Opinión > EDITORIAL

Un triste deterioro social

Sin grandes cambios, la delincuencia seguirá

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27 de marzo de 2019 a las 05:04

El histórico aumento de la violencia criminal en 2018, que reflejan las estadísticas de los delitos que el lunes 25 difundió el Ministerio del Interior, es la prueba más flagrante del deterioro del bienestar social del país, además del rotundo fracaso de las políticas de seguridad del gobierno de Tabaré Vázquez, cuya reacción en estas horas no ha estado a la altura de las circunstancias.  

Las rapiñas crecieron 53,8% en un año. Los 19.441 robos con violencia que hubo en 2017, treparon a 29.904 en 2018. En el mismo período, los homicidios subieron 45,8%. De 248 muertes se saltó a 414. Los hurtos aumentaron 25,6% y de 115.549 pasaron a 145.161.   

La respuesta del ministro del Interior, Eduardo Bonomi no pudo haber sido peor. Pese a que reconoce que a esta altura es casi imposible cumplir con la promesa del presidente de una baja de 30% de los delitos, defiende su gestión con el argumento de que pudo evitar males mayores gracias al mejor equipamiento de la policía y al aumento de la tecnología de seguridad. Y ayer auguró que en tres meses los datos oficiales mostrarán “un ajuste” a la baja. 

Lo único cierto es que hace tiempo que las cifras oficiales muestran que los delitos van en aumento, particularmente durante la actual administración. Y no hay otra manera más transparente para medir los resultados de una gestión.

A principios de marzo nos referimos a la pobre discusión del sistema político sobre este problema acuciante, complejo y de largo aliento. 

Estudios internacionales demuestran que la inseguridad es el resultado de una combinación de múltiples factores: tráfico de drogas y el crimen organizado, sistemas judiciales y policiales débiles, la falta de oportunidades y apoyo a los jóvenes de hogares desfavorecidos, muchos de ellos desertores de un sistema educativo de baja calidad.

Ya nadie cree que era posible revertir el problema solo con crecimiento económico, reducciones de la pobreza y de la desigualdad, y más empleo. La izquierda perdió mucho tiempo creyendo en eso. 

Aunque contribuye a combatir la delincuencia, tampoco el mejor armamento policial y más cámaras de seguridad, como argumenta superficialmente Bonomi, terminan definitivamente con las conductas criminales. 

Necesitamos una mejora en la policía y en la Justicia. Reformas de fondo en dos instituciones clave para enfrentar los actos delictivos. De nada sirve tener más equipamiento de seguridad, si los policías están mal preparados para combatir delitos en ascenso que vuelven inoperativos a los jueces y fiscales. Y tampoco habrá un desincentivo para delinquir si los ladrones entran por una puerta y salen por la otra.

Necesitamos repensar la gestión asistencialista del Ministerio de Desarrollo Social, otro fracaso del Frente Amplio. Y darse cuenta de una buena vez que es vital una reforma de la educación. 

Ya nadie puede argumentar que la gente vive con miedo por una sensación térmica. Los datos sombríos que exhibe sin mea culpa el Ministerio del Interior revelan una realidad que es mucho peor de lo que se pensaba. 

Sin cambios profundos, los delincuentes continuarán tan campantes como ahora. Un estudio del Banco Mundial demuestra que “la tasa de criminalidad de hoy es un fuerte predictor de la de mañana.” Es que el delito “es contagioso”. 

 

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