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Espectáculos y Cultura > Había una vez en... Hollywood

Tarantino, DiCaprio y Pitt se prenden fuego en un Hollywood teñido de sangre y frustraciones

La última película del director de Pulp Fiction es una celebración al cine de los años 60 cargada de referencias y música que se mete entre lo mejor del 2019

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15 de agosto de 2019 a las 05:01

Cielo Drive. El nombre ya genera escalofríos. Más aun el cartel despintado que marca su comienzo. La calle serpentea hasta arriba y, entre la vegetación de una de las infinitas colinas que marcan el paisaje de Beverly Hills, las mansiones se suceden. A medida que el terreno se eleva, el cielo parece estar efectivamente más cerca. Y casi que se lo puede tocar. Es el Hollywood de 1969 y la barrera entre la tierra y el firmamento se rompió; allí las estrellas están arriba, y también a ras del suelo. La ebullición de un momento que se sabe especial los induce a vivir encandilados. Todos brillan y sonríen. Hay droga y hippies por todos lados, pero logran convivir. Y una noche, el 9 de agosto de ese año, despiertan. Y todos entienden de inmediato que el sueño se terminó. 

Resulta curioso que un paraje que pretende ser una especie de ascensión a los cielos haya sido el infierno a fines de la década de 1960, y que incluso el diablo en persona se haya dado una vuelta por allí. Pero así lo marca la historia y la sangre. Para quien no lo sepa –¿queda alguien que no lo sepa después de todas las notas que se han escrito en las últimas semanas?–, hace exactamente 50 años, en el número 10050 de ese camino, tres asesinos entraron una noche y cosieron a puñaladas a cinco personalidades de Hollywood, entre ellos a Sharon Tate, la esposa del director Roman Polanski. Hoy sabemos que fueron los crímenes más representativos de la familia Manson, y también que dieron el portazo definitivo a una era que partió al medio la cultura occidental.

Con el misticismo, la repulsión y hasta el entusiasmo que todavía generan esos hechos en el canon de los asesinos seriales, estaba claro que si Quentin Tarantino los tomaba para su novena película iba a levantarse polvareda. Pero también que el estreno se iba a vivir como uno de los grandes eventos cinematográficos del año. En primer lugar porque cualquier película del director lo es, y más desde que anunció que después de la décima se retira a vivir la buena vida. Y segundo porque cuando se empezó a divulgar la lista de rostros que desfilarían por pantalla y cuando se vieron los primeros adelantos, todos supimos que necesitábamos esa película cuanto antes.

Pero ya no hay que esperar más, porque este jueves Tarantino vuelve a la pantalla grande. Y lo hace después de competir por la Palma de Oro en Cannes –hay quienes dicen que nunca estuvo tan cerca de ganarla desde que lo hizo con Pulp Fiction– y de ser ovacionado durante varios minutos. Y de acumular elogios y palabras embelesadas de parte de quienes ya vieron su película. Y, sobre todo, lo hace con una historia de su puño y letra que juega con uno de los episodios más oscuros del siglo XX y que se mete bien arriba entre lo mejor de su filmografía. Aunque eso parezca imposible si se repasa su historial, es así: Había una vez en… Hollywood lo logra.

Sueño California

Por un lado tenemos a Leonardo DiCaprio como Rick Dalton, un veterano actor de wésterns para la televisión que ve con desesperación como su carrera va derecho y sin frenos a estrellarse en el muro de los olvidados. A su lado tenemos a Brad Pitt como Cliff Booth, su doble de riesgo y asistente multiuso que, además, es su mejor amigo. Muy cerca está Margot Robbie como Sharon Tate, una joven actriz casada con un director de renombre que espera con anhelo que uno de sus papeles la convierta en una megaestrella de la pantalla. Y de fondo Los Ángeles en 1969, un valle de ilusiones a medio camino entre la época dorada y el nuevo Hollywood, marcado por los destellos de la industria del cine y sobre el que pende una sombra amenazante y de la que todavía nadie ha oído hablar: Charles Manson.

