpo a las aguas del río Negro? Es evidente que quien tenía el deber moral de hacerse cargo de sus acciones era Gavazzo”, sostiene el escrito.

La defensa de Silveira volvió a negar que el oficial haya tenido participación en el traslado de prisioneros uruguayos desde Argentina y criticó a los jueces y fiscales que intervinieron en la causa, a los que acusa de aplicarle a los militares el “derecho penal del enemigo”.

El crimen de María Claudia

Para aclarar sus declaraciones ante el Tribunal de Honor y su apelación, Silveira aceptó responder por teléfono algunas preguntas desde la cárcel donde cumple su pena.

En su apelación se dice que todos los oficiales de Artillería 1 sabían “de oídas” que Gavazzo era el responsable de la muerte de Gomensoro.

Sí, pero no es que yo los culpe. Se dice eso porque, si los llaman a todos, van a comprobar que nadie tenía los elementos como para ir a la Justicia.

¿Qué opina del fallo del Tribunal de Honor?

A una persona que dice que mató a uno, y otro del cual dicen que no actuó ante una mentira que afectó a otra persona les ponen la misma sanción.

El Ejército lo pasó a situación de reforma. ¿Qué reflexión le merece?

Yo me siento con mi honor salvado, y creo que actué bien. Estuvimos pelando y no había otra manera de pelear. El Ejército, la marina y la Fuerza Aérea no se dedicaban a matar, a asesinar a nadie. No era esa la función, sino capturar a los individuos, que contaran todo lo que sabían, evitar que siguieran matando militares y policías y después llevarlos presos. La marina llevó preso a Sendic. Yo detuve a alguno de los que mató a los cuatro soldados. ¡Por Dios! ¡Y le salvé la vida a la mujer de Bidegain!

También asesinaron a prisioneros indefensos, como María Claudia García de Gelman y al maestro Julio Castro, por ponerle solo dos ejemplos en el sentido contrario.

Esos casos fueron una barbaridad. Siempre dije que no estaba de acuerdo. Lo he manifestado siempre. Julio Castro no era combatiente, no era nada…

¿Cómo se llegó a ese punto?

No tengo ni idea, porque yo no estaba en el SID (Servicio de Información y Defensa).

¿Por qué los que hicieron esas barbaridades fueron encubiertos tantos años, hasta hoy?

Eso no se lo puedo decir, porque eso es a nivel de los mandos. En todo ese período, mi máxima jerarquía fue la de capitán. No sé qué decidían los generales o los jefes.

Usted dice en su apelación que todos los oficiales de Artillería 1 sabían “de oídas” que Gavazzo era responsable de la muerte de Gomensoro. ¿Cómo lo supieron?

Vimos que el jefe, el coronel Alfredo Rubio, salió corriendo para la División 1. Nos dieron la orden de que no podíamos entrar a la sala de interrogatorios. Algo había pasado. Pero no sabíamos quién era. Después con el tiempo supimos que podía ser ese (Gomensoro), pero no estaba comprobado tampoco.

Usted dijo en el Tribunal de Honor que, tras la muerte de Gomensoro, Rubio tomó el jeep del cuartel y se fue a toda velocidad para entrevistarse con el comandante de la División 1, el general Cristi. En cambio, Gavazzo declaró que él y Rubio se fueron juntos a hablar con comandante de la División 1. ¿Fueron juntos o separados?

Para mí, el jefe se va solito. Yo dije mi verdad. Pero yo no lo voy a contradecir a Gavazzo. Que él haga sus cuentos, sus historias, su vida en su piscina y que sea feliz. Yo soy inocente y estoy acá. No me voy a enfermar ni nada por el estilo para irme de acá. Me lo prohíbe mi sentido personal y mi formación.

Usted afirmó que él es un cobarde y que no tiene la dignidad y el coraje de asumir sus propios actos

Lo dije en el tribunal y se lo dije en la cara a él. Es una barbaridad. Yo no entiendo que un hombre no pueda decir: "Fui yo". No lo voy a poder entender nunca.

¿Rubio no habló luego con ustedes de lo que había pasado?

No. Pero lo que vimos era que no se hablaba con Gavazzo.

¿Cómo fue que Gavazzo le tiró una granada de gas en su celda a Eduardo Pérez Silveira?

