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Vivir sin miedo: lecciones y preguntas

Cuestionamientos que son necesarios formularse 

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27 de febrero de 2019 a las 05:04

El senador nacionalista Jorge Larrañaga presentó este lunes más de 400 mil firmas a la Asamblea General para promover una reforma de la constitución. La Corte Electoral, ahora, deberá revisar las firmas y, luego, convocar a un plebiscito en la “elección más inmediata” de acuerdo al texto constitucional (artículo 331, inciso A). La reforma puede ser vista como una apuesta decidida a liderar el mercado de la mano dura: allanamientos nocturnos (matiz: con autorización de la Justicia), creación de Guardia Nacional con efectivos militares, cumplimiento completo de las penas en casos de delitos graves y prisión perpetua para los delitos gravísimos (matiz: revisable a partir de los 30 años de reclusión).

El éxito de la campaña Vivir sin miedo deja lecciones importantes en el plano del análisis y dispara preguntas relativas a la competencia electoral de 2019. 

Primero, esto es Uruguay: no hay que subestimar nunca a un caudillo político. Larrañaga estaba debilitado, malherido y desgastado. Durante la fase previa al lanzamiento de esta campaña sufrió la escisión de un grupo de intendentes muy influyentes y de la senadora Verónica Alonso. El éxodo era un claro signo del resquebrajamiento de su liderazgo. No tuvo el apoyo de los demás referentes de la oposición. No le importó.

El éxito de la campaña Vivir sin miedo deja lecciones importantes en el plano del análisis y dispara preguntas relativas a la competencia electoral de 2019. 

Siguió para adelante. Sin embargo, contra viento y marea, logró reunir cientos de miles de firmas. Así son los caudillos. Así fueron siempre. Tozudos, empecinados, pertinaces. Baqueanos de la opinión pública, toda la vida andando entre la gente, sienten antes que otros enojos y necesidades de los electores. Dicho sea de paso: por eso cuesta tanto la renovación de liderazgos en Uruguay. Es que los políticos veteranos, los de más trayectoria, con muchas batallas ganadas y otras tantas perdidas, acumulan un conocimiento peculiar e intransferible. 
Segundo, así es el Uruguay en el que vivimos: el grado de fastidio de la ciudadanía con la delincuencia ha alcanzado niveles inusuales. Siempre hubo delincuencia. Hace al menos dos décadas que el sistema político uruguayo debate sobre las causas del delito: globalización, crisis económica, fractura social, corrupción policial, fracaso educativo, narcotráfico minorista y mayorista, conducción política del Ministerio del Interior, nuevo Código de Proceso Penal, etcétera.

Hace tiempo que discute también, y muy más intensamente, sobre cuáles son los mejores instrumentos legales para combatirlo. Más en concreto, todavía, se viene debatiendo desde los años de 1990 sobre si conviene o no endurecer las penas. Desde luego, forma parte de la polémica hasta qué punto el clima de enojo es consecuencia de la dinámica real de la criminalidad y hasta qué punto es una “construcción política” vía medios de comunicación. En cualquier caso, poco a poco, tantas gotas terminaron derramando el vaso. Si mi interpretación es correcta, el éxito de la campaña de Larrañaga es un testimonio clarísimo de un salto cualitativo, de un auténtico punto de inflexión en la bronca ciudadana. 

Pasemos de las lecciones a las preguntas. La primera, muy obvia, refiere a la competencia dentro del Partido Nacional. ¿En qué medida el éxito de esta campaña tendrá efecto en la disputa por la nominación presidencial en el PN? Dicho de otro modo: ¿cuál será, a la postre, la tasa de conversión de firmas de apoyo a la reforma constitucional en votos a Larrañaga? La respuesta no es evidente. Arriesgo mi hipótesis, y paso luego a matizarla: firmar por Vivir sin miedo y votar por el líder de esa campaña en junio son decisiones distintas. La experiencia de Pedro Bordaberry, hace cinco años, lleva agua al molino de esta interpretación. Bordaberry lideró en el mercado de la mano dura usando la estrategia de la reforma constitucional. Pero, en octubre, el Partido Colorado, retrocedió en vez de avanzar. El disgusto fue tan grande que Pedro optó por apartarse de la competencia electoral. El matiz: lo que sucedió hace cinco años no tiene por qué repetirse. La intensidad del malhumor del público aumentó. 

Mi segunda pregunta también refiere a las elecciones: ¿qué impacto tendrá la campaña Vivir sin miedo en la competencia entre partidos? Es sabido que Larrañaga no es el único dirigente político apostando fuerte al combate a la inseguridad. En ese mercado se viene destacando Edgardo Novick y su Partido de la Gente. Su eslogan “Tolerancia cero” está ocupando el primer plano en la vía pública, en las redes sociales y, desde hace poco, hasta en la televisión. Larrañaga y Novick compiten. Pero, en este momento, sus respectivas campañas se retroalimentan. Me pregunto qué pasará si Larrañaga no es nominado candidato presidencial por el Partido Nacional. Como resultará evidente, aunque siga promoviendo la reforma constitucional, la atención ciudadana estará puesta en los candidatos a la Presidencia.

Larrañaga perderá visibilidad. Sospecho que al menos una parte de lo que está sembrando ahora lo terminará cosechando –ceteris paribus– Novick en octubre.

Desde luego, los demás factores no tienen por qué permanecer constantes. Las campañas electores suelen obligar a los líderes a inflexiones discursivas. Esto me lleva a mi última pregunta. Dado que la consigna Vivir sin miedo ha sido un éxito y que Novick podría capitalizar lo que Larrañaga viene sembrando, cabe preguntarse si Luis Lacalle Pou, llegado el momento, no terminará modificando su posición en relación a la propuesta de reforma constitucional de su principal rival en la interna. En todo caso, me inclino a pensar que tanto la persistencia de Larrañaga (el insider) como la irrupción de Novick (el outsider) ya lo están colocando frente a un desafío delicado. 

Larrañaga perderá visibilidad. Sospecho que al menos una parte de lo que está sembrando ahora lo terminará cosechando –ceteris paribus– Novick en octubre.

 

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