31 de mayo de 2012 19:12 hs

El niño Germán Arrúa fue el primer escolar que, en una fría tarde de mayo de 2007 en la casi desconocida Villa Cardal, recibió una Ceibalita de manos del entonces presidente Tabaré Vázquez. Ya pisando la adolescencia, y despojado de la túnica y la moña para vestir su uniforme de liceo, Arrúa fue ayer el improvisado maestro de ceremonia durante el acto en el cual se celebraron los primeros cinco años de la puesta en marcha del Plan Ceibal, una experiencia que ha logrado que el nombre de ese perdido pueblito de Florida haya trascendido fronteras gracias a la multiplicación de las pequeñas computadoras verdiblancas.

“Gracias por estar de nuevo. Yo tenía ocho años cuando usted estuvo acá y me entregó mi ceibalita”, dijo Arrúa dirigiéndose directamente a Vázquez quien lo escuchaba sentado en primera fila.
Al igual que el precoz experto en el manejo de la XO, buena parte de los asistentes a la escuela 24 de Villa Cardal eligieron fijar su atención en el ex mandatario pese a que allí también estaban presentes el presidente José Mujica y algunos de los principales jerarcas del gobierno.

Y la elección no es antojadiza. Porque Vázquez no solo es la cara más representativa del Plan Ceibal. Es también el casi seguro futuro candidato a la presidencia de la República en representación del Frente Amplio y por tanto, a medida que pase el tiempo, su opinión tendrá igual o mayor peso que las más importante figura de la actual administración.
Ayer Vázquez y Mujica llegaron por separado y casi simultáneamente a la escuela de Villa Cardal y, puestos a elegir, los periodistas optaron por corretear hacia el lugar en el que el ex presidente se acercaba lentamente acompañado por su secretario personal Eduardo Bandeira. “Es evidente el impacto que a nivel social y cultural ha tenido el Plan Ceibal pero todavía tiene enormes posibilidades de expansión. Y a nivel internacional es la marca en el orillo de nuestro país”, declaró Vázquez.

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Cuando se le preguntó acerca de aquellos que oponían a la implementación del plan -desde el gremio docente se llegó a catalogar a las computadoras como “los chupetes azules del capitalismo”- respondió que la experiencia demostró que estaban equivocados. “Este es un sello de todos los uruguayos, es una política de Estado”, insistió,
Inevitablemente, un periodista le preguntó si su presencia en la escuela de Villa Cardal podía ser considerada como una “actividad política”. “Sí, si quiere interpretarlo como una actividad política, sí. Político en los términos aristotélicos de relacionamiento de la sociedad. No es una actividad partidaria. Lo otro está tranquilo, en calma”, respondió aludiendo a su futura candidatura presidencial.

El pensador griego Aristóteles abordaba la política como se aborda una filosofía que abarca a todos los asuntos humanos. Pero, volviendo a Vázquez, como para dejar claro que sigue de cerca las peripecias de su fuerza política, opinó sobre las recientes elecciones internas del Frente Amplio. “Estoy conforme con la participación. Se hicieron fuera del contexto electoral en donde hay un clima preparado para estas cosas. Me parece que haber logrado más de 170 mil votos es muy positivo”, dijo el líder político. E, incluso, sin que nadie le preguntara, opinó sobre la interna del Partido Nacional. “También me parece positivo que en las elecciones de la juventud nacionalista hayan ido más de 45 mil personas a votar”, dijo.
Un nuevo planisferio
Además de Vázquez, las ceibalitas y sus pequeños usuarios fueron principales protagonistas en el mediodía de Villa Cardal. El director de la escuela 24, Marcel Gallaín, dijo a El Observador que las ceibalistas son tan importantes para entender el mundo como lo es un globo terráqueo o un planisferio.
También contó que, cada tanto, algún chiquilín es llevado al despacho del director “pero no porque se porte mal” sino para dar una mano en el manejo de las computadoras. Computadoras que resultan territorio reconocido para las manos escolares. No en vano el presidente del Plan Ceibal, Miguel Brechner, tuvo que pedirle a dos niños de no más de seis años vestidos de túnica, que ayudaran a Mujica y a Vázquez a abrir unas ceibalitas que les habían obsequiado.

Por otra parte, en un video emitido en una pantalla gigante, se pudieron ver imágenes grabadas cinco años atrás en la que Vázquez aparece entregándole ceibalitas a niños que, un lustro después, cuentan como le enseñaron a sus padres a usarla para fines tan disímiles como leer un cuento o aprender un nuevo punto de tejido.
En primera fila y cinco años más viejo, el ex presidente Vázquez fue el único de los presentes que no aplaudió tras la proyección del video. Tal vez fue la emoción la que lo obligó a dejar sus manos sobre la falda y mantener la mirada fija en la pantalla apagada. O, tal vez, creyó inconveniente aplaudirse a sí mismo

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