No sé, él estaba solo. Los comentarios eran esos.

Hay un testimonio del fallecido diputado Víctor Semproni, que estuvo preso en la sede de Artillería 1, que sostiene que usted también interrogó a Pérez Silveira.

¡Pero no! Yo nunca lo vi. Eso con ese señor y el gas… llegaron y al instante ocurrió. No vimos nada. No vimos nada de nada, porque fueron cosas de un momento. ¡Por Dios! ¡Por Dios! ¡Por Dios!

El coronel retirado Luis Agosto ha relatado que a usted le gustaba golpear a los presos en ese cuartel.

No me interesa discutir con Agosto. A él lo echaron por llevar a los tupamaros presos a comer al casino de oficiales, para su propia conveniencia. Yo nunca vi un churrasquito del dueño del Frigorífico Tacuarembó, Secco Aparicio.

Usted sabe que los detenidos no hablaban por voluntad propia. Y que para que hablaran…

… yo tenía que detenerlos. Yo era jefe de la sección especial. Me encargaba de los operativos. No tengo nada que ver con eso otro y no hablo de ese tema.

A usted también lo han acusado de violar mujeres que estaban prisioneras.

¿Sabe una cosa? ¡Todo eso es una gran mentira!

Hay muchos testimonios.

¡Es una mentira total! Además las acusaciones son de tortura, no de violaciones.

Hay un artículo del periodista Samuel Blixen donde relata que usted violó a adolescentes varones y mujeres en 1981, en una dependencia policial.

Blixen dijo un disparate y yo pedí un tribunal de honor por sus dichos. Él escribió que yo en la Dirección Nacional de Información e Inteligencia había violado jovencitas y jovencitos. Eso es una barbaridad. Imagine si voy a ir yo a la Policía a violar gente.

¿No le parece que al no asumir ni siquiera una parte de ninguna de las cosas de las cuales se lo acusa pierden credibilidad todos sus dichos?

¡Pero si a mí no me cree nadie! No me importa que no me crean ni lo que digan de mí. ¡No me importa nada!

¿No se arrepiente de algo que haya hecho?

Puede ser que la haya macaneado en alguna cosa, pero es mínimo. En Uruguay –comparado con toda América– éramos unos santos. No me jacto de nada, pero le puedo asegurar que si nosotros no hubiéramos hecho lo que hicimos, estaríamos en una pequeña Cuba.

¿Cuáles serían esas “macanas”?

Cosas muy menores. En mi actuación nunca tuve que enfrentar una muerte, sí en un enfrentamiento. Nada más. Esa es mi tranquilidad.

¿Pero entonces cuáles serían esas “macanas” que tuvo?

No estoy hablando de matar, ni de golpear, ni nada por el estilo. Yo hacía operativos. Nunca maté a nadie. A nadie. Estoy bien conmigo mismo. A esta altura de los acontecimientos, Dios es el que juzga.

En el Tribunal afirmó tener el convencimiento de que existió el segundo vuelo.

Sí, ya sé. Pero para poder afirmarlo yo debería haber participado, y no participé. Entonces es muy difícil para mí. Y cuando veo que el vuelo supuestamente era nocturno y luego aparece como diurno, entonces digo que no existió.

La Fuerza Aérea ya lo admitió.

Dice que sí, pero los aviadores no hicieron ese vuelo nocturno sino uno diurno, que es lo que está anotado.

Pero si nos atenemos a lo que está anotado a los registros militares… Por ejemplo, yo leí todo el legajo de Gavazzo y resulta que él nunca estuvo en Buenos Aires. Y es algo que ni siquiera él niega. Es decir, se anotaba cualquier cosa. Según su legajo, Gavazzo nunca estuvo con Gomensoro ni con Pérez Silveira.

Entiendo que si no lo sancionaron por esos actos en su momento no haya ninguna anotación. Sin lugar a duda que recibió la orden de trasladar el cuerpo (de Gomensoro) para que el Ejército no se viera enchastrado por su barbaridad. Eso es lógico que no esté asentado. Ahora, que estuvo en Buenos Aires siempre entendí que sí.

