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25 de enero 2023 - 5:04hs

Uruguay avanza lento —demasiado lento— para alcanzar las metas educativas que se fijó. Un informe de Unesco publicado este martes, en el Día de la Educación, advierte que dos de cada tres países no están haciendo bien los deberes para cumplir con las metas quinquenales de finalización de la enseñanza obligatoria que se habían trazado (con la intención de cumplir en con el cuarto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030). Y Uruguay está dentro de los más rezagados.

Cuando acabe el quinquenio en curso —que para el caso uruguayo coincide con el fin de la actual administración—, el 75% de los jóvenes entre 21 y 23 años deberían haber egresado del bachillerato. Esa era la meta trazada. Pero según los últimos datos disponibles de la Encuesta Continua de Hogares, ese indicador todavía no supera siquiera el 50% de los jóvenes de esa edad. 

Es por eso que Unesco, en el informe publicado ayer, ubica a Uruguay entre los países de “progresos lentos” y que tienen menos de 25% de chances de cumplir con la meta fijada.

La culminación del bachillerato es una de las piedras en el zapato que arrastra la educación uruguaya, al punto que fue un latiguillo en la última campaña electoral entre quienes promocionaban una reforma de la enseñanza. Sucede que Uruguay no solo está rezagado frente a sí mismo —el indicador está planchado hace al menos tres décadas—, sino que fue quedando relegado frente al avance de sus pares de la región.

En este indicador, Perú está más de 40 puntos porcentuales por encima de Uruguay. Chile y Colombia más de 30 puntos por arriba. Ecuador, Argentina, Paraguay y Brasil entre 15 y 20 por encima.

La directora de Planificación Educativa de la ANEP, Adriana Aristimuño, reconoce que “es difícil que Uruguay alcance la meta (de finalización de la educación media superior que se había trazado para este quinquenio)”. Según la jerarca, el objetivo “ya era casi imposible de cumplirse” cuando se fijó, pero, considera, “es un deber ser que no debe bajarse para decir que se cumplió”.

La ley de Educación vigente establece que la enseñanza es obligatoria desde los cuatro años de edad hasta el término de la educación media (hasta el término del bachillerato). En ese sentido, Aristimuño dice que “buena parte de la necesidad de la transformación curricular consiste en llegar a la meta (de universalización del egreso del bachillerato) para 2030”.

Los cambios de reglamentos de evaluación y pasajes de grado —como los casos excepcionales de la pandemia— podrían acelerar el camino para el cumplimiento de la meta. Pero según las asambleas de docente, eso sería “hacerse trampa al Solitario” (engañarse como que mejora algo que, en realidad, no mejora).

Por eso Aristimuño prefiere usar ejemplos como los Centros María Espínola, en que los estudiantes cursan en institutos con planteles docentes más estables, en jornadas de tiempo extendido y con trabajos por proyectos. En el fondo, se busca que los alumnos estén motivados y eso decante en una permanencia en el sistema hasta su finalización.

El desafío

El presidente del Codicen, Robert Silva, participó de otro de los acontecimientos internacionales por el Día de la Educación. Estuvo en un encuentro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington y reconoció que “en Uruguay hemos llegado a la conclusión de que ha llegado el momento de tomar decisiones”.

En ese sentido, Silva explicó cuáles son las “habilidades para el siglo XXI” que Uruguay incorpora en su nueva currícula educativa (como pensamiento computacional o dominio comunicacional), y aclaró que “no basta con tener documentos (nuevos) para una transformación, sino que “hay que llevarlo a las aulas”. Por eso, dijo, ahora viene la etapa “más desafiante” de la reforma educativa: la puesta en marcha.

En el evento del BID, coincidieron los distintos ponentes internacionales, la educación cabalga entre reforzar las habilidades fundamentales (en lengua, ciencia y matemáticas), pero, a la vez, sumar esas nuevas habilidades del saber hacer que hoy demanda el mundo del trabajo.

Demetrios Marantis, director de Responsabilidad Corporativa del banco J.P. Morgan, el auspiciante del evento, citó que unos 50 millones de estudiantes de América Latina están tres años atrasados en los aprendizajes de ciencias, matemáticas y lectura frente al promedio de los países de la OCDE. Y eso los deja ya hoy día fuera del alcance de la cuarta parte de los empleos.

Ese escenario se agravaría si se tiene en cuenta que para cuando sea necesario el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en 2030, más de 375 millones de trabajadores deberán reinventarse porque sus tareas desaparecerán tal cual se conocen hoy.

El cuarto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, a los que se comprometió Uruguay, reza: “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. Esas palabras edulcoradas significan, en la práctica, que exista un acceso igualitario a la universidad, la universalización del conocimiento de aritmética y alfabetización, la graduación masiva del bachillerato en tiempo y forma, entre otras siete metas asociadas.

El alemán Andreas Schleicher, conocido como “el padre de las pruebas PISA”, dijo en ese evento al que acudió Silva que “a diferencia de lo que ocurría antes, hoy hay muchos jóvenes que finalizan todos sus ciclos educativos, incluyendo la universidad, y no reciben una recompensa”. Y parte de ese problema, señaló, es que en los puestos laborales se está exigiendo qué se puede hacer con el conocimiento y no el tener el conocimiento sin saber usarlo.

Como ejemplo, dijo el padre de PISA, en las nuevas ediciones de las pruebas (que se hicieron el último año y cuyos resultados se prevén para diciembre) se hizo énfasis en resolución de problemas con mirada algorítmica. También habilidades socioemocionales y de trabajo colaborativo.

A su turno, Silva reconoció que la inequidad existente en el sistema educativo uruguayo, también se termina reflejando en los resultados en esas habilidades socioemocionales, lo que redunda en menos chances de esos niños y adolescentes de ser y llegar a ser.

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