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El segundo año más caliente de la historia

Los negadores del cambio climático buscan argumentos para tapar el sol con la mano

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19 de enero de 2020 a las 05:00

Mientras discutimos si cayó a una piscina un cordero o un lechón y supuestos defensores de los animales se rasgan las vestiduras por una bobada puntaesteña, Australia sigue ardiendo, los negadores del cambio climático siguen buscando argumentos para tapar el tórrido sol con la mano y se conocieron nuevos datos objetivos que dan la pauta de la gravedad de la situación en la que la humanidad se va metiendo mes tras mes, año tras año, década tras década. Solo que ésta, la que termina en 2030, es la última, nos aseguran los científicos, que nos queda para frenar un proceso que puede arruinarle la vida a nuestros nietos.  Si va a la playa, alégrese como nunca si el agua está fría, porque los océanos están más calientes que nunca desde que se llevan registros, una señal más de que estamos en un gran lío. El calor del aire, a horarios razonables estará garantizado.

Vamos a los datos divulgados esta semana. El 2019 fue el segundo año más cálido desde que hay registros, informó la Organización Meteorológica Mundial. El promedio “normal” fue superado en 1,1º C. Los meteorólogos advierten que no debemos cruzar el 1,5º C. Pero ya es casi imposible frenar antes de esa referencia. El de 2019 no es un dato aislado. Los cinco años más calurosos desde que se llevan registros fueron los últimos cinco. Obviamente también la década pasada fue la más calurosa desde que hay registros. Negar el calentamiento global cuando se miran las series que ilustran la evolución de las temperaturas es casi imposible.

Más grave que la estadística del promedio es que la temperatura de los océanos globalmente está en ascenso acelerado. “Si nos fijamos en el contenido de calor del océano, 2019 es, con mucho, el más caluroso, 2018 es el segundo, 2017 es el tercero, 2015 es el cuarto y luego 2016 es el quinto”, dijo Kevin E. Trenberth, científico principal del Centro Nacional de Investigación atmosférica y autor del estudio, publicado en Advances in Atmospheric Sciences, y divulgado entre otros por el New York Times.

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Imaginemos lo que puede suceder si el aumento de la temperatura empieza a causar mortandad de peces.

Buena parte de la opinión pública que quedaba escéptica ha cambiado a partir de los mega incendios de Australia. Un fenómeno que ilustra otro aspecto particularmente problemático del fenómeno del calentamiento: más temperatura significa más incendios. Esos incendios significan la liberación de toneladas y toneladas de carbono y una liberación de calor. Es decir un fenómeno que se retroalimenta.

Otro aspecto interesante del caso  es que el gobierno de Australia es uno de los que se ha empeñado en negar el cambio climático. Australia es uno de los mayores productores de carbón del mundo, y la obsolescencia de la más nociva de las fuentes de energía podía no serle conveniente. Pero si para el mundo el 2019 fue el segundo más caluroso, para Australia en particular 2019 fue el año más caliente de la historia. Y eso trajo una factura que puede cambiar el equilibrio político.

Por su parte los servicios meteorológicos de EEUU (NOAA) divulgaron su informe sobre 2019, igualmente alarmante. Diciembre fue también el segundo diciembre más cálido desde 1850, cuando murió Artigas y cuando empieza a haber mediciones de temperatura. Pero además, van con diciembre 420 meses con temperatura superior a la normal del siglo XX. La última vez que hubo temperatura normal Uruguay estaba en dictadura. La anomalía de temperaturas fue 1,79º C sobre tierra y 0,77oC sobre las áreas acuáticas del planeta. Los datos no difieren mayormente de los de la Organización Meteorológica Mundial, pero vienen de un organismo estadounidense, cuyo gobierno lidera el negacionismo al cambio climático. El año que viene tendrán récord de producción de petróleo y la amistad con Arabia Saudí pareciera más importante que el clima mundial.

Pero por más fuerza que tengan los lobbys de la energías fósiles, la realidad puede más, y en Australia se empieza a procesar un cambio importante. Por eso es muy importante el pronunciamiento de la ministra australiana de Ciencias, Karen Andrews, quien llamó a dejar ideologías de lado y actuar para frenar la tendencia de ascensos de temperaturas que es ya inocultable.

“Cada segundo que pasamos hablando sobre si el clima está cambiando o no es un segundo que no estamos gastando en mirar estrategias de mitigación y adaptación”, dijo. La negación demora la solución. Ese es el problema.

“Realmente es hora de que todos se muevan hacia adelante y vean lo que vamos a hacer. La ciencia sobre el cambio climático es asunto saldado”, agregó. Su intervención se produjo a raíz de que la Oficina de Meteorología australiana confirmó que 2019 fue el año más caluroso y seco de Australia.

“No sigamos teniendo debates sobre el cambio climático. Aceptemos que el clima ha cambiado, está cambiando y tenemos que ver qué vamos a hacer al respecto”, sostuvo.

Esto es importante porque Australia hasta ahora ha seguido la política de bloquear los acuerdos sobre cambio climático en defensa de su industria del carbón. Si Australia cambia, el consenso mundial para enfrentar el calentamiento estará más cerca.

La postura de la ministra australiana debe ser vista como un criterio a seguir en Uruguay donde  todo se vuelve ideológico. Plantear, por ejemplo, al calentamiento como un problema “del capitalismo” no ayuda porque el socialismo no traerá la solución y esperar a la famosa caída del capitalismo para que el problema se resuelva sería un desastre.

Igualmente desastroso sería adjudicar la alarma respecto al calentamiento a algún tipo de conspiración izquierdista o estatista o al “lobby de los meteorólogos”. Es un problema de temperatura como lo es padecer fiebre porque en nuestro cuerpo está sucediendo algún problema. Debería ser fácil un consenso político para actuar basados en ciencia en bajar la fiebre planetaria.

Uruguay debe medir su balance de carbono, sumarse a los esfuerzos que Nueva Zelanda está llevando adelante para reducir la emisión de metano de la ganadería, enfatizar en los grandes culpables del problema, que son las energías fósiles  y la deforestación.

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Y de paso enfocarse en las oportunidades que este desafío abre. Las acciones de Tesla, la empresa vanguardia en autos eléctricos marcaron un récord esta semana y el valor de la empresa supera a Ford y General Motors juntos. Una señal de por donde irá la lógica empresarial en esta década que empieza. El que ayude a solucionar el problema tendrá premio. El que lo ignore, será ignorado. En Uruguay negar el cambio climático es un lujo que no podemos darnos y una oportunidad que no podemos desaprovechar. Para eso, debemos medir en qué medida estamos solucionando o agravando el problema. Y mostrarle al mundo un rincón inteligente, verde, que electrifica su transporte y hace una producción de alimentos racional es un proyecto hermoso para este siglo.

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