El hecho de que el partido entre Ecuador y Uruguay por la segunda rueda de las Eliminatorias esté pactado en la penúltima fecha del clasificatorio desde que se votó el calendario de todos contra todos, genera espacios para que el choque siempre se presente cargado de una expectativa inusual. Por eso es un duelo que desde 2000 a la fecha tuvo de todo.
Y se desató lo peor en el fondo de la fila en un pasillo de 1,5 metros de ancho. “Comenzamos a salir y de pronto vinieron los insultos de los uruguayos –relató Burbano- y la verdad, me indigné porque siempre ellos han confundido la garra con la prepotencia. Así que respondí a la agresión aplaudiendo y gritando a nuestro favor. Abreu, otro grandote y el golero suplente de ellos nos rodearon y nos agredieron a Ibarra y a mí. Felizmente acudieron el capitán Luna y Milton Rodríguez, el preparador de arqueros, con lo cual se niveló al cosa”.
Inmediatamente actuó la Policía y pusieron a todos contra la pared. “Fue chistoso porque nuestras chompas (buzos de calentamiento) de color azul lucían completamente blancas, luego de permanecer pegados a la pared del túnel. Claro, ya en la banca, me di cuenta de que un hilillo de sangre caía desde mi cabeza producto de los zapatazos de Abreu”.
Dice un artículo publicado en la prensa ecuatoriana que Luna tuvo que apelar a sus conocimiento de artes marciales para controlar a Abreu, que se había calzado los zapatos de fútbol en las manos como si fueran guantes de boxeo.
Esa tarde Uruguay le ganó 4-0 a Ecuador. “Con Abreu quedaron saldos pendientes y le recordé que debía venir a Quito, en donde pelearíamos el segundo lugar”, agregó Luna.
La revancha estaba a la vuelta de la esquina. Uruguay debía ir a Quito, “en donde pelearíamos el segundo round”, agregó.
Pacto de no agresión en 2001
En la revancha en Quito por las Eliminatorias del Mundial 2002 todo transcurrió normal, a pesar de que los ecuatorianos involucrados en el enfrentamiento habían alimentando el espíritu de revancha. Luna recordó que recibieron a Uruguay sin asperezas. Incluso, en ese momento, el 7 de noviembre de 2001, el episodio del Centenario era poco conocido. Recién después de la clasificación Burbano reveló lo que había sucedido un año atrás. Para el ex futbolista, aquel pasaje al Mundial “fue la mejor revancha (contra Uruguay) para nosotros, pues se hizo justicia”.
Increíblemente, después de lo que había sucedido una rueda antes en las Eliminatorias, en el campo del Atahualpa no hubo revancha sino pacto de no agresión. Quedaban 10 minutos del partido que igualaban 1-1 Uruguay y Ecuador en Quito y se registró un tiro libre cerca del banco de Ecuador.
Bolillo Gómez, el colombiano que en ese momento dirigía a la tricolor, se acercó a Álvaro Recoba, que iba a ejecutar el remate, y le dijo: “Vea hermano, vamos empatando 1-1, dejémonos de vainas. El empate nos sirve a los dos. No se afane este rato”, relató Luna. –“Tranquilo profe”–, le respondió Recoba.
Cuando el Chino puso en movimiento la pelota, en lugar de mandarla hacia delante tocó para el costado, de banda a banda, y quedó sellada la clasificación de Ecuador y Uruguay dio el paso que necesitaba para consolidarse quinto en la tabla.
Dos meses después, Uruguay le ganaría el repechaje a Australia y clasificaría al Mundial de Corea y Japón.
“Allí nos olvidamos de todo, estábamos en el Mundial y lo del Centenario quedó como una anécdota”, recordó Luna. Hoy la historia es diferente. Los dos necesitan ganar, no hay términos medios ni pactos de amigos. La victoria es la única alternativa que tienen ambos para pelear el cuarto puesto en la tabla de posiciones.
En 2009, provocaciones
La última vez que Uruguay llegó a Quito, en 2009, el día previo al partido, una de las conductoras de uno de los programas matinales de televisión vociferaba casi con grito tribunero: “No tenemos que dejarlos entrenar en el Estadio. Ellos no nos permitieron hacerlo cuando jugamos el último partido en Uruguay. Hay que cerrarles las puertas”, insistía una y otra vez en tono desafiante.