Hasta un millón de personas viven en los subsuelos de China, en túneles, caños, alcantarillas, según un informe que Javier Espinosa publica en el diario El Mundo.
L os habitantes de estas catacumbas comparten una cocina, un lavabo y dos retretes - agujeros en el suelo anegados por las defecaciones- que usan a la vez como duchas.
Las paredes y el suelo de las zonas comunes son un compendio de mugre y pringue incrustada en el cemento, dice el cronista español
“El dormitorio de Zhao es un recinto de poco más de cinco metros cuadrados. La cama ocupa una tercera parte. Tan sólo le queda espacio para dos pequeñas mesillas -donde se apilan desde el secador a un hornillo que usa para cocinar- y varias cajas de zapatos que utiliza para guardar la ropa. Ha colgado las bragas del mismo cable que le conecta a internet”.
"Sí, pagamos 60 yuan (casi 10 euros) por internet y otros 60 por tener agua caliente. Por la habitación son 700 (poco más de 100 euros)", aclara.
Sus vecinos han puesto a secar la ropa en las canalizaciones que entrecruzan los corredores”, dice la nota.
"Es muy difícil que se seque. Siempre está húmedo y huele a moho", afirma Wang Xiaoxing, una de sus vecinas. Ella ocupa la habitación número 36 de las 40 que se extienden por este subterráneo.
Wang admite que vivir en estas condiciones es "insoportable". "Yo tengo suerte, estudio gestión de hoteles en un hotel cercano y puedo ducharme allí", afirmó.
"Es muy deprimente vivir aquí", admite la joven de 21 años, nativa de la isla de Hainan.
Ella vivienda Pekín representa 13,3 veces el sueldo medio chino. El Banco Mundial establece un límite de cinco a uno.
Los datos oficiales hablan de 280.000 shuzu, pero los expertos multiplican esa cantidad varias veces hasta llegar a dos millones.
"Hay un ingente negocio inmobiliario ahí abajo. Todavía hoy cada edificio que se construye debe contar con su refugio antiaéreo", dijo Annete Kim, una profesora de la Universidad de California del Sur, que realizó un estudio sobre esta comunidad a partir del 2012.