Usted en el Tribunal de Honor hizo un relato sobre el asesinato de María Claudia García de Gelman. Pero la transcripción en las actas es confusa. ¿Podría aclarar quién la mató?

Lo que sé y lo que conté es lo siguiente. En una reunión que habíamos hecho en la casa de uno de mis hijos, se me acercó Rodríguez Buratti. Los coroneles Ernesto Ramas y Gilberto Vázquez estaban cerca. Y Rodríguez Buratti comenzó a relatar: "Sí, vino el Turco (Ricardo Arab) y me preguntó: 'Jefe, ¿no me hace de custodia?'"…

¿Para qué Arab quería una custodia?

Para llevar a la de Gelman. Y ahí fue que se la llevaron. Yo lo relaté todo en la Justicia. ¿Y sabe lo que hizo la Justicia? No llamó a declarar ni a Gilberto Vázquez ni a Ramas. No tuvieron en cuenta mis declaraciones. Creo que uno de los argumentos que usaron fue que cómo Arab, que era de la izquierda (de menor rango), le iba a pedir a un comandante como Rodríguez Buratti que le hiciera de custodia. Y yo le pregunto: si iban a matar a alguien, ¿cabía esa disciplina?

Según su relato ante el Tribunal, Rodríguez Buratti les dijo que al llegar al batallón 14, donde Arab paró su camioneta y bajó con María Claudia García de Gelman, él se va.

Él nos dijo que bajó y como que se va, pero no dijo ni en qué auto se va ni nada.

¿Es ahí que mataron a María Claudia García de Gelman?

Rodríguez Buratti dijo que vio que José Sande y Ricardo Medina estaban haciendo un pozo, unos árboles nuevos y Arab que se la lleva. Y él se va. Eso es lo que nos dijo Rodríguez Buratti. Yo no sé si se quedó o no. Por algo se suicidó, ¿no?

¿Gavazzo habría dado la orden?

Eso no lo sé, porque no lo dijo Rodríguez Buratti. Yo comento lo que dijo él. Se equivoca el Poder Ejecutivo cuando dice que ahora se rompió “el pacto de silencio”. Yo, mucho antes, relaté en el expediente Gelman todo lo que el coronel Rodríguez Buratti nos había relatado sobre este espantoso hecho. Pero a la Justicia no le interesa saber la verdad.

¿Por qué no se encontró su cuerpo hasta ahora?

Pienso que los que fueron a dar el cuerpo mintieron. Más no puedo decir, porque yo no sé de ese tema. Yo estoy preso por algo en lo que no tuve nada que ver, como es el segundo vuelo. Ni Ramas ni yo tuvimos nada que ver.

Historia de una entrevista
Apenas se conoció el contenido de las actas del Tribunal de Honor que el Ejército le realizó a José Gavazzo y Jorge Silveira, solicité una entrevista a Silveira.
Me motivaba tratar de zanjar algunas contradicciones entre su testimonio y el de Gavazzo, para poder avanzar en clarificar los asesinatos de Roberto Gomensoro y Eduardo Pérez Silveira.
El coronel Silveira, ahora en situación de reforma, respondió que él no había podido leer sus propias declaraciones en las actas, y que pensaba responder por escrito cuando tuviera acceso al documento y pudiera leerlo. Le pregunté si una vez que lo hiciera podría atenderme y respondió que lo que haría sería enviarme el documento escrito que presentaría a propósito del Tribunal.
Silveira envió el documento el viernes a la noche, a través de la casilla de correo de un familiar. Una vez que lo recibí y lo leí, lo llamé y él aceptó responder las preguntas que conforman esta entrevista.
Glosario

Para entender mejor

Luis Agosto. Coronel retirado. Era capitán en el Agrupamiento Antiaéreo, una unidad que compartía el cuartel de La Paloma con el Grupo de Artillería 1. En el libro Milicos y tupas relata que Silveira solía golpear sin motivo a los prisioneros.

Ricardo Arab. Fue mayor en el Servicio de Información y Defensa (SID) en 1976. Se lo acusa de participar de torturas en el Batallón de Infantería Nº 13. Condenado por la Justicia a 25 años de cárcel por los 28 homicidios de la causa del segundo vuelo, uruguayos capturados en Buenos Aires y hasta hoy desaparecidos. Ha sido implicado por testigos en la muerte de María Claudia García de Gelman. En 1978 fue dado de baja del Ejército y degradado.

