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23 de abril 2024 - 14:08hs

Ernesto Fernández Polcuch – Director de la Oficina Regional UNESCO Montevideo

Guillermo Anlló - Especialista Regional en Ciencia, Tecnología e Innovación de la Oficina Regional UNESCO Montevideo

Ver una película que nos guste un viernes a la noche ya no depende de lo que nos recomiende quien atiende el videoclub (¡qué antigüedad!), ni de lo que nos diga la crítica del diario. Si optamos por ir al cine, tampoco tenemos que pensar mucho qué camino tomar para no llegar tarde, acá también los algoritmos de las aplicaciones toman decisiones por nosotros. Si para completar la salida, queremos disfrutar una hamburguesa de carne, esta no necesariamente tiene que provenir de un ser vivo, ya la carne se puede “cultivar” en un laboratorio. Y si toda la experiencia nos dejara algún tipo de trauma, los avances en las neurotecnologías nos permitirían -quizás en un futuro no muy lejano- superarlo en un par de sesiones usando algún dispositivo para borrar los malos recuerdos.

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Si además tenemos en cuenta, por ejemplo, que las caravanas en cada vacuno uruguayo permiten garantizar la calidad de la carne (con trazabilidad) y obtener mejores precios en mercados internacionales, y que la exportación de “bienes y servicios intensivos en conocimiento” ya representa algo más del 20% del total de las exportaciones del Uruguay, quedan pocas dudas acerca de que la ciencia y la tecnología son esenciales para el futuro del país. Por ende, deben tener un rol fundamental en cualquier estrategia que permita a Uruguay dar el salto a ese desarrollo sostenible tan buscado, tanto para “gozar de los beneficios de la ciencia”, como sostiene la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como para enfrentar los actuales y potenciales peligros que las nuevas realidades pueden implicar para las personas y el planeta.

Desde ONU Uruguay nos hemos propuesto contribuir al pensamiento a largo y mediano plazo con el ciclo de “Diálogos del Futuro”, un espacio de intercambio en colectivo sobre las oportunidades y desafíos que enfrenta el país para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030. Recientemente, en el conversatorio sobre el futuro de Uruguay en materia de ciencia y tecnología, pudimos tomar nota del panorama heterogéneo que se presenta -a partir de indicadores comparativos- tanto en América Latina como en el propio país y visibilizar avances, oportunidades y también complejos desafíos.

Pareciera existir un acuerdo entre los distintos sectores involucrados (como el sector político, las universidades, la propia comunidad de investigación, incluyendo jóvenes investigadoras e investigadores, o las empresas de base tecnológica),acerca de la necesidad de aumentar la inversión en ciencia y tecnología. Aún con la reciente buena noticia del aumento del esfuerzo de Uruguay en investigación y desarrollo (I+D) al 0,6% del PIB, este indicador sigue por debajo no solamente de los estándares propuestos en el plano internacional (desde el 1% acordado globalmente desde los años 70 hasta el 3% fijado como meta por la Unión Europea en 2002), sino también de países como Brasil (1,17%) o España (1,43%), o del mismo 1% del “Acuerdo Nacional de Investigación e Innovación en Ciencia y Tecnología” de 2014, promovido por la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay y firmado por los entonces candidatos a presidente de todos los partidos.

También habría consenso en cuanto a la importancia de aumentar en forma equilibrada, tanto la inversión del sector público, como del privado, considerando la experiencia internacional que muestra que los países que más invierten en CyT lo hacen con un fuerte apoyo del Estado, pero con una participación equivalente o mayor del sector empresarial. Los nuevos datos nos muestran una tendencia en este sentido, y la existencia de importantes empresas estatales en Uruguay podría ser una oportunidad para encontrar una ruta complementaria, aún poco explorada. La inversión privada en ciencia, tecnología e innovación, facilitada e incentivada a través de políticas públicas, es necesariamente el camino principal para que los resultados de la investigación y desarrollo se incorporen al proceso productivo en la forma de nuevos productos, procesos o servicios -es decir, innovaciones- que aumenten el empleo e impulsen la economía en su conjunto. A su vez, los desafíos de la sostenibilidad en el marco de la triple crisis planetaria (cambio climático, biodiversidad, contaminación) requieren de las empresas esfuerzos novedosos y basados en ciencia para conservar sus posiciones, pero también para acceder a mercados cada vez más exigentes, como el caso de la Unión Europea. La ciencia y la tecnología, en este sentido, son también herramientas para romper las barreras para-arancelarias y acercar Uruguay a las nuevas dinámicas del comercio internacional.

Para avanzar hacia un cambio sustantivo en Uruguay, es fundamental construir un consenso en la sociedad que permita realmente apalancar este cambio. ¿Está listo el país para transformarse en una sociedad del conocimiento y dar ese salto hacia el desarrollo que parece estar al alcance de nuestra mano? La pandemia nos proporcionó el ejemplo del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH), un instrumento que no solamente contribuyó, con conocimiento de punta, a la toma de decisiones políticas, sino que cimentó un vínculo entre ciencia, política y sociedad. La ciencia dejó de ser un asunto meramente de las científicas y los científicos (en Uruguay tenemos un alto índice de paridad de género en ciencia), para estar en el centro de las políticas públicas, y en las conversaciones de sobremesa de cada asado o merienda familiar. PCR vs. Antígeno, Virus vs. Bacteria, ARN vs. Proteína, la dicotomía científica parecía reemplazar la futbolística ante la sequía deportiva.

La UNESCO viene promoviendo desde sus inicios la importancia de generar un acercamiento entre ciencia y sociedad, como respuesta a los desafíos que el progreso de la propia ciencia y tecnología generan, y como sinergia positiva para establecer un sendero de desarrollo sostenible. Estas ideas hoy toman fuerza a partir del concepto de Ciencia Abierta. Una ciencia abierta lo es hacia adentro de la ciencia, a través de publicaciones, datos e infraestructura de acceso abierto, pero sobre todo hacia “afuera” de la ciencia. Una ciencia abierta a la sociedad, que haga de la comunicación una práctica habitual, del diálogo y de la participación social una herramienta para elegir caminos y prioridades, y sobre todo producir una mejor ciencia. Una ciencia abierta es también abierta a la diversidad, a las minorías y comprometida con la equidad de género. Una ciencia abierta es, por lo tanto, una ciencia ética, que respeta y tiene en cuenta las implicaciones éticas de la investigación, el desarrollo tecnológico y su impacto en la sociedad, promoviendo valores como la dignidad, la integridad, la diversidad, la responsabilidad y el respeto hacia los derechos humanos y el medio ambiente.

Esperamos que estos “Diálogos del Futuro” sirvan para reforzar este vínculo entre ciencia y sociedad, y en especial renovar el compromiso de toda la sociedad uruguaya con la ciencia, la tecnología y la innovación como una herramienta fundamental para el salto hacia el desarrollo.

Temas:

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