Esas son las coordenadas en las que comienza esta historia y no se necesita mucho más para adentrarse en el cuento de hadas frenético, alternativo y excesivo que propone Tarantino. Desde su comienzo con el logo de Columbia viejo –y por primera vez sin el apellido Weinstein entre los productores–, la película alternará entre las historias de Cliff, Rick y Tate, y tensará las cuerdas que los atan hasta un destino común. En el medio, habrá lugar para todas las señas de identidad que el director desarrolló a lo largo de su carrera y que tan personal han vuelto a su cine: largos diálogos aparentemente intrascendentes, la violencia que se desata de repente, una colección de personajes que se cruzan en el camino de los protagonistas, el humor auténtico y ennegrecido, una banda sonora que se ajusta a la época y que libera serotonina cada vez que se enciende y una narración episódica que, aunque no lo parezca, está.

Gran parte del atractivo que a priori tenía esta película era su dupla protagonista, o más bien su trío. DiCaprio, tal vez la estrella más grande que tenga hoy el cine hollywoodense, vuelve a demostrar que es eso y también uno de los mejores intérpretes. Su Rick Dalton, presa de las inseguridades laborales y afectivas, es una sumatoria de todos esos actores que en la época debieron ajustarse a los cambios y entender que el futuro estaba en los spaghetti westerns –las “de cowboys” que se filmaban en Italia y España–, aunque renegaran de ellas.

Pitt, en tanto, es la conexión más terrenal de la historia. Es un hombre alejado de las luces e inmerso en algunas sombras del pasado que lo convierten en un enigma. Entre inocente y amenazador, protagoniza algunas de las escenas más brutales y cómicas y funciona como el vínculo más directo a la trama de la familia Manson, que se le aparece literalmente en medio del camino. Y Robbie es un ángel; su figura siempre seductora, naíf y esperanzada es el contrapunto perfecto para la historia de fracasos de Dalton. A todos, además, los une la célebre Cielo Drive. Son vecinos, digamos. 

Había una vez en… Hollywood tiene muchos logros y uno de los principales es que recupera el espíritu lúdico que se había diluido en las últimas dos entregas del director, que acá se utiliza para explotar cuanto género se cruce por delante. ¿Funciona? Claro que funciona; es más, confluyen a la perfección. A lo largo de las 2 horas 45 que dura, el hombre hace que la comedia disparatada, el gore, las buddy movies, el suspenso, la acción y las artes marciales encastren sin fisuras, y ante esta magia cinematográfica uno no puede más que pararse y aplaudir.

Es, además, una película excesiva desde todo punto de vista; lo es en las referencias hacia sus películas y las que lo influenciaron –seguro que ya hay una lista completa en internet– y también en la cantidad de rostros conocidos que pasan por ella –Bruce Dern, Kurt Russell, Al Pacino, Emile Hirsch, Timothy Olyphant, Dakota Fanning y hasta el finado Luke Perry, entre varios más–. Había una vez en… Hollywood es amor puro al cine, es una celebración en todas sus formas. Tanto que hasta se da el lujo de poner en pantalla a un estridente Bruce Lee y de situar digitalmente a DiCaprio en El gran escape, uno de los éxitos de Steve McQueen.

La película, además, se ve y suena increíble. Y como escenas que lo prueban hay muchas, vamos a elegir la siguiente para terminar: atardece poco a poco en Los Ángeles, Sharon Tate sale de ver una de sus películas en el cine con una sonrisa en el rostro, los actores se retiran del set, Cliff y Rick vuelven a sus casas en el Cadillac del segundo, los neones de los carteles se encienden en la noche del desierto, los reflejos de las luces desfilan en el parabrisas, José Feliciano canta California Dreamin’, su guitarra llora por una época que encuentra, ahí, su punto final. Su último atardecer. 

Para escuchar
En Spotify está la lista completa de canciones que suenan en la película, y el repertorio incluye a The Mamas & The Papas, Bob Seger, Simon & Garfunkel, Paul Revere & The Raiders y Neil Diamond, entre otros. Pero lo mejor es que se incluyen publicidades realizadas especialmente para la película, con las distorsiones propias de la radio. Es un pequeño apartado del mundo de Había una vez en... Hollywood en el mundo real.

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