Agro > TRIBUNA / LUIS ROMERO ÁLVAREZ

Una gran estancia

"El problema está del portón de la empresa hacia afuera"

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13 de septiembre de 2019 a las 05:03

Por Luis Romero Álvarez, especial para El Observador

 

El doctor Jorge Batlle con acierto decía: “La vaca les gana”. Y era cierto: la vaca les gana usando tiempo, lluvia, horas de sol y el pasto que la naturaleza produce sola. Pero la vaca pierde contra el churrasco servido con arroz en una bandeja para los pasajeros de las aerolíneas. La vaca gana porque usa mucho de insumos que no tienen costo ni impuestos (todavía) como la lluvia, las horas de sol o el paso del tiempo. El churrasco pierde porque allí se trata básicamente de aplicar trabajo uruguayo a un producto natural uruguayo.

Lo mismo sucede en la agricultura, porque exportamos los granos como vienen del campo en vez de hacer aceite, galletitas o comidas elaboradas.

Para entender la dimensión de nuestro rezago y concomitante fracaso basta pensar que el segundo mayor exportador mundial de productos del agro (en dólares, no en toneladas) después de Estados Unidos es Holanda, un país que ocupa un área como las de Tacuarembó y Rivera… claro, Holanda exporta el trigo como galletitas para diabéticos en cajitas de lata decoradas por artistas notables; eso es agregar valor.

Entonces, cabe la pregunta: ¿y por qué nosotros no? Hay una tendencia en opinadores de izquierda (quienes jamás pagaron una quincena ni produjeron un kilo de nada) en expresar que el problema está del lado del empresario. En esa línea va la sugerencia a nuestros heroicos arroceros para que “mejoren su productividad”, sin considerar que ellos son los arroceros más productivos del mundo.

La misma reflexión se escucha una y otra vez, bajo distintos mensajes: “Hay que agregar valor“; “Hay que cambiar la matriz productiva”, etcétera, etcétera.

Siempre la misma raíz: los empresarios, burros, inútiles y algo sinvergüenzas, perjudican al país porque no se encargan de hacer lo que a toda la sociedad le convendría mucho, agregar trabajo uruguayo a las exportaciones uruguayas.

Los que se expresan así o ya entendieron todo y actúan con mucha mala fe o no entendieron nada y opinan al nivel del filósofo de bar.

Todos estamos totalmente de acuerdo en que a la sociedad le sirve y, es más, necesita desesperadamente incorporar trabajo uruguayo en las exportaciones.

Pero, ¿por qué exportamos la vaca en pie o apenas cortada en pedazos, por qué exportamos el grano a granel, por qué exportamos la mejor madera en troncos sin pasar por una sierra siquiera, etcétera, etcétera?

La respuesta es que eso no sucede por culpa de los empresarios, sino a pesar de ellos.

Nuestros empresarios hacen esfuerzos ya difíciles de justificar para mantener sus empresas abiertas y sus puestos de trabajo operando.

 

El problema está del portón de la empresa hacia afuera. Es un problema sistémico y para atacarlo no sirve la respuesta que ha dado el gobierno de suministrar aspirinas a distintos subsectores.

 

El problema es muy grave: participan en las causas en primer lugar el atraso cambiario vigente durante años; los costos de la energía (diesel y electricidad) altísimos, los impuestos pesados y ciegos en gran proporción y además siempre crecientes en la realidad o en las amenazas; los temas laborales con trabajadores que han perdido el sentido de la responsabilidad, han quedado muy retrasados en su capacitación y productividad y son gobernados por sindicatos agresivos y cortoplacistas que no paran de reclamar más y más de forma prepotente.

Todavía a eso se le suma un Estado burocrático, enfermo de ansias reguladoras y controladoras, que en todo se mete, todo interviene, supervisa, inspecciona y si lo consigue multa, pero que no consigue bajar aranceles en destinos importantes de nuestro comercio exterior.

En este marco, la realidad (no los empresarios) empuja al país hacia donde estamos yendo: extensificación a todo nivel, agrandar escala, bajar costos, parar avances tecnológicos y producir poco, en tiempos largos a costos mínimos.

Así, vamos hacia donde no queremos ir: transformar a Uruguay en una gran estancia cimarrona con 50.000 peones. Justo, justo, lo contrario de lo que precisamos. 

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