The Sótano > OPINIÓN

Uruguay visto por los chilenos

La historia reciente ha creado un nuevo clásico continental en una cancha de fútbol

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24 de junio de 2019 a las 13:59

Anoche me preguntaba un amigo chileno cuál era el origen de mi cariño por su país. Las respuestas pueden ser varias, incluso podría inventar alguna otra, pues este tipo de ocasión siempre lo amerita. En verdad, la racionalidad aplicada a una respuesta concreta puede responder a tres causas, una muy fácil de articular, que es la primera de todas: siempre que vengo a Chile me siento bien, y aquí tengo muchos amigos queridos. Hay otras dos.

También, y es muy importante: porque he creído, sigo creyendo, y continuaré sosteniendo que el Cono Sur, de oeste a este y viceversa, es la cuna de la modernidad cultural hispanoamericana, donde se originó un pensamiento imaginativo, liberal y continental, y que viene desde bastante antes, desde la fundación misma de las independencias nacionales. En Chile, Andrés Bello, venezolano de nacimiento, fundó una universidad modelo y escribió una literatura con afán inaugural que abrió las puertas para que otros, las nuevas generaciones de 'independizados', pudieran decir y escribir con libertad mental, a la altura de las ideas cuando vienen acompañadas de pensamiento crítico. 

En Santiago, en el barrio Yungay, Domingo Faustino Sarmiento, escribió gran parte de Facundo, y en un diario chileno -¡a principios de la década de 1830, increíble!-, se publicó la primera traducción (la hizo Bello), de un artículo de Charles Darwin, quien pasó dos años investigando en territorio chileno.  En Chile se tradujo por primera vez un libro fundamental de Stuart Mill, conocido en castellano como La esclavitud de las mujeres, y publicado no mucho tiempo después de la edición inglesa original de 1869. Y si quieren podria seguir, pues los ejemplos ilustrativos al respecto sobran. La riqueza intelectual de la época es, en varios aspectos, sorprendente.

El siglo XIX chileno, argentino y uruguayo es, desde el punto de vista literario, fenomenal, y no me canso de repetirlo, porque ahí está la base de todo lo bueno que hemos sido, somos y aun podemos llegar a ser. De alguna forma hgabría que impedir que los políticos se olviden de eso que es nada menos que nuestro origen y destino.

 Pero hay otra razón de fondo, nada circunstancial, para justificar, aunque no sé si ‘justificar’ sea el verbo correcto, mi cariño hacia Chile. En este país se originaron tres de los momentos de mayor felicidad de mi vida, los tres asociados al fútbol y en particular, a dos colores gloriosos que llevo estampados en el corazón. En Chile, Peñarol salió tres veces campeón de la Copa Libertadores. En el histórico, inolvidable y épico partido contra River Plate argentino, el del 4-2 de 1966, ganado según Carlos Solé, “a lo macho” (aunque se jugó muy bien); el de 1982, contra Cobreloa en Calama, con aquel gol de Fernando Morena cuando expiraba el partido y la hinchada se preparaba para viajar a Buenos Aires a ver el tercer y definitivo partido; y, además, el que quizá sea el triunfo de mayor poderío emocional en la historia de los clubes uruguayos en partidos de Libertadores, contra el América de Cali, cuando Diego Aguirre entró al santoral aurinegro, podio sagrado del cual nada nunca podrá bajarlo, con aquel gol cuya magia tiene hoy vigencia superior a la 1987. Ahora es un momento mítico, salvado del tiempo.

Y no solo eso, también en Chile la selección uruguaya consiguió resultados con fragancia a gloria instantánea, en partidos clave por la clasificatoria a algún mundial de fútbol. El empate a cero en el estadio Nacional de Santiago contra la roja chilena, el 13 de julio de 1969, prácticamente decretó la clasificación de Uruguay al mundial de México 1970, en el cual, con un poco de fortuna mejor, podríamos haber llegado a la final. Fenomenal, por la forma cómo venía jugando la celeste, fue el triunfo de visitante, 1-0, el primero en la historia de los duelos entres ambas selecciones, conseguido por la celeste el 24 de abril del 2001 en la capital chilena. Gracias a ese triunfo, que en lo previo pocos uruguayos consideraban posible, fuimos al mundial de Corea-Japón 2002.

Nuevamente, Uruguay y Chile vuelven a enfrentarse en una cancha. Es solo otro partido de fútbol. Sin embargo, en base a datos de realidades recientes, sobre todo por lo ocurrido en la Copa América disputada en Chile y al incidente Jara-Cavani, el partido entre ambas selecciones se ha transformado en algo así como en un nuevo clásico continental.  En la televisión chilena no paran de hablar de Uruguay, casi siempre en tono elogioso, y horas atrás el técnico de la selección roja, Reinaldo Rueda, dijo que Uruguay es el mejor equipo del campeonato. No sé si realmente lo crea, pero lo dijo. Para los seguidores de la roja, también el “nuevo clásico” es un imán poderoso. Se calcula que unos 30 mil chilenos estarán presentes en Maracaná. Sí, claro, es solo otro partido de fútbol, pero cuando juegan entre sí selecciones sudamericanas, no es nunca “otro partido más”, es que no puede serlo.

El proceso, en mi opinión exitoso y con sólido futuro, iniciado por Tabárez en 2006, le ha dado a la celeste una “marca país”, algo que no se obtiene de un día para otro. Convendría no olvidarlo. Ahí les dejo para que vean, un segmento del prestigioso programa televisivo, “Todos somos técnicos”, que emite el canal chileno CDF. Más que un comentario deportivo, es uno cultural, emitido con respeto y cierta cuota de velado elogio, lo cual se agradece.

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