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Virus en cerdos, virus en humanos

El impulso que dio la fiebre porcina a la carne local se difumina

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02 de febrero de 2020 a las 05:00

Un año atrás irrumpió un virus en China y le dio una gran mano a la ganadería uruguaya. La fiebre porcina africana avanzó dramáticamente y sin la disponibilidad de una vacuna, millones de cerdos han sido sacrificados en Asia, mientras que en los nueve países europeos en los que el virus está confirmado, cruzan los dedos para que no pase de los jabalíes a los cerdos que están en granjas. Aquí el Océano Atlántico nos ha mantenido al margen del problema.

En China y en cualquier parte, acumular miles y miles de animales en poco espacio y con dudosas condiciones de higiene es un grave riesgo, que derivó en epidemia y en el sacrificio de millones de animales. 

Los precios de la carne subieron, en un momento en que Uruguay tiene poco ganado disponible. Los frigoríficos pagaron altos precios para hacerse de materia prima y cumplir con sus clientes, algunos hasta poniendo en riesgo la sostenibilidad de sus negocios.

Los productores se vieron beneficiados por la valorización de sus haciendas, pero de nuevo, algunos compraron a muy alto precio ganado para ser engordado.

En noviembre los compradores chinos unilateralmente bajaron sus precios incluso revocando contratos firmados. Tal vez algo sabían de lo que se venía. Otro virus. Ahora es tremendamente incierto qué pueda pasar. Por lo pronto bajan los precios de las materias primas, las bolsas de valores, todos los indicadores. La economía mundial, con China paralizada se frenará también.

No deja de ser asombroso que un organismo tan minúsculo sea el que causa una disrupción tan grande. Cuando el filósofo Daniel Dennet visitó Uruguay en 2009, preguntó a la audiencia de su conferencia si los virus que infectaban a las computadoras eran seres vivos. La respuesta obvia fue que no.  Pero entonces preguntó, los virus que nos causan gripe ¿sí lo son? ¿cuál es la diferencia?

La discusión sobre si los virus son vida  o no, es en parte semántica. Desde la biología no tiene una respuesta clara. Son organismos tan simples y mínimos que no está claro que deba considerárselos como parte del árbol evolutivo.

Una hebra de ácidos ribonucleicos recubierta por una membrana que ni siquiera se reproduce por sí misma. Un algoritmo programado para invadir otras células, hackearlas y que repliquen su información. Y así sucesivamente.

Pero los virus sí evolucionan. Y estamos viendo dramáticamente su evolución. A cada pocos años surge una versión nueva, más habilidosa para infectar, contagiarse y esquivar los controles hasta que aparece la vacuna correspondiente. Un estudio publicado en la revista inglesa The Lancet estima que saltó hace muy poco a los humanos ya que las distintas cepas que se analizan son iguales entre sí a un 99,98%. Todavía no han mutado demasiado. En cambio su similitud con el SARS (el síndrome respiratorio agudo surgido en el sur de Asia en 2003) es de 79% y es de solo 50% con el MERS, que surgió en Arabia Saudí en 2012.

Este nuevo coronavirus tiene una estrategia sofisticada para tener éxito: ser sumamente contagioso y demorar lo más posible antes de generar síntomas. Es un minúsculo algoritmo y nada más, pero parece ser un estratega –como el de la fiebre de los cerdos– para arreglárselas en este mundo en el que la medicina tiene armas científicas cada vez más potentes.

Según un informe de Reuters, ante sucesos extremos las bolsas de valores caen pero no tanto como antes. Y  esto por una razón peculiar y futurista. Los movimientos de las acciones de corto plazo los hacen en su casi totalidad robots traders. Y los robots no son tan emocionales como los humanos. Al conocerse una noticia así cuando los humanos eran los que compraban y vendían las acciones, el desbarranque hubiera sido mayor. Los robots son literalmente más fríos. Ni se disparó demasiado el petróleo con el asesinato de un alto mando militar iraní ni se desplomaron las bolsas tanto como se esperaba por el Corona virus.

Que un virus “asuste” menos a un robot que a un operador en bolsa –que se supone está experimentado y ha estudiado para ello–, es algo que igual genera inquietud. El algoritmo del virus y los algoritmos de estas máquinas artificialmente inteligentes que operan recibiendo más información de la que un cerebro humano podría captar, y decidiendo al respecto. Aun así el cierre de las bolsas de valores, el petróleo, las materias primas en general el viernes parece indicar que el efecto económico que se espera de esta situación es grave.

 El efecto para Uruguay será importante. No olvidaremos que fue también un virus, el de la aftosa, en gran medida el causante de la crisis económica de 2002. Se viene un sinceramiento de la economía uruguaya, que está endeble, que precisa un ajuste y que tiene a su principal comprador de productos enredado en un lio gigantesco.

El origen de este virus parecen ser los inmorales mercados de animales silvestres y domésticos que se apiñan esperando ser despellejados y tirados en un sartén. La hipótesis más probable de porqué irrumpió, apunta a los murciélagos que se usan para hacer sopas, en mercados donde se mezclan en jaulas ratas, serpientes, koalas, perros y donde se aplica la máxima de Martín Fierro: todo bicho que camina va a parar al asador. Clinck caja. Uno de los restaurantes del mercado donde se supone se originó se precia de ofrecer 100 tipos de carnes diferentes.

Si hay algo positivo a encontrar de esta noticia es que China ha prohibido el tráfico y la venta de animales silvestres, al menos hasta que termine la epidemia. La presión para que esa prohibición sea permanente ya ha comenzado y debe continuar. Acumular animales en poco espacio es un riesgo sanitario siempre. Acumularlas en condiciones poco higiénicas es un riesgo aumentado. Para exportar cualquier alimento a China hay que cumplir con protocolos tremendamente estrictos que contrastan con lo que hasta ahora ha sido su política interna, que una y otra vez ha generado problemas sanitarios gravísimos.  El comercio que hay en China de productos de animales silvestres como el polvo de cuerno de rinoceronte para obtener supuestos efectos afrodisíacos es una vergüenza. Finalmente el maltrato animal ha sido una catástrofe.

Uruguay se verá impactado. El año 2020, que parecía traer un cierto envión a la economía desde las exportaciones a China, gracias al virus de los cerdos, se ha transformado en todo incertidumbre, culpa del virus que afecta a los humanos.

A lo largo de este año veremos seguramente irrumpir las dos vacunas que vuelvan todo a una nueva normalidad. Y posiblemente nuevas reglas de juego para la producción interna de carne en China donde se  apliquen normas de higiene y restricciones a la venta de carnes locales que puedan consolidar a Uruguay como exportador de 2021 en adelante.

Los pilares de la competitividad en este siglo, es decir la inocuidad garantizada, la trazabilidad, el cuidado por el medio ambiente estarán más sólidos que nunca cuando pase esta tormenta. La tan cuestionada ganadería extensiva de Uruguay no tiene ese tipo de problemas y el respeto a la vida silvestre tiene beneficios que van más allá de lo ético y filosófico y que nunca se vieron tan claros en la práctica.

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