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Un "legítimo juego político" para recordar quién censura y quién aplaude las políticas de seguridad

Medida para frenar al ministro Bonomi fracasó en una sesión con un resultado previsible

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25 de abril de 2018 a las 05:00

Si de algo estaban seguros los senadores de la oposición cuando este martes entraron a la sala de la Cámara Alta era de que no iban a salir de ahí con la renuncia de Eduardo Bonomi en puerta. A pesar de que el miércoles 18, durante la interpelación del senador colorado Pedro Bordaberry al ministro del Interior, presentaron una moción de censura que de aprobarse podía derivar en el cese de sus funciones al frente de la cartera de seguridad, ningún voto frenteamplista iba a ceder a esa posibilidad. Por eso, cuando luego de tres horas de sesión sobre el tema los legisladores expresaron su voto, no fue una sorpresa que no se llegara a la mayoría necesaria para apoyar esa propuesta.

En resumen, fueron tres horas de una sesión destinada exclusivamente a una censura destinada a fracasar -el FA tiene mayoría en ambas cámaras- y cuya discusión reiteró los mismos conceptos que se habían manejado durante la interpelación de la semana pasada. Entonces, ¿qué ganaba la oposición presentando una moción para la que ya sabía que no tenía los votos y que obligó a destinar una jornada entera del plenario del Senado a su tratamiento? A priori, podría decirse que muy poco, porque el fin para el que fue propuesta estuvo lejos de cumplirse: el ministro sigue en su cargo, además de que el miércoles en la interpelación el Frente Amplio también logró que se aprobara el apoyo a su gestión y la del gobierno en políticas de seguridad pública.

Sin embargo, para los legisladores blancos, colorados e independientes fue una posibilidad más de poner sobre la mesa su rechazo a la gestión de Bonomi y dejarle claro a la población –a la que bastante le preocupan los temas de seguridads- que seguirán intentando poner al ministro entre la espada y la pared hasta que haga un mínimo de autocrítica. "Hoy quedó claro quiénes son responsables de la inseguridad y quienes censuramos al gobierno por su incapacidad de defender y proteger a los uruguayos. La inseguridad es un problema institucional grave que afecta libertades, garantías individuales y derechos humanos", escribió a modo de reflexión en su cuenta de Twitter el senador blanco Javier García, una vez finalizada la sesión.

Durante el plenario, su colega colorado José Amorín fue incluso más claro en su insistencia: "Tiene nueve interpelaciones y va a tener más. Nosotros vamos a votar la censura y la vamos a votar todas las veces que sea necesario aunque sepamos que no tenemos la mayoría. La vamos a votar para decirle que hay una parte importante de la población que no está conforme" y agregó a su alocución el ya clásico "el ministerio ha fracasado".

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La censura propuesta no fue otra cosa que "un legítimo juego político de seguir presionando al gobierno en sus flancos más débiles, y del gobierno y el oficialismo defendiéndose", según dijo a El Observador Rafael Porzecanski, director de Opinión Pública y Estudios Sociales de Opción Consultores. "Aunque la oposición sepa que es una batalla perdida, de todas formas el tema sigue estando sobre la mesa, la imagen del ministro -que tiene niveles de desaprobación bastante altos- sigue estando en el tapete, y eso es un poco la lógica", indicó.

Una lectura similar hizo el politólogo Antonio Cardarello, quien afirmó que "es una manera de tener siempre el tema en la agenda". De todos modos, eso no implica que tratar la seguridad pública en dos sesiones consecutivas del Senado ayude a la oposición a ganar votos, pero sí de dejar nuevamente la postura que tiene sobre esos asuntos, que son de los de mayor preocupación de la opinión pública.

El pedido de censura fue presentado de acuerdo a lo que dispone la Constitución, que en su artículo 147 indica: "cualquiera de las cámaras podrá juzgar la gestión de los ministros de Estado, proponiendo que la Asamblea General, en sesión de ambas cámaras, declare que se censuran sus actos de administración o de gobierno".

En la sesión de este miércoles no faltaron las críticas oficialistas a Bordaberry como miembro interpelante y a Bonomi por haber iniciado sus respuestas a la interpelación con una ironía, al repetir varias veces la palabra "despedida", al referirse a que quien lo interpelaba ya anunció que se retira de la política.

Fueron casi 12 horas el miércoles 18 recordando estadísticas que nadie quisiera integrar. A esos números negros se le sumaron tres horas más este martes de acusaciones de la oposición de violaciones a los derechos humanos y del oficialismo de recordar que no todo tiempo pasado fue mejor con la lectura de viejos titulares de diarios y cuestionamientos a políticas de seguridad de gobiernos blancos y colorados.

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