Raúl Bidegain. Integrante del MLN, señalado como ejecutor de importantes acciones armadas. Falleció en 1989.

Julio Castro. Maestro, educador y periodista, detenido por las fuerzas conjuntas en 1977. Estuvo desaparecido hasta 2011, cuando su cuerpo fue hallado en un enterramiento clandestino y se comprobó que había sido asesinado con un balazo en la cabeza.

Esteban Cristi. General del Ejército, fallecido, fue uno de los principales jefes militares de la dictadura. Era comandante de la División Ejército 1 cuando Roberto Gomensoro fue asesinado en el cuartel del Grupo de Artillería 1. En el Tribunal de Honor, Gavazzo dijo que fue él quien ordenó desaparecer el cuerpo de Gomensoro.

María Claudia García de Gelman. Detenida en Argentina, se la trasladó embarazada a Uruguay, donde fue ejecutada poco después de dar a luz a su hija.

Roberto Gomensoro. Militante del MLN detenido en 1973 y asesinado pocas horas después en el Grupo de Artillería 1. Gavazzo admitió recientemente que arrojó su cuerpo al río Negro para hacerlo desaparecer.

Juan Carlos Gómez. Coronel retirado. Estuvo tres años preso acusado de ser responsable de la muerte de Gomensoro, cuando era inocente. Al momento de la muerte del detenido, revistaba en Paso de los Toros y no en el cuartel de La Paloma.

Ricardo Medina. Exintegrante de la Policía. Integró el SID. Condenado a 20 años de cárcel por 28 homicidios.

Eduardo Pérez Silveira. Militante del MLN detenido y torturado en 1974 en el Grupo de Artillería 1. Desaparecido desde entonces. En el libro Gavazzo. Sin piedad, Gavazzo dijo que le tiró una granada de gas en un lugar del cuartel porque se había insubordinado, y que eso derivó en que se lo llevara al Hospital Militar. Silveira, en cambio, dijo que Gavazzo arrojó la granada dentro del calabozo del detenido para interrogarlo.

Ernesto Ramas. Integró el Organismo Coordinador OCOA y se lo acusa de participar de torturas en el Batallón de Infantería 13. Fue sometido a un tribunal de honor en plena dictadura por secuestrar y torturar a un civil argentino para extorsionarlo. Condenado a 25 años de cárcel por 28 homicidios.

Juan Antonio Rodríguez Buratti. Fue jefe del SID y ascendió hasta el grado de coronel. Se suicidó en 2006 antes de ser llevado a declarar por la causa de los uruguayos capturados en Argentina y hasta hoy desaparecidos.

Alfredo Rubio. Era el jefe del Grupo de Artillería 1 cuando Roberto Gomensoro fue muerto en su cuartel. Falleció sin nunca ser citado por la Justicia para brindar su declaración.

José Sande. Exintegrante de la Policía. Integró el SID. Condenado a 20 años de cárcel por los 28 homicidios.

Fernando Secco Aparicio. Dueño del Frigorífico Tacuarembó, hoy fallecido, que estuvo detenido en el cuartel de La Paloma, sede del Grupo de Artillería 1. Sus familiares llevaban grandes cantidades de milanesas que se repartían entre personal militar y tupamaros detenidos.

Víctor Semproni. Militante tupamaro que estuvo detenido en el Grupo de Artillería 1. Fue diputado del Espacio 609 entre 1995 y 2000 y entre 2010 y 2016, cuando falleció.

*Aclaración: Esta nota fue modificada porque contenía dos imprecisiones. En primer lugar informaba que Silveira apeló lo resuelto por el Tribunal de Honor, pero lo que su defensa recurrió -por recurso de revocación y jerárquico en subsidio- fue la resolución de Presidencia que  homologó las actas de los Tribunales de Honor. En segundo lugar, cuando se mencionaban las críticas por la aplicación del "derecho penal del enemigo" a los militares se decía que Silveira apuntaba contra el Poder Judicial, cuando su crítica apunta únicamente a los jueces y fiscales que juzgaron a militares. A los involucrados y a los lectores las disculpas del caso